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	<title>Opinión archivos - Jesuitas en Centroamérica</title>
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	<description>Página oficial de la Compañía de Jesús en Centroamérica</description>
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	<title>Opinión archivos - Jesuitas en Centroamérica</title>
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		<title>Tres veces no: cuando la fe no puede justificar la violencia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[occam]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 28 Apr 2026 15:44:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Jorge Sarsaneda S.J.]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Guerra]]></category>
		<category><![CDATA[Paz]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En el contexto global actual marcado por tensiones y discursos...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h3 class="wp-block-heading has-text-align-center"><strong><em>En el contexto global actual marcado por tensiones y discursos que invocan a Dios para justificar la violencia, P. Jorge Sarsaneda, S.J., cuestiona en esta reflexión el uso de la fe como instrumento de poder. A la luz del llamado del papa León XIV a una paz “desarmada y desarmante”, el texto interpela a creyentes y comunidades a vivir una fe coherente con el Evangelio.</em></strong></h3>



<div style="height:79px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<h4 class="wp-block-heading"><em>“Misericordia quiero, no sacrificios”</em></h4>



<h4 class="wp-block-heading">J. Sarsaneda del Cid / Jueves 23 de abril de 2026</h4>



<p class="wp-block-paragraph">En las últimas semanas, hemos sido testigos de acciones ingentes por parte de los EE.UU. e Israel, por quebrantar aún más la paz en el mundo. Hay que decirlo con todas las palabras: los señores Trump y Netanyahu -al parecer- quieren destruir el único mundo que tenemos. Con sus acciones bélicas nos están haciendo caminar sobre una “cuerda floja” desde la cual es muy fácil irnos al despeñadero.<br><br>Pero eso no es lo peor. Uno y otro “jefes” de gobierno utilizan la religión y a Dios (¡!) como su justificación para acciones tan execrables. Por eso se entiende que, cuando el Papa León XIV habla alto y claro sobre la urgencia de la paz, a ellos les moleste. No sólo eso, Trump se ha burlado del Papa y le ha caído media humanidad encima por esas estupideces. El Papa ha dicho que no le va a responder directamente a esas tonterías.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde que inició su pontificado dijo claramente: La paz que les deseo es&nbsp;<strong>“la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante”.&nbsp;</strong>Y, en el mensaje del 1 de enero de este año reafirmó: “<strong>Antes de ser una meta, la paz es una presencia y un camino.&nbsp;</strong>&nbsp;<strong>Es un principio que guía y determina nuestras decisiones”.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, como adivinara lo que iban a hacer los señores Trump-Netanyahu, dijo: “Forma parte del panorama contemporáneo arrastrar las palabras de la fe al combate político y justificar religiosamente la violencia y la lucha armada.<strong>&nbsp;Los creyentes deben desmentir activamente, sobre todo con la vida, esas formas de blasfemia que opacan el Santo Nombre de Dios”.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y remachó en Camerún, hace poco:&nbsp;<em><strong>“¡Ay de quienes doblegan las religiones y el mismo nombre de Dios a sus propios intereses militares, económicos o políticos, arrastrando lo que es santo hacia lo más sucio y tenebroso!”.</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;¿Esto lo hablamos en las iglesias, en las escuelas, en las casas?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>*Este texto fue publicado inicialmente en el sitio web de la Pastoral Social Cáritas Panamá</em>. <em>Esta versión está disponible <a href="https://caritaspanama.org.pa/tres-veces-no/">aquí</a>.</em></p>



<h5 class="wp-block-heading">&nbsp;</h5>
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		<title>La esperanza traspasa muros. Reflexiones sobre la resurrección en la cárcel</title>
