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	<title>José María Tojeira S.J. archivos - Jesuitas en Centroamérica</title>
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	<description>Página oficial de la Compañía de Jesús en Centroamérica</description>
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	<title>José María Tojeira S.J. archivos - Jesuitas en Centroamérica</title>
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		<title>La esperanza traspasa muros. Reflexiones sobre la resurrección en la cárcel</title>
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		<dc:creator><![CDATA[occam]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 02 Sep 2025 16:43:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[José María Tojeira S.J.]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Centroamérica]]></category>
		<category><![CDATA[P. José María Tojeira]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En este texto, P. José María Tojeira, S.J., nos invita...</p>
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<div class="wp-block-uagb-advanced-heading uagb-block-a5191330"><h3 class="uagb-heading-text">En este texto, P. José María Tojeira, S.J., nos invita a reflexionar en torno a la pastoral penitenciaria, para solidarizarnos con quienes ejercen esta misión de ayudar a ver las prisiones como ofertas de conversión, de purificación y de esperanza a la luz del Evangelio en nuestros contextos. </h3></div>



<div style="height:68px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="wp-block-paragraph">            Hace siglos, en tiempos de las persecuciones sufridas por el cristianismo, un defensor de la fe llamado Tertuliano, hacía una reflexión sobre las cárceles. Les decía a los cristianos privados de libertad que «fueron a la cárcel para aplastar al diablo, incluso en su casa». Hoy la cárcel, aunque sea necesaria para penalizar el delito, proteger a la ciudadanía y rehabilitar al delincuente, continúa siendo un lugar de sufrimiento. Perder la propia libertad de movimiento y de relaciones, estar separado de los seres queridos, perder o disminuir la capacidad de emprender tareas en favor del propio desarrollo produce dolor, tristeza y angustia. Pero como todo sufrimiento, aun incluso el que ha sido resultado de las propias equivocaciones y malas decisiones, el encarcelamiento supone un desafío para el propio desarrollo como persona con capacidad de ética y opciones morales positivas. Para los antiguos cristianos, detenidos injustamente, era un desafío para permanecer y resistir en la fe. Por eso Tertuliano decía que estaban llamados a vencer al diablo (al mal) en su propia casa. Hoy las cárceles, con sus problemas y dificultades, si están acompañadas por la esperanzan cristiana continúan más fácilmente ofreciendo a quienes la habitan el desafío de recuperar la libertad para vivirla de un modo moralmente sano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La fe cristiana siempre ha visto presente tanto en las circunstancias adversas como en el pecado una oferta de salvación y conversión. Dios siempre nos ama y nos busca, a veces directamente, y en otras ocasiones a través de acontecimientos y personas que se nos acercan. De diversas maneras, tanto desde la oración y el sacramento como desde la presencia amistosa, el consejo y la solidaridad, el mensajero del Evangelio que visita a los privados de libertad les lleva siempre un mensaje de esperanza que queda alojado en su conciencia. Es la palabra del Señor Jesús que sufrió injusticias a causa de su amor a los pobres y sencillos, y que nos muestra el camino de la conversión y del bien. La Iglesia nos recuerda que “la conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que éste se siente a solas con Dios” y escucha resonar su voz. En la obediencia a esa voz que nos llama siempre a la realización de lo bueno reside la propia dignidad humana. Es la misma voz del Señor que dice “vengan benditos de mi Padre porque estuve enfermo o en la cárcel y me visitaron”. Para los cristianos la base de la dignidad humana es la capacidad de todo ser humano de buscar y hacer el bien. Y a todos nos corresponde cultivar esa base en nosotros y en los prójimos, más allá de los fallos o errores que hayamos tenido. Poner semillas de esperanza en la conciencia de quienes sufren la privación de libertad es comenzar su proceso de reconciliación con el mundo en el que viven.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Es normal que el Estado sancione los delitos. Pero a los cristianos nos corresponde ser mensajeros de esperanza. Y la esperanza, si se recibe con un corazón sincero, traspasa los muros de las prisiones en una doble dirección. De fuera hacia adentro de las prisiones, si quienes estamos en libertad confiamos en la capacidad de las personas de recuperar su dignidad y abrirse camino en la vida mirando al bien y a la bondad. Y también desde el interior de las cárceles hacia afuera. Los privados de libertad que experimentan la fuerza del Evangelio y la solidaridad cristiana con ellos, comienzan a ver el mundo exterior de otra manera. No el mundo que los maltrató, incomprendió o empujó hacia el mal, sino el lugar y el espacio donde se puede sembrar amor y donde se cosecha paz. De Jesús se nos dice en el credo que bajó a los infiernos. Es una afirmación que resalta tanto la humanidad de Jesús como su divinidad y su fuerza salvadora. Precisamente desde ahí, desde lo más profundo de la muerte, Jesús resucita redimiendo todo lo que parecía perdido. El pone y da vida allí donde no la había. A nosotros nos toca aceptar la invitación de seguirle.