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¿Qué sentido tiene alzar la voz ante la crisis climática si los cambios parecen avanzar demasiado lento? A las puertas de la COP 31, la Compañía de Jesús impulsa una campaña global que hace tres llamados fundamentales. En este texto, Omar Serrano nos presenta la campaña que, frente al deterioro ambiental y sus consecuencias sociales, recuerda que el escepticismo no puede ser motivo para guardar silencio ni renunciar a la acción.

A propósito de la próxima COP 31, la Compañía de Jesús impulsa la campaña global “Justicia Climática: Convirtiendo la Esperanza en Acción 2026”.  Aunque existe escepticismo en algunas personas sobre tratar de incidir en este espacio internacional, la crisis planetaria debido al cambio climático es tan grave, que lo peor es callarse y no hacer nada. Es cierto que quizá seamos una voz en el desierto, pero esa voz puede comenzar a escucharse y hacer ruido poco a poco.

¿Qué es la COP 31?

La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) es un compromiso internacional que fue adoptado en 1992 y firmado por 197 países del mundo, más que los estados miembros de la ONU que suman 193. Es decir, su alcance es prácticamente universal. Las reuniones de seguimiento a esta Convención Marco se llaman Conferencia de las Partes, conocidas como COP. La primera fue en 1995 y desde entonces se han tenido 30 y en noviembre próximo se tendrá la número 31 – la COP 31- en Turquía.

¿Por qué es importante participar en la COP?

Por dos razones. Por lo que representa el espacio y por la situación del planeta y de la humanidad. Por un lado, la COP convoca a naciones de todo el mundo para revisar, negociar y avanzar en la legislación y las iniciativas climáticas internacionales. Por ello representa una oportunidad no solo para compartir perspectivas, sino para abogar por una acción climática más decidida, que escuche la voz de todos y todas y que los gobiernos cumplan los compromisos que van adquiriendo. La COP 31 es fundamental para lograr avances internacionales frente a la crisis climática, como sucedió con el Acuerdo de París en el 2015.

Por otro lado, la situación socioambiental del mundo se sigue agravando. El citado Acuerdo de París, en vigencia desde hace 10 años y que es jurídicamente vinculante, se planteó como objetivo principal limitar el aumento del calentamiento global a 1.5°C para final del presente siglo, con respecto a niveles preindustriales (1,850 y 1,900). Lamentablemente, este objetivo no se ha cumplido. La evidencia científica confirma que 2025 fue el tercer año más caliente después de 2023 y 2024. En esos 3 años, por primera vez en la historia las temperaturas globales promediaron más de 1.5°C de aumento por encima de los niveles preindustriales. Es decir, el límite máximo que se planteó el Acuerdo de París ha sido superado ya. Urge hacer algo. Esta crisis climática está a la base de los impactos cada vez más duros por tormentas, sequías, inundaciones, que golpean sobre todo a comunidades de ingresos bajos y medios. A la vista se prevé una gran escasez de alimentos por la pérdida de cultivos.

Intentando hacer algo ante esta dramática situación, la Compañía de Jesús impulsa esta campaña en todo el mundo haciendo solo tres llamados, pero son fundamentales:

Primer llamado:  Es urgente establecer una ruta clara para la transición energética que sea justa, que no excluya a nadie y que reconozca que todos somos en alguna medida responsables de esta crisis, pero las responsabilidades son diferenciadas. El mundo no puede seguir utilizando las mismas fuentes de energía que están destruyendo el ambiente. Los combustibles fósiles (carbón, petróleo y el gas natural) generan más del 75% de todas las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Esta transición debe equilibrar la descarbonización con la protección de los derechos humanos, especialmente de los trabajadores de las industrias extractivas y energéticas, los migrantes forzados y las comunidades desplazadas, los campesinos y las comunidades indígenas, cuyas tierras albergan más de la mitad de los recursos minerales necesarios para la energía limpia. Exigimos metas claras con plazos definidos para eliminar gradualmente el carbón, el petróleo y el gas, esperando que los países desarrollados lideren este proceso para 2040.

Segundo llamado: Hay que aumentar el financiamiento para los países más vulnerables ambiental y socioeconómicamente, principalmente en forma de donaciones para que puedan hacer frente a los impactos del cambio climático evitando más cargas de deuda, que ya es muy pesada. En la actualidad, más de 3.300 millones de personas viven en países donde los gobiernos gastan más en el pago de la deuda que en servicios esenciales como la salud y la educación, como es el caso salvadoreño. La COP 30 del año pasado llamó a triplicar el financiamiento para la adaptación al cambio climático para 2035.  A la base de esta propuesta está la constatación de las pérdidas económicas y grandes impactos no económicos que están sufriendo los países más pobres, que no son precisamente los mayores contaminadores del planeta.

Tercer llamado: Construir sistemas alimentarios globales centrados en la soberanía alimentaria y las prácticas agroecológicas, fomentando métodos culturalmente adaptados de producción, procesamiento, distribución y consumo de alimentos. Los sistemas alimentarios actuales producen comida, pero dañan la tierra y al agua, es decir, debilitan lo que los hace posibles y representan aproximadamente una tercera parte de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Pero en el mundo, comunidades indígenas y campesinas demuestran que es posible producir alimentos cuidando la tierra, el agua y las semillas. La agroecología puede ayudar a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, la deforestación, las prácticas agrícolas insostenibles y la pérdida y el desperdicio de alimentos. Unos sistemas alimentarios más diversos, resilientes y adaptados localmente fortalecen la capacidad de las comunidades para enfrentar sequías, inundaciones, aumento de temperaturas y patrones cambiantes de lluvias, protegiendo los medios de vida y la seguridad alimentaria, especialmente de los pequeños agricultores, los pueblos indígenas, las mujeres, los pastores, los pescadores y las comunidades vulnerables.

Si quieres sumarte a la campaña aquí te dejo el link donde encontrarás los detalles de la misma y el formulario para suscribirla. Puedes compartirlo con otras personas también. El planeta lo necesita, la humanidad lo pide. 

Abajo encontrarás tres videos que explican de forma breve y clara los tres llamados de la Compañía.

1) Primer llamado: es urgente establecer una ruta clara para la transición energética. Disponible aquí.

2) Segundo llamado: Hay que aumentar el financiamiento para los países más vulnerables ambiental y socioeconómicamente. Disponible aquí.

3) Tercer llamado: Construir sistemas alimentarios globales centrados en la soberanía alimentaria y las prácticas agroecológicas. Disponible aquí.