		<link>https://jesuitascam.org/la-esperanza-traspasa-muros-reflexiones-sobre-la-resurreccion-en-la-carcel/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[occam]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 02 Sep 2025 16:43:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[José María Tojeira S.J.]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Centroamérica]]></category>
		<category><![CDATA[P. José María Tojeira]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En este texto, P. José María Tojeira, S.J., nos invita...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<div class="wp-block-uagb-advanced-heading uagb-block-a5191330"><h3 class="uagb-heading-text">En este texto, P. José María Tojeira, S.J., nos invita a reflexionar en torno a la pastoral penitenciaria, para solidarizarnos con quienes ejercen esta misión de ayudar a ver las prisiones como ofertas de conversión, de purificación y de esperanza a la luz del Evangelio en nuestros contextos. </h3></div>



<div style="height:68px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="wp-block-paragraph">            Hace siglos, en tiempos de las persecuciones sufridas por el cristianismo, un defensor de la fe llamado Tertuliano, hacía una reflexión sobre las cárceles. Les decía a los cristianos privados de libertad que «fueron a la cárcel para aplastar al diablo, incluso en su casa». Hoy la cárcel, aunque sea necesaria para penalizar el delito, proteger a la ciudadanía y rehabilitar al delincuente, continúa siendo un lugar de sufrimiento. Perder la propia libertad de movimiento y de relaciones, estar separado de los seres queridos, perder o disminuir la capacidad de emprender tareas en favor del propio desarrollo produce dolor, tristeza y angustia. Pero como todo sufrimiento, aun incluso el que ha sido resultado de las propias equivocaciones y malas decisiones, el encarcelamiento supone un desafío para el propio desarrollo como persona con capacidad de ética y opciones morales positivas. Para los antiguos cristianos, detenidos injustamente, era un desafío para permanecer y resistir en la fe. Por eso Tertuliano decía que estaban llamados a vencer al diablo (al mal) en su propia casa. Hoy las cárceles, con sus problemas y dificultades, si están acompañadas por la esperanzan cristiana continúan más fácilmente ofreciendo a quienes la habitan el desafío de recuperar la libertad para vivirla de un modo moralmente sano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La fe cristiana siempre ha visto presente tanto en las circunstancias adversas como en el pecado una oferta de salvación y conversión. Dios siempre nos ama y nos busca, a veces directamente, y en otras ocasiones a través de acontecimientos y personas que se nos acercan. De diversas maneras, tanto desde la oración y el sacramento como desde la presencia amistosa, el consejo y la solidaridad, el mensajero del Evangelio que visita a los privados de libertad les lleva siempre un mensaje de esperanza que queda alojado en su conciencia. Es la palabra del Señor Jesús que sufrió injusticias a causa de su amor a los pobres y sencillos, y que nos muestra el camino de la conversión y del bien. La Iglesia nos recuerda que “la conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que éste se siente a solas con Dios” y escucha resonar su voz. En la obediencia a esa voz que nos llama siempre a la realización de lo bueno reside la propia dignidad humana. Es la misma voz del Señor que dice “vengan benditos de mi Padre porque estuve enfermo o en la cárcel y me visitaron”. Para los cristianos la base de la dignidad humana es la capacidad de todo ser humano de buscar y hacer el bien. Y a todos nos corresponde cultivar esa base en nosotros y en los prójimos, más allá de los fallos o errores que hayamos tenido. Poner semillas de esperanza en la conciencia de quienes sufren la privación de libertad es comenzar su proceso de reconciliación con el mundo en el que viven.