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si la cárcel tiene una especie de dimensión de muerte social, al menos mientras se permanece en ella, la esperanza cristiana salta las alambradas alumbrando el futuro. La gracia del Señor y la conversión son parte de la resurrección del Señor. Quien agobiado por el dolor o por la desesperación, por la frustración o por la propia mala conciencia, descubre en el Evangelio al Señor que es “camino, verdad y vida”, comienza a participar de hecho en la Pascua del Señor y en su Resurrección. Como el desierto, que es lugar de tentación y de cansancio en el caminar, la cárcel puede parecer también un lugar hostil al Evangelio. Pero también como el desierto, puede ser un lugar de purificación, de oración y de esperanza. Jesús aparece en los Evangelios retirándose a lugares solitarios para orar. Quien en el desierto de las cárceles escucha la palabra y descubre que más allá de las tristes historias humanas hay una verdad que nos salva, que nos redime y nos da la capacidad y la fuerza para ser en la propia vida testigos del amor de Dios, empieza ya a vivir en vida la vida de Jesús resucitado y su Espíritu Consolador.</p>



<p class="wp-block-paragraph">            En el jubileo de los presos, celebrado en el contexto del año de la misericordia, el Papa Francisco, todavía vivo, nos decía que “no existe lugar en nuestro corazón que no pueda ser alcanzado por el amor de Dios”. Privados de libertad, familiares y funcionarios de prisiones escuchaban con atención el mensaje papal: “Una cosa -decía el Papa- es lo que merecemos por el mal que hicimos, y otra cosa distinta es el ‘respiro’ de la esperanza, que no puede ser sofocado por nada ni nadie”. Cuando la Iglesia se preocupa por llevar el Evangelio a las prisiones es porque sabe que Dios está siempre con los necesitados. Y con frecuencia los privados de libertad, especialmente en nuestras tierras, bien pueden ser considerados los más pobres de los pobres. Con culpa o incluso sin ella en algunas ocasiones, son personas que hoy sufren después de haber creado sufrimiento a otros. Y la Iglesia, como con frecuencia nos han recordado algunos de nuestros obispos, debe estar donde está el sufrimiento ofreciendo redención y esperanza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">            San Pedro Nolasco y los mercedarios por el fundados, nos recuerdan permanentemente esa obligación eclesial desde hace casi mil años. El Evangelio nos recuerda que la solidaridad con los encarcelados está vinculada a nuestra propia salvación. A todos nos corresponde en esta Centroamérica nuestra, tan golpeada por injusticias sociales, pero también tan llena de hambre y sed de justicia, dar nuestra solidaridad y nuestro apoyo a quienes en la Iglesia desarrollan la pastoral penitenciaria y, con ella, la esperanza de un mundo mejor y más reconciliado. Trabajar en las cárceles, anunciar el perdón y la reconciliación, reintegrar a los golpeados por el pecado y por el mal al dinamismo cristiano de la amistad social, es trabajar en la construcción del Reino de Dios que Jesús inició y que el mismo culminará al final de la historia.</p>
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		<title>Sobre León XIV</title>
		<link>https://jesuitascam.org/sobre-leon-xiv/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[occam]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 20 May 2025 15:58:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[José María Tojeira S.J.]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[José María Tojeira]]></category>
		<category><![CDATA[Papa León XIV]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En este texto, P. José María Tojeira, S.J., nos invita...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><em><strong>En este texto, P. José María Tojeira, S.J., nos invita a profundizar en la figura del Papa León XIV, religioso agustino de hondo sentido pastoral. Reflexiona, también, sobre los desafíos que encuentra al asumir su Pontificado y la importancia de la confianza en Dios y el diálogo con el mundo en su misión.</strong></em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cada día salen nuevas noticias y nuevos datos sobre el Papa León. Las fuentes son muy diversas. Algunos cardenales amigos del Papa Francisco se expresan sobre él con confianza y alegría. Los peruanos que lo conocieron como sacerdote y obispo en Chiclayo están felices. Los frailes agustinos se alegran recordando sus visitas tanto de Provincial como en calidad de General de la Orden. Uno de sus hermanos biológicos ha hablado con sencillez y simpatía sobre él. Es moderado, dijo, pero libre, valiente y no se calla ante las injusticias. En sus primeros discursos se echa de ver claramente que tiene un hondo sentido pastoral, una preocupación clara por impulsar relaciones de paz y solidaridad en el mundo y una gran claridad sobre la situación de cómo la política de los países poderosos y las guerras crean graves problemas a la fraternidad y la convivencia humana.</p>
<p>Su experiencia como obispo y su paso como cardenal prefecto de la Congregación de Obispos le ayudará sin duda en el trabajo de reforma eclesial. Nombrado a los 69 años, dispone de la energía y los años para emprender trabajos y reflexiones que sigan marcando la vida de la Iglesia a largo plazo. Es hombre del Concilio Vaticano II y sabe que el Concilio encierra dinamismos y posibilidades todavía no adecuadamente aprovechadas. La sinodalidad de Francisco no es sino una manera de impulsar el dinamismo del Concilio que nos recuerda a todos que somos Pueblo de Dios y que como miembros de un mismo pueblo, debemos caminar juntos dialogando con el mundo y trabajando en la construcción del Reino de Dios hasta que el Señor, al fin de los tiempos, lo lleve su plenitud. Un camino conjunto, “con un solo corazón y una sola alma puestos en Dios”, como dice la regla de San Agustín, en el que todos avanzamos superando las diferencias marcadas por la cultura, por el género o por las estructuras sociales, como ya sugería San Pablo en Gal 3, 28.</p>
