Este 27 de septiembre celebraremos la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado que, en su 112° edición, pone el foco en los niños, niñas y adolescentes afectados por las dinámicas de migración forzada y desplazamientos. En sintonía con el lema que León XIV escogiera para este año, «Incluso uno solo de estos pequeños» (cf. Mt 18,10), la Red Jesuita con Migrantes Centroamérica (RJM-CA) nos invita a repasar el compromiso del servicio en nuestra región desde la misión de la iniciativa «Tejiendo Amaneceres» en Panamá y la Casa Myrna Mack, en Guatemala.
Por Red Jesuita con Migrantes Centroamérica (RJM-CA)
Cada año, la Iglesia celebra la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado para recordar que detrás de cada proceso migratorio existen rostros, historias, sueños y esperanzas que reclaman nuestra cercanía evangélica. Instituida por la Iglesia hace más de un siglo, esta jornada nos invita a renovar nuestra mirada sobre las personas desplazadas y refugiadas, promoviendo una cultura de acogida, protección, promoción e integración.
Para la 112.ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que se celebrará el 27 de septiembre de 2026, el papa León XIV ha escogido el lema: “Incluso uno solo de estos pequeños” (cf. Mt 18,10), poniendo en el centro de la reflexión a los niños, niñas y adolescentes afectados por la migración forzada y los desplazamientos humanos. El Santo Padre recuerda que, aunque se trate de una sola persona, su dignidad tiene un valor infinito y merece toda nuestra atención, cuidado y protección.
La niñez migrante: el rostro más vulnerable de la movilidad humana
El mensaje de esta jornada nos invita a detenernos ante una de las realidades más dolorosas de nuestro tiempo. Millones de niños, niñas y adolescentes se ven obligados a abandonar sus hogares a causa de la pobreza, la violencia, los conflictos armados, los desastres ambientales o la reunificación familiar. En el camino enfrentan riesgos como la separación de sus seres queridos, la explotación, la trata de personas y diversas formas de violencia que amenazan su desarrollo integral.
Ante esta realidad, Jesús nos ofrece una clave fundamental: reconocer en cada niño migrante la presencia misma de Dios. Cuando el Evangelio nos invita a no despreciar a “uno de estos pequeños”, nos está recordando que ninguna vida puede reducirse a cifras, estadísticas o debates políticos. Cada niño tiene un nombre, una historia y una vocación que merece ser acompañada.
Una misión que interpela a la Red Jesuita con Migrantes
Este llamado resuena con especial fuerza en la misión de la Red Jesuita con Migrantes de Centroamérica que desde hace años acompaña a personas en contextos de movilidad humana desde una perspectiva de derechos, hospitalidad y reconciliación.
El lema propuesto por el Papa constituye una invitación a renovar nuestro compromiso con la niñez migrante. No basta con reconocer su vulnerabilidad; estamos llamados a generar espacios seguros donde puedan aprender, jugar, sanar, desarrollar sus capacidades y reconstruir sus proyectos de vida. En cada niño acompañado, en cada familia acogida y en cada comunidad que abre sus puertas, se hace visible el Reino de Dios que ponemos al servicio de los más pequeños.

La tradición ignaciana nos recuerda que la esperanza nace de la acción concreta. Por eso, las obras de la Compañía de Jesús en la región continúan apostando por procesos educativos, psicosociales y comunitarios que devuelvan dignidad y oportunidades a quienes han experimentado el desarraigo.
Tejiendo Amaneceres: sembrando integración y esperanza en Panamá
Un ejemplo inspirador es Tejiendo Amaneceres, iniciativa de Fe y Alegría Panamá que surgió en 2023 como un programa socioeducativo orientado a la integración de niños, niñas y adolescentes en contextos de movilidad humana.
Durante estos años, el programa ha acompañado a más de 500 niños, niñas y adolescentes de nueve nacionalidades, ofreciendo espacios donde la educación, el juego y la convivencia se convierten en herramientas para la reconstrucción de vínculos y la inclusión social. Su objetivo principal es promover la integración socioeducativa mediante una metodología basada en la ludopedagogía, que reconoce el juego como un medio privilegiado para aprender, sanar experiencias difíciles y fortalecer habilidades para la vida.
En cada actividad desarrollada por Tejiendo Amaneceres se hace realidad la convicción de que la diversidad cultural no es una amenaza, sino una riqueza. Allí, niños provenientes de distintos países descubren que es posible construir amistades, aprender juntos y sentirse parte de una comunidad que los reconoce y valora. Cada amanecer tejido representa una oportunidad para transformar el miedo en confianza y la incertidumbre en esperanza.
Casa Myrna Mack: hospitalidad que restaura vidas en Guatemala
También en Guatemala, la labor que se realiza desde Casa Myrna Mack constituye un testimonio concreto de acompañamiento a personas migrantes y desplazadas, incluyendo a niños, niñas y adolescentes que enfrentan complejos procesos de movilidad.
Desde una visión integral, este espacio brinda acogida, orientación y acompañamiento a familias que atraviesan situaciones de vulnerabilidad. En el caso de la niñez, la atención busca garantizar protección, contención emocional y condiciones que favorezcan su desarrollo humano. Más allá de la asistencia inmediata, la experiencia de Casa Myrna Mack muestra cómo la hospitalidad puede convertirse en una verdadera oportunidad de restauración y esperanza.
Cada niño que encuentra allí un espacio seguro confirma que la solidaridad sigue siendo capaz de abrir caminos incluso en medio de las circunstancias más adversas.
Seguir caminando con esperanza
La Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado nos recuerda que el futuro de nuestras sociedades se juega también en la forma en que tratamos a los más vulnerables. El lema“Incluso uno solo de estos pequeños” nos desafía a mirar a la niñez migrante no desde la compasión pasajera, sino desde una responsabilidad compartida y permanente.
Como Red en Centroamérica, estamos llamados a continuar construyendo redes de acogida, espacios educativos y comunidades capaces de reconocer la dignidad de cada niño y niña en movilidad. Porque cuando protegemos a uno de estos pequeños, estamos protegiendo la esperanza. Cuando acompañamos a una familia migrante, estamos fortaleciendo la fraternidad. Y cuando apostamos por la inclusión y la educación, estamos colaborando con Dios en la construcción de un mundo más justo y humano.

Que esta jornada renueve nuestra certeza de que ninguna realidad de sufrimiento tiene la última palabra. Allí donde una comunidad acoge, donde una escuela integra y donde una obra jesuita acompaña, sigue amaneciendo la esperanza para miles de niños y niñas que buscan un lugar seguro para crecer y soñar.
Les invitamos a leer el mensaje completo del Papa León XIV en ocasión de la 112° Jornada Mundial del Migrante y Refugiado. Puede leerse haciendo clic aquí.
Fotografías: Cortesía Fe y Alegría Panamá y Casa Myrna Mack