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Es normal que el Estado sancione los delitos. Pero a los cristianos nos corresponde ser mensajeros de esperanza. Y la esperanza, si se recibe con un corazón sincero, traspasa los muros de las prisiones en una doble dirección. De fuera hacia adentro de las prisiones, si quienes estamos en libertad confiamos en la capacidad de las personas de recuperar su dignidad y abrirse camino en la vida mirando al bien y a la bondad. Y también desde el interior de las cárceles hacia afuera. Los privados de libertad que experimentan la fuerza del Evangelio y la solidaridad cristiana con ellos, comienzan a ver el mundo exterior de otra manera. No el mundo que los maltrató, incomprendió o empujó hacia el mal, sino el lugar y el espacio donde se puede sembrar amor y donde se cosecha paz. De Jesús se nos dice en el credo que bajó a los infiernos. Es una afirmación que resalta tanto la humanidad de Jesús como su divinidad y su fuerza salvadora. Precisamente desde ahí, desde lo más profundo de la muerte, Jesús resucita redimiendo todo lo que parecía perdido. El pone y da vida allí donde no la había. A nosotros nos toca aceptar la invitación de seguirle.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si la cárcel tiene una especie de dimensión de muerte social, al menos mientras se permanece en ella, la esperanza cristiana salta las alambradas alumbrando el futuro. La gracia del Señor y la conversión son parte de la resurrección del Señor. Quien agobiado por el dolor o por la desesperación, por la frustración o por la propia mala conciencia, descubre en el Evangelio al Señor que es “camino, verdad y vida”, comienza a participar de hecho en la Pascua del Señor y en su Resurrección. Como el desierto, que es lugar de tentación y de cansancio en el caminar, la cárcel puede parecer también un lugar hostil al Evangelio. Pero también como el desierto, puede ser un lugar de purificación, de oración y de esperanza. Jesús aparece en los Evangelios retirándose a lugares solitarios para orar. Quien en el desierto de las cárceles escucha la palabra y descubre que más allá de las tristes historias humanas hay una verdad que nos salva, que nos redime y nos da la capacidad y la fuerza para ser en la propia vida testigos del amor de Dios, empieza ya a vivir en vida la vida de Jesús resucitado y su Espíritu Consolador.</p>



<p class="wp-block-paragraph">            En el jubileo de los presos, celebrado en el contexto del año de la misericordia, el Papa Francisco, todavía vivo, nos decía que “no existe lugar en nuestro corazón que no pueda ser alcanzado por el amor de Dios”. Privados de libertad, familiares y funcionarios de prisiones escuchaban con atención el mensaje papal: “Una cosa -decía el Papa- es lo que merecemos por el mal que hicimos, y otra cosa distinta es el ‘respiro’ de la esperanza, que no puede ser sofocado por nada ni nadie”. Cuando la Iglesia se preocupa por llevar el Evangelio a las prisiones es porque sabe que Dios está siempre con los necesitados. Y con frecuencia los privados de libertad, especialmente en nuestras tierras, bien pueden ser considerados los más pobres de los pobres. Con culpa o incluso sin ella en algunas ocasiones, son personas que hoy sufren después de haber creado sufrimiento a otros. Y la Iglesia, como con frecuencia nos han recordado algunos de nuestros obispos, debe estar donde está el sufrimiento ofreciendo redención y esperanza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">            San Pedro Nolasco y los mercedarios por el fundados, nos recuerdan permanentemente esa obligación eclesial desde hace casi mil años. El Evangelio nos recuerda que la solidaridad con los encarcelados está vinculada a nuestra propia salvación. A todos nos corresponde en esta Centroamérica nuestra, tan golpeada por injusticias sociales, pero también tan llena de hambre y sed de justicia, dar nuestra solidaridad y nuestro apoyo a quienes en la Iglesia desarrollan la pastoral penitenciaria y, con ella, la esperanza de un mundo mejor y más reconciliado. Trabajar en las cárceles, anunciar el perdón y la reconciliación, reintegrar a los golpeados por el pecado y por el mal al dinamismo cristiano de la amistad social, es trabajar en la construcción del Reino de Dios que Jesús inició y que el mismo culminará al final de la historia.</p>
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		<title>San Ignacio de Loyola y la misión de la Compañía de Jesús (Para principiantes)</title>
		<link>https://jesuitascam.org/san-ignacio-de-loyola-y-la-mision-de-la-compania-de-jesus-para-principiantes/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[occam]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 29 Jul 2025 21:01:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Honduras]]></category>