<p>Otro dato interesante pero poco hablado es que el Papa León es religioso agustino. En otras palabras, seguidor de Jesús desde la profundidad del pensamiento de un santo, San Agustín, que vivió a caballo del siglo cuarto y quinto, e iluminó y continúa iluminando a la Iglesia en la búsqueda insaciable del encuentro con Dios. Un hombre siempre en búsqueda que hablando de Dios decía “busquemos como buscan los que aún no han encontrado y encontremos como encuentran los que aún han de buscar”. Si Agustín tuvo que luchar con la prepotencia elitista de quienes se sentían por encima de la gracia de Dios y de las personas sencillas (la herejía pelagiana), al nuevo Papa le tocará enfrentar también a quienes dividen al mundo en superiores e inferiores y piensan que las armas, la riqueza o la fama puede sustituir en la historia al amor de Dios manifestado en Jesucristo. La confianza en Dios y la capacidad de dialogar con el mundo y con la historia que brotan del pensamiento de San Agustín darán sin duda un plus de enriquecimiento a la la Iglesia a través de León XIV.</p>
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		<title>El paso de Francisco y el futuro Papa</title>
		<link>https://jesuitascam.org/el-paso-de-francisco-y-el-futuro-papa/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[occam]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 25 Apr 2025 16:00:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[José María Tojeira S.J.]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Centroamérica]]></category>
		<category><![CDATA[José María Tojeira]]></category>
		<category><![CDATA[Papa]]></category>
		<category><![CDATA[Papa Francisco]]></category>
		<category><![CDATA[Vaticano]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En este texto, P. José María Tojeira, S.J., reflexiona sobre...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><em><strong>En este texto, P. José María Tojeira, S.J., reflexiona sobre el legado del Papa Francisco cercano a los pobres y en pro de la renovación eclesial y el discernimiento en torno al perfil del nuevo Papa que la Iglesia y el mundo necesitan.</strong></em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La muerte del Papa Francisco ha impactado por la dimensión reformista de su papado. Su amor a Cristo y su devoción personal, su capacidad de descubrir el rostro del Señor en los rostros sufrientes de los seres humano, impactaron a un gran número de católicos y de gentes de otras confesiones o incluso increyentes. El modo cercano de tratar con la gente, su austeridad personal incluso en los signos y ornamentos externos, su radicalidad en el acercamiento a los desposeídos y migrantes, su trabajo incesante para erradicar de la Iglesia el clericalismo y el carrerismo, la búsqueda de una nueva humanidad, el diálogo y la sinodalidad, son muestras de renovación y novedad en el ejercicio del papado. Su muerte, sentida profundamente por muchos, nos deja ante la nueva elección de un nuevo Papa. Revisar el modelo del papado y tener criterios sobre el perfil del Papa que necesitamos es importante para todos los cristianos. Y en particular para los católicos es importante desarrollar los criterios desde el Concilio Vaticano II. Desde el inicio de la Constitución Dogmática sobre la Iglesia, el Concilio insiste en que el Espíritu Santo, que la guía, “con la fuerza del Evangelio rejuvenece a la Iglesia , la renueva incesantemente y la conduce a la unión consumada con su Esposo” (LG 4). La novedad, la reforma, el diálogo con el mundo y la historia profana son elementos básicos de la vida eclesial.</p>
<p>A Francisco con frecuencia se le ha considerado un papa reformista. Incluso ha sido criticado por estar abierto a los cambios dentro de la Iglesia y profundamente comprometido con los derechos de los pobres. Sus críticas a una “economía que mata”, su defensa de la dignidad de los migrantes, su insistencia en algo tan tradicional en la Iglesia como el destino universal de los bienes para conseguir fraternidad y amistad social en el mundo en que vivimos ha puesto tensos a algunos católicos comprometidos con una buena dosis de ceguera con el capitalismo existente. Sus documentos, Evangelii gaudium, Laudato Si y Fratelli Tutti marcaron líneas claras de conversión personal, reforma eclesial, preocupación social y ecológica y deseos de cambios estructurales, incluso a nivel internacional. Su muerte ha dejado a la Iglesia en un ambiente de cambio y reforma. Un ambiente que había tenido un cierto freno iniciado pocos años después de terminado el Vaticano II y que con la sencillez, apertura y capacidad de diálogo de Francisco se ha visto renovado. Pablo VI decía en su discurso final clausurando el Concilio Vaticano II que “nunca como en esta ocasión ha sentido la Iglesia la necesidad de conocer, de acercarse, de comprender, de penetrar, de servir, de evangelizar a la sociedad que la rodea y de seguirla; por decirlo así de alcanzarla casi en su rápido y continuo cambio”. Francisco ha sido fiel a ese espíritu conciliar que no debemos abandonar nunca.</p>