		<category><![CDATA[Ismael Moreno S.J.]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En ocasión de la fiesta de San Ignacio de Loyola,...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h3 style="text-align: center;"><strong><em>En ocasión de la fiesta de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, P. Ismael Moreno, S.J., nos propone la siguiente reflexión en torno a su vida como un verdadero reformador de la Iglesia que, desde su servicio y hasta el día de hoy, nos invita a abrirnos a las realidades humanas y necesidades de los más pobres.</em></strong></h3>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los jesuitas y la Compañía de Jesús nacieron para la Iglesia y la humanidad en 1540 bajo la inspiración de San Ignacio de Loyola, nativo del País Vasco en España, un hombre profundamente religioso y visionario, que supo unir la fe con la historia, la oración con la acción, la gratuidad con la eficacia.</p>
<p>San Ignacio de Loyola puede perfectamente entenderse como un verdadero reformador de la Iglesia, desde dentro de ella. Un servicio que significó un aporte para que la Iglesia se abriera a las realidades humanas y necesidades de los pobres, y a la necesidad de una formación honda en la espiritualidad, la ética y las ciencias filosóficas, humanas y teológicas, con el fin de responder a los grandes desafíos que demandaban los convulsos cambios que operaba la sociedad de aquella época.</p>
<p>Desde los Ejercicios Espirituales, Ignacio de Loyola impulsó una espiritualidad en la Iglesia para discernir los signos de los tiempos y así cuestionar a una institucionalidad eclesiástica que se esforzaba en cerrar sus puertas como respuesta defensiva ante los aires transformadores y cuestionadores del la reforma protestante y de una sociedad europea que se abría a las ciencias, a la explicación de la vida, la naturaleza y la sociedad, ya no solo a partir de lo divino y religioso, sino a partir de la razón. Ignacio de Loyola fue un impulsador del diálogo de la fe con las ciencias, de la fe con la razón, rompiendo así el paradigma eclesiástico de empecinarse en reducir toda explicación de la historia y de los acontecimientos desde una concepción providencialista.</p>
<p>Para la Compañía de Jesús nada de lo humano queda fuera de la misión. No es extraño entonces encontrar jesuitas en parroquias y en universidades, en zonas de alta conflictividad social y política como en universidades, colegios, centros astrológicos y de investigaciones científicas.</p>
<p>Siguiendo la consigna apostólica de Ignacio de Loyola de buscar la Mayor Gloria de Dios y bien de las Almas, los jesuitas, muy pronto, extendieron su misión en la Europa del siglo XVI, especialmente a través del apostolado educativo, y en seguida extendieron su misión a los confines del Japón y de la India por medio de San Francisco Javier, entrañable amigo de Ignacio de Loyola y miembro del grupo fundador de la Compañía de Jesús.</p>
<p>En América Latina fue especialmente destacada universalmente, la experiencia de las Reducciones del Paraguay, una propuesta de evangelización y sociedad alternativa, aunque también polémica, a la propuesta española basada en la esclavitud y la explotación de los aborígenes. La población guaraní desarrolló en muy pocos años sus capacidades productivas, educativas, organizativas y espirituales como muy pocos pueblos lo habrían de lograr en la historia latinoamericana. Una misión igualmente inspiradora fue la de los misioneros jesuitas entre los pueblos originarios de Canadá, así como entre los pueblos de Japón, la India y China, entre otros, una misión que ha dejado como frutos la cristianización y evangelización y el martirio de centenares de jesuitas a lo largo del mundo. Una historia martirial que se ha extendido hasta nuestra historia reciente en África, América Latina, y especialmente en la Centroamérica de los conflictos armados de las últimas décadas del siglo veinte.</p>