<p>A la Iglesia, institución con algo más de 1.400 millones de bautizados, cinco mil y pico obispos, 400.000 sacerdotes y 700.000 religiosas, en números aproximados, no es fácil moverla desde arriba. Y a los papas les corresponde moverla desde arriba hacia un espíritu evangélico creciente. No solos, por supuesto. Pero las costumbres, tradiciones, formulaciones heredadas de pasados lejanos y no traducidas al vocabulario y pensamiento actual, tienden a mantener a la Iglesia estática o al menos lenta en su evolución. Los cambios asustan con frecuencia y la misma tendencia institucional a convertir los carismas en rutina, muchas veces normativizada, pueden paralizar la novedad. El propio Francisco, ante algunas críticas, recordaba que si bien la Iglesia trajo novedad a la esclavitud, considerando desde sus orígenes al esclavo como un verdadero prójimo, se acostumbró con exceso a la esclavitud y la vio incluso como normal. Bartolomé de Las Casas, defensor de los indios y considerado hoy con razón como uno de los padres de los derechos universales desde su exigencia de contemplar a los seres humanos como parte de una única humanidad, llevaba esclavos consigo cuando llegó a Chiapas a tomas posesión de su obispado. El Concilio Vaticano II rompió la lentitud de una Iglesia que tendía a mirarse como sociedad perfecta y la relanzó como Pueblo de Dios que peregrina en diálogo e interacción con el mundo. Fiel al Concilio, Francisco trató no solo de mover a la Iglesia desde arriba, sino sobre todo, desde la cercanía personal con los de abajo y desde la solidaridad con los “descartados” de la historia, con sus sufrimientos y marginaciones. Defensor de la vida, la defiende en todas sus dimensiones, desde considerar inadmisible para los cristianos la pena de muerte hasta defender los derechos a la vida de los no nacidos todavía. Mover a la Iglesia desde la palabra y el testimonio, aportar novedad evangélica al mundo en que vivimos desde el diálogo y la promoción de la amistad social es el reto permanente de todo Papa.</p>
<p>La propia figura de Francisco nos ayuda a establecer algunos criterios ligados al Vaticano II que pueden ser útiles para pensar en la figura del Papa que podemos querer. En la Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Actual, se nos dice que “el género humano se halla hoy en un período nuevo de su historia caracterizados por cambios profundos y acelerados”. Y en este mundo de descubrimientos vertiginosos, la Iglesia debe moverse manteniendo su tradición evangélica y su fidelidad al Señor, pero dialogando con las culturas, logrando síntesis de humanidad, desprendiéndose de deseos de poder y privilegios y acercándose cada vez más al que “siendo rico se hizo pobre por salvarnos”. Hablar de sinodalidad, de caminar juntos, de diálogo social e interreligioso resulta indispensable en un mundo cuya velocidad en los cambios culturales y económicos tiende descartar a los más débiles y favorecer a “los más poderosos, lo que con frecuencia es tanto como decir los más violentos y desprovistos de conciencia” (QA 107) como decía ya Pío XI en 1931. No hay que tener miedo a defender a los pobres y a recordar a los ricos y poderosos que  servir “a los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta” no es más que una idolatría que implica sacrificios humanos. Si a causa de un falso irenismo se eligiera un Papa que no quisiera problemas con los poderosos de este mundo, no solamente se haría daño al elegido sino a toda la Iglesia. En un mundo acelerado, con todos los problemas que encierra una cultura en rápida evolución, no se puede ver la realidad como algo que nos aleja del Evangelio, sino como oportunidad y desafío para hacer creíble la Palabra hecha carne, en diálogo, crítica y discernimiento permanente.</p>
<p>El sucesor de Francisco debe continuar viajando a los lugares donde está el sufrimiento. Poner en las páginas de los periódicos a los rohinya de Birmania, a los olvidados de Mongolia, a los migrantes de Lampedusa o de la frontera de Estados Unidos, a Irak; al Papa le toca consolar y reconciliar creencias diferentes y si fuera posible ir también a Gaza y a las cárceles del tercer mundo, mostrando siempre las entrañas de misericordia del Dios que nos amó primero. Debe confiar en el Espíritu que habla en todos los cristianos y decirle a los laicos que lo bendigan, como hizo Francisco en sus primeras palabras como Papa desde las ventanas del Vaticano. Al igual que Francisco debe continuar con el espíritu de reforma que exigen los tiempos. La transparencia, el control de instituciones vinculadas a diferentes formas de corrupción dentro de la Iglesia, la oposición al clericalismo, son temas pendientes. Necesitamos un Papa con capacidad de advertir tanto a la Curia romana como a los Nuncios que aspirar a tener una carrera brillante no consiste en crecer en poder o dignidades sino en servir con humildad al pueblo de Dios. La participación de la mujer en el servicio de autoridad en la Iglesia debe continuar creciendo. Es absurdo que no haya mujeres cardenales, cuando se puede dar ese título con una simple reforma de la normativa que exige que los cardenales pertenezcan al estado clerical. Los cargos episcopales con temporalidad señalada, la consulta más amplia para el nombramiento de obispos y con mayor participación de las iglesias locales, el diaconado femenino son temas que quedan pendientes.</p>
<p>La misma forma de elegir al Papa debía repensarse. Históricamente ha habido diversas fórmulas. ¿Será para siempre la mejor una decretada el año 1059 por el Papa Nicolás II? Que ni siquiera fue seguida por el que la inspiró y uno de sus principales sucesores, Gregorio VII. Digamos que fue un buen sistema para la Europa de aquel tiempo en comparación con la intromisión sistemática de reyes y señores feudales que había dominado en los años anteriores. Es cierto que el sistema ha ido mejorando especialmente a partir del pontificado de Juan XXIII, que elevó el número de cardenales a 90 y, lo mismo que los papas que le sucedieron, se comenzó a nombrar un mayo número de cardenales no europeos. La limitación de la capacidad de los cardenales hasta los 80 años para elegir Papa también fue positiva. Pero la pregunta de por qué las mujeres no pueden participar en la elección quedan pendientes. Sin necesidad de recordar que las mujeres fueron testigos privilegiados de la resurrección del señor, bastaría con reflexionar sobre el hecho de que son mayoría en la Iglesia tanto en número como en devoción. El hecho de que fueran las Conferencias Episcopales las que eligieron delegados tanto del estado clerical como del laical para participar en la elección del Pontífice se ha mencionado en algún momento. Discutir los pros y contras de otras alternativas diferentes de la existente pudiera ofrecer caminos creativos de participación.</p>
<p>No se trata de cambiarlo todo, pero sí de dar espacio al diálogo. Francisco recomendaba siempre orar antes de proponer ideas o proyectos pastorales. Y someter a la oración de otros los propios proyectos. Pensar si aferrarse a lo que uno piensa, debatir poniéndose en la posición del otro para entenderlo mejor, dialogar y rezar juntos, da siempre como fruto creatividad y esperanza. Como jesuita, Francisco sabía que para que un proyecto apostólico salga adelante es necesario crear una especie de unión de ánimos, de esperanzas y generosidades que generen no solo impulso sino confianza en la fuerza del Espíritu. La Iglesia tiene que estar siempre en actitud de reforma porque el espíritu crea siempre novedad. Y al Papa próximo le corresponde guiar a la Iglesia hacia esa novedad del Espíritu que como dice la oración, renueva la faz de la tierra. Y que también desde la vocación profética eclesial, sepa decirle al mundo que sus sueños de un futuro perfecto, prescindiendo del don y de la gracia, conducen con frecuencia a fracasos notables. Como decía Francisco que ocurrió con“un sueño prometeico sobre el mundo que provocó la impresión de que el cuidado de la naturaleza es cosa de</p>
<p>débiles”. En el pensamiento teológico suele considerarse a la Iglesia como el sacramento primordial. Y también en teología suele decirse que un sacramento es un signo que da lo que significa. El nuevo Papa tiene que preguntarse siempre qué significa la Iglesia para el mundo y qué le da o le puede dar al mundo en su historia concreta y actual. Todos los cristianos debemos participar en ese esfuerzo de dar significación evangélica y evangelizadora a la Iglesia. Y una de las mejores maneras de hacerlo desde nuestra fe, es dando significación, esperanza y resistencia a quienes el mundo les quita el significado de su humanidad.</p>
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		<title>La siembra y el grano: Homilía del XXXV aniversario de los mártires de la UCA</title>
		<link>https://jesuitascam.org/la-siembra-y-el-grano-homilia-del-xxxv-aniversario-de-los-martires-de-la-uca/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[occam]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 19 Nov 2024 18:02:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[José María Tojeira S.J.]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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		<category><![CDATA[aniversario de los mártires de la UCA]]></category>
		<category><![CDATA[El Salvador]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Las lecturas que hemos escuchado nos hablan de siembras y de cosechas. Sembrar y cosechar, después de milenios de cultura agrícola, siguen manteniendo el símbolo de nuestra capacidad de realizarnos como personas de bien o perdernos entre matorrales de egoísmo y confusión, pensando que a mayor tamaño de la maleza, mejores y más abundantes frutos. En el cristianismo, el fruto de la siembra no solo nos alimenta, sino que nos une a Jesús, el Salvador, y a nuestro prójimos, cuando compartimos el pan que Él nos dejó como signo eficaz de su presencia. En la cultura maya, los seres humanos fuimos creados con maíz y por eso lo cultivamos y nos alimentamos de él, uniéndonos a él y al dios que lo representa. La siembra y el grano son siempre recuerdo de algo que nos trasciende y nos impulsa a la multiplicación del bien.</p>
<p>Pero sembrar no es fácil. A todos nos gustaría cosechar sin trabajar, o incluso que otros trabajaran por nosotros, para luego comer gratis el pan, el vino, el elote y el atol. Jesús, el sembrador definitivo, fue perseguido, maltratado y clavado injustamente en una cruz por anunciar una cosecha universal en la que el amor a Dios y al prójimo, íntimamente unidos ambos amores, fueran el fruto salvador de la humanidad. Los mayas veneraban especialmente al dios del maíz, por ser el origen de un alimento leal a los seres humanos; un grano y una planta que soportan la lluvia, el viento, la sequía y el picoteo de los pájaros, para ser alimento y vida para todos.</p>
<p>El profeta Jeremías, en la primera lectura, nos advertía contra los profetas y los adivinos que utilizaban el nombre del Señor para profetizar mentiras. Solamente el retorno a la palabra del Señor, semilla de verdad, de justicia y de fraternidad, posibilita la vuelta del destierro hacia esa tierra prometida que mana leche y miel para todos. O, como dice el Apocalipsis, a esa ciudad que no necesita ni sol ni luna, porque su lámpara es el Cordero. Hoy, cuando triunfan en elecciones los que quieren imponer sus intereses con violencia, los que presumen de ser una raza superior cuya sangre no se debe mezclar con la de otros pueblos, los que insultan a los migrantes llamándoles salvajes procedentes de cárceles y manicomios, los cristianos estamos en tiempos de siembra difícil. La polilla de la ambición y los pájaros de la prepotencia quieren destruir el grano limpio del Evangelio de los pobres. Para muchos, este tiempo será de cruz y de dolor. Tiempo de compromiso con los pobres o, como decía Pablo, de completar en nuestras vidas lo que falta a la pasión de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia. Cómo no pensar, mientras caminamos sembrando entre vientos y temporales adversos, en los migrantes humillados y amenazados; en los pobres olvidados y tratados con desprecio; en la mujeres acosadas y maltratadas por un machismo cobarde; en los niños y niñas con hambre, abandonados o abusados; en las familias de los presos que ni siquiera pueden visitar a sus seres queridos en las cárceles y sembrar en ellos el grano rehabilitador de su cariño.</p>
<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="aligncenter" src="https://noticias.uca.edu.sv/uploads/texto_9180/image/MLE_1236-r.jpg" width="321" height="500" /></p>
<p>Monseñor Romero, ese santo sembrador de esperanza y conversión en nuestra patria, nos advertía hace años, también en tiempos difíciles de siembra, que los ídolos de la riqueza, del poder o de la eficacia a toda costa amenazaban la paz con justicia y la convivencia fraterna. Insistía en la perseverancia y la resistencia asumiendo en el dolor de la siembra la violencia de la cruz. Sus palabras continúan teniendo sentido frente a los falsos profetas del poder y del dinero. “Sepan”, decía, “que hay una violencia muy superior a la de las tanquetas y también a la de las guerrillas; es la violencia de Cristo que dice: ‘Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen’”. Un perdón en Jesús que brota de la cruz asumida como acto de amor y que es también, en palabras de Romero, “la violencia del amor, la de la fraternidad, la que quiere convertir las armas en hoces para el trabajo”.</p>
<p>Nuestros mártires, que hoy recordamos, gustaban repetir con Ellacuría que “con monseñor Romero pasó Dios por El Salvador”. Sembrador de santidad y de entrega generosa, la vida y el testimonio de Romero hizo a nuestros mártires más cristianos, más valientes y los llevó también a unir su sangre con la sangre de todas las víctimas de la guerra cruel e inhumana que asolaba nuestras tierras. 35 años después de la muerte martirial de nuestros hermanos, y de tanta víctima tan generosa como inocente, también nosotros debemos evaluar si su sangre derramada nos ayuda a ser más generosos, más valientes y, en definitiva, más cristianos.</p>
<p>Porque, en efecto, hoy nos toca sembrar en medio del odio en las redes, de la apariencia fingida, de la propaganda falsa y grandiosa presentada como verdad. Debemos ser honestos aunque caigamos mal, y buscar verdad en medio de la corrupción, del rechazo a la solidaridad y de la negativa a la transparencia. Nos toca también defender los derechos humanos mientras las bocinas estrepitosas del poder afirman que los derechos humanos son un mecanismo para defender criminales. Queremos un Estado social y democrático de derecho que se empeñe en vencer la pobreza y la desigualdad, que ofrezca salud de calidad a todos, que priorice la educación y que tenga un sistema de pensiones universal. Nos corresponde, asimismo, mantener lo que la Iglesia primitiva llamó parresía y que tan bellamente describía Pablo al decir que “para ser libres nos ha liberado Cristo”. Frente al poderoso que busca la libertad para imponerse y para justificar la ley del más fuerte, a nosotros se nos llama a ser libres para amar, para servir y para realizar una siembra de valores y virtudes que den frutos universales de amor, verdad y vida para todos.</p>
<p>No puede ser que en medio de las crisis, o incluso de los caprichos de los poderosos, se despida a los trabajadores y se premie a quienes gestionan los recortes de personal. No es justo olvidar a los campesinos, acaparar tierras para cultivos de exportación, apoyar a las empresas depredadoras del medioambiente, privatizar el agua o amenazarnos con cambiar leyes y retornar a los proyectos de minería a cielo abierto. Eso no es libertad, es opresión. Enfrentamos el calentamiento global, que traerá sin duda más problemas a los países ubicados en los trópicos, y no tenemos planes solidarios para enfrentar el futuro. Ni hemos querido firmar el Acuerdo de Escazú, que obliga a proteger a los defensores del medioambiente. No queremos la libertad negativa del poderoso injusto, que la ejerce impidiendo la libertad y el desarrollo de los pobres. No es fruto de la libertad cristiana exigir a los microempresarios más que a las grandes empresas. Tampoco desalojar y maltratar a los comerciantes informales, o infectar nuestra economía con una medicina amarga destinada a los pobres y vulnerables mientras los más ricos continúan acrecentando su riqueza.</p>
<p>Queremos que nos gobiernen leyes, no personas. Y que las leyes estén inspiradas en el valor y la dignidad de nuestra gente, en la generosidad solidaria, en la justicia social, no en la especulación o en la nefasta idea de que el capital es más importante que el trabajo. Los mártires, los de la UCA, los cuarenta que con ellos aspiran a la beatificación, y tantos otros que murieron en el esfuerzo de construir paz y reconciliación, sembraron esperanza. Todos ellos nos impulsan ahora a trabajar en favor de la libertad y la justicia. Libertad para exigir que el sistema judicial haga verdad sobre las masacres y las injusticias del pasado. Y para obligar a las instituciones, sean militares o civiles, a revisar su pasado en la guerra, reconocer sus crímenes, pedir perdón por el mal realizado, abandonar la prepotencia y el abuso, y dar garantías de respeto a la dignidad humana.</p>
<p>El Señor Jesús en el Evangelio que hemos escuchado nos da una palabra de esperanza. El tiempo de la cosecha llega. Incluso la semilla más pequeña puede dar origen a un árbol donde se cobijen los que no tienen nido. Si Jesús hubiera vivido en nuestras tierras, tal vez hubiera escogido la pequeña semilla de la ceiba para mostrarnos las posibilidades esplendorosas del Reino de Dios. Lo que se siembra con amor y por amor multiplica siempre la solidaridad. Incluso en los momentos de mayor dificultad, Jesús nos invita a levantar la frente porque se acerca el día de nuestra liberación. Hemos visto en la historia reciente muchos sembradores de amor y de esperanza. Gente valiente convencida de que la paz y la justicia deben caminar juntos, mujeres y hombres que se enfrentan a las armas para exigir libertad de inocentes, buscar desaparecidos, defender a los maltratados. Todos ellos auténticos seguidores del Señor Jesús. Mientras ellos continúan creciendo en nuestra memoria y nos llaman a la generosidad, sus perseguidores quedan como telarañas, abandonadas en medio de ruinas y oliendo a olvido.</p>
<p>Los mártires que hoy recordamos, esos seis jesuitas y dos mujeres servidoras y valientes, y otras muchas personas son parte de la historia verdadera de El Salvador y del mundo en que vivimos. Juntos nos invitan, en la apretada síntesis de conocer, asumir y transformar la realidad desde nuestra fe de sembradores del Reino, a hacernos cargo de la realidad, cargar con la realidad y encargarnos de la realidad. Una tarea permanente formulada por Ignacio Ellacuría, que exige conocimiento y cultivo de la realidad, responsabilidad y respuesta creativa y solidaria, amor a los pobres y lucha en favor de la justicia social. Una tarea permanente que llegará a su culminación cuando el Señor Jesús, en el día del triunfo final del amor, entregue todo lo creado al Padre para que Él sea todo en todos.</p>
<p>Mis hermanos y mis hermanas, cuando los Padres de la Iglesia afirmaban que la sangre de los mártires es semilla de cristianos, decían una verdad. Ellos siembran en nosotros fortaleza y esperanza, resistencia en los tiempos malos y alegría festiva en la memoria de quienes sellaron su testimonio con su sangre. El salmo nos lo recuerda; quienes sembraban entre lágrimas cosechan entre canciones. Lo que nos queda es reconfortarnos en la fe, apoyarnos en el testimonio mutuo y ser testigos de la Palabra Viva. El mal puede vencer al bien, pero no puede sustituir durante mucho tiempo al bien con la maldad. Nuestra fe, nos lo demuestran los mártires, es como un poderoso resorte que por más que nos aplasten nos devuelve al nivel de la lucha pacífica por el Reino del bien, la justicia y el amor. Celebrar a los mártires, que dieron la vida por Jesús y por el rostro de Jesús reflejado en los pobres y perseguidos, es comenzar anticipadamente a celebrar la resurrección y el triunfo final de la fraternidad del Reino de Dios. Es por eso que afirmamos con plena convicción que sembramos esperanza para conseguir libertad. Por eso, al acercarnos al altar en el que el Señor se nos entrega como pan partido y compartido, podemos decir y repetir juntos, ¡que vivan los mártires de El Salvador!</p>
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		<title>El amplio legado de Ignacio Ellacuría, S. J. Puso toda la capacidad de la Universidad al servicio de una paz con justicia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[occam]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 07 Oct 2024 15:28:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[José María Tojeira S.J.]]></category>
		<category><![CDATA[Portada]]></category>
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		<h3 style="text-align: center;"><em>José María Tojeira S.J. escribe desde El Salvador</em><em> para la Revista IBERO, en su edición No. 92 dedicada a la «VISIÓN Y PRESENCIA, HOY, DE IGNACIO ELLACURÍA, S. J.»,</em></h3>
<h3 style="text-align: center;"><em>.</em></h3>
<p>«&#8230;Era un filósofo nato, con una enorme agudeza para penetrar en la realidad, reflexionarla y proponer transformaciones, sobre todo de tipo estructural. Captaba con claridad situaciones complejas y problemáticas y aportaba caminos de solución. Era un excelente teólogo, enamorado de la construcción del Reino de Dios, y un jesuita ejemplar que sabía traducir el carisma ignaciano a las urgencias y necesidades de hoy. Clásica era su afirmación de que el bien más universal de Ignacio de Loyola había hoy que buscarlo en el bien más estructural. Su carácter de pensador y su habilidad práctica lo convirtieron no sólo en un magnífico rector de Universidad, sino también en un teórico de la vida universitaria que iluminó el sentido de la misión de las instituciones de educación superior. Su entrega a la vida universitaria con vocación de cambio social lo llevó además a una muerte martirial, parte también significativa de su legado&#8230;»</p>
<p>Descargue el artículo completo <a href="https://revistas.ibero.mx/ibero/uploads/volumenes/78/pdf/ibero-92-amplio-legado-ignacio-ellauria-jose-m-tojeira-s-j-web-19092024.pdf">acá</a>.</p>
<p>Para descargar la revista completa <a href="https://revistas.ibero.mx/ibero/uploads/volumenes/78/pdf/ibero-92-web-17092024.pdf">acá</a></p>
<h3 style="text-align: center;"><em> </em></h3>
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		<title>Mártires en Latinoamérica y Compañía de Jesús</title>
		<link>https://jesuitascam.org/martires-en-latinoamerica-y-compania-de-jesus/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[occam]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 14 Jul 2024 16:58:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[José María Tojeira S.J.]]></category>
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		<h3 style="text-align: center;"><em>José María Tojeira S.J. escribe desde El Salvador para la Revista de Espiritualidad Ignaciana Manresa, dedicada en su No. 380 a reflexionar sobre:  “Amor crucificado. El Martirio y la espiritualidad ignaciana</em>.</h3>
<h3 style="text-align: center;"><em>.</em></h3>
<p>&nbsp;</p>
<p>La invitación de Ignacio a imitar al Señor en toda injuria y todo vituperio invita a hacer opciones con riesgo para la vida. El modo ignaciano de entender la pobreza prepara también para el martirio, ya que, cada vez más, la coherencia práxica con una fe exige solidaridad con los pobres y denuncia de las injusticias estructurales: En muchos países americanos las muertes por el Evangelio se han convertido en un riesgo frecuente y una realidad trágica. La misión, en sociedades donde la injusticia es patente, tiene una dimensión política y económica innegable. El seguimiento de Cristo, el amor a los pobres y la capacidad crítica enciende el odio y la persecución: los que trabajan por anunciar la liberación integral de las personas no trabajan sin pagar un precio.</p>
<p>Descargue el artículo completo <a href="https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2024/07/martirio-y-sj.pdf">acá</a>.</p>
<h3 style="text-align: center;"><em> </em></h3>
	</div>
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		<title>La represión y la esperanza</title>
		<link>https://jesuitascam.org/la-represion-y-la-esperanza/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[occam]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 14 Oct 2023 17:48:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[José María Tojeira S.J.]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La entrada <a href="https://jesuitascam.org/la-represion-y-la-esperanza/">La represión y la esperanza</a> se publicó primero en <a href="https://jesuitascam.org">Jesuitas en Centroamérica</a>.</p>
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		<blockquote>
<p>José M. Tojeira</p>
</blockquote>
<p>Una reflexión sobre la Nicaragua actual</p>
<p>Este 11 de Octubre el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos, OEA, ha emitido una clara condena a la represión del régimen de Ortega-Murillo contra las universidades, las instituciones religiosas y la Iglesia Católica. Insta al Gobierno nicaragüense a que respete y garantice los derechos “a la libertad de pensamiento y expresión, la libertad de conciencia, religión o creencias, la libertad de asociación, el derecho de reunión pacífica y el derecho a la educación y el trabajo”. Rechaza las medidas represivas contra los centros educativos y la Iglesia, y reclama la “restitución de los derechos fundamentales”, así como “la protección de la educación”. Aunque el gobierno Ortega-Murillo ha mostrado oficialmente su deseo de sacar a Nicaragua de la OEA, el proceso de salida dura dos años y por tanto el país continúa perteneciendo a la misma y obligado a cumplir los convenios y tratados que ratificó en el pasado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es difícil que un régimen como el nicaragüense haga caso a instancias internacionales, cuando ha cerrado en el interior del país todas las posibilidades de voces diferentes o críticas del pensamiento oficial, sean partidos políticos o instituciones de la sociedad civil. Más de 3.000 ong’s han sido canceladas, de carácter laico o religioso, orientadas a la educación, al desarrollo y a la solidaridad. Con ello, además de la pérdida de puestos de trabajo, ha descendido enormemente la ayuda externa a Nicaragua, ya de por sí uno de los países de Centroamérica con mayores índices de pobreza.  Entre curas y monjas han sido expulsados del país más de 150 religiosos y sacerdotes del clero secular, muchos de ellos privados de su nacionalidad. El obispo Rolando Álvarez continúa secuestrado en prisión y el régimen sigue deteniendo sacerdotes junto con todo aquel que respire en contrario de los abusos del poder. Las iglesias evangélicas han visto también expulsados a 80 pastores. Las más mínima insinuación en un culto religioso, pidiendo por personas encarceladas, puede ser motivo de expulsión del país, o incluso de cárcel y privación de la nacionalidad si se es nicaragüense. El espionaje interno, la presencia de policías en los momentos de culto, el acoso a las familias de los nicaragüenses que desde el exterior hacen críticas al gobierno, ha condenado a las iglesias a un gran silencio, que solo puede romperse desde el exterior.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sin embargo las iglesias permanecen vivas. Como en otros países que en el pasado reprimieron duramente la religión, la gente ha optado por esa cultura de resistencia que se manifiesta en la fidelidad al culto y a la práctica cristiana. Y quienes se conocen hablan entre ellos, mantienen sus ideales, crecen en convicción de la necesaria transformación y cambio del sistema político del país, y esperan. Al mismo tiempo se van formando y fortaleciendo redes a través de las cuales se comunican las tropelías y abusos del régimen. Entre los desterrados hay intelectuales, políticos, profesores de universidad, escritores y poetas, periodistas, sindicalistas, sacerdotes, pastores y religiosas. Todo un entramado de componentes de sociedad civil que reciben y pasan información a los crecientes grupos de exiliados y al mundo de la solidaridad. Han crecido fuera de Nicaragua los medios virtuales de comunicación y opinión, dirigidos por periodistas que les cerraron radios y periódicos en su país, y por jóvenes profesionales, que ven la necesidad de poner al tanto a sus compatriotas de los abusos del régimen. Y mientras el régimen se regodea en su control interno, la verdad se va abriendo camino y la conciencia se va fortaleciendo. Por otra parte, los abusos constantes y crecientes a lo largo de este año 2023, van abriendo grietas en los círculos gubernamentales. La ideología pobre y repetitiva del régimen no es suficiente para tapar el sufrimiento de muchas personas ni para ocultar la irracionalidad de quitarle la nacionalidad a uno de los mejores novelistas actuales de América Latina, de cerrar universidades, de pintar mensajes de odio en las paredes de los templos, de prohibir procesiones arraigadas en la cultura y religiosidad popular. Los golpes ciegos del gobierno hieren con frecuencia los intereses incluso de quienes los respaldan. En su oda a Teodoro Roosevelt, presidente de los Estados Unidos en los primeros años del siglo XX, el poeta nicaragüense Rubén Darío, previendo las repetidas invasiones norteamericanas a pequeños países de América Latina, le decía lo siguiente: “Se necesitaría, Roosevelt, ser por Dios mismo, el riflero terrible y el fuerte cazador, para poder tenernos en vuestras férreas garras”. La garras están ahora dentro de Nicaragua y son de unos dioses menores, remedo obsoleto de antiguas idolatrías sangrientas. Pero como decía el mismo poeta, “y pues contáis con todo, falta una cosa: Dios”. Así, con mayúscula y unido a la mayoría del pueblo nicaragüense.</p>
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