<p>Hoy en día la Compañía de Jesús a nivel de todo el mundo define la búsqueda de la mayor Gloria de Dios y bien de las almas como un servicio a la fe y la promoción de la justicia promoviendo la inculturación y la reconciliación en un mundo roto y en conflicto. Aquí en Centroamérica, la Compañía de Jesús concreta esa misión de Fe y Justicia como el escuchar y buscar respuestas a los clamores de las poblaciones marginadas urbanas y rurales en sociedades amenazadas por la alta vulnerabilidad ambiental y social, y atrapadas en dinamismos políticos autoritarios liderados por caudillos, autócratas y crimen organizado. Un jesuita se define a sí mismo como hombre pecador, y sin embargo llamado por el Señor a  consagrarse en una misión eclesial desde las encrucijadas de la historia, la ideología, la política y la cultura, y desde ellas dar testimonio de fe en el Señor Jesucristo.</p>
<p>Un jesuita ha de estar por igual en la disposición de vivir y compartir la vida y angustias de la gente más empobrecida y con esa misma disposición llegar a los centros de decisión mundiales a defender la causa de esa población. Pero si a un jesuita le tocara elegir, sin duda deberá preferir compartir la suerte por entero de la gente que sufre las consecuencias de las injusticias, es decir, situarse siempre desde la periferia como opción de vida. Un jesuita, si de su parte estuviera, debía preferir estar en un campo de refugiados o de migrantes aunque con la obligación de investigar las raíces de la injusticia y a la vez defender la causa de esas poblaciones desde centros sociales o universidades.</p>
<p>Una sola es la misión, una sola es la Compañía de Jesús expresada en diversos apostolados y obras apostólicas. El talante propio de una obra de la Compañía de Jesús, y de cada jesuita, es su apertura, diálogo y complemento a la diversidad de apostolados, a la Iglesia y a la sociedad desde su misión de la fe y la Justicia, la inculturación y la búsqueda de la reconciliación, vivida desde el itinerario espiritual pedagógico que ofrecen los Ejercicios Espirituales, herencia de San Ignacio a la Iglesia. Este servicio apostólico, la Compañía de Jesús, y cada uno de los jesuitas,  lo vive desde las cuatro preferencias apostólicas universales que orientan y dan color a toda la misión: una, desde la espiritualidad basada en los Ejercicios Espirituales; dos, la cercanía a los sectores excluidos y oprimidos; tres, desde las juventudes;  y cuatro, desde el cuidado de la Casa Común.</p>
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		<item>
		<title>Nuestros medios de comunicación y defensa de sectores oprimidos</title>
		<link>https://jesuitascam.org/nuestros-medios-de-comunicacion-y-defensa-de-sectores-oprimidos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[occam]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 15 Jul 2025 15:59:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Ismael Moreno S.J.]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Medios de Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[P. Ismael Moreno]]></category>
		<category><![CDATA[P. Melo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>P. Ismael Moreno, S.J., reflexiona en el siguiente texto sobre...</p>
<p>La entrada <a href="https://jesuitascam.org/nuestros-medios-de-comunicacion-y-defensa-de-sectores-oprimidos/">Nuestros medios de comunicación y defensa de sectores oprimidos</a> se publicó primero en <a href="https://jesuitascam.org">Jesuitas en Centroamérica</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h3 style="text-align: center;"><em><strong>P. Ismael Moreno, S.J., reflexiona en el siguiente texto sobre los cercos mediáticos en nuestras sociedades y el papel de los medios de comunicación de la Iglesia como entes que alimenten la esperanza llevando la verdad a todos los sectores a la luz del Evangelio.</strong></em></h3>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>“Quiero aprovechar para hacer un llamamiento que tantas veces he hecho a mi querido pueblo, que aprenda a leer los periódicos, a oír la radio, a ver televisión. No todo lo que sale en los medios de comunicación social es verdad, hay mucha mentira; hay que tener conciencia crítica para no ser un juguete de quienes manosean, con tanta falta de respeto, la opinión pública”</em>. Estas palabras son textuales de Monseñor Romero pronunciadas en el período de mayor convulsión social y política de la historia salvadoreña. Y sus palabras han sido tan proféticas que valen no solo para aquel tiempo salvadoreño, sino para el tiempo actual de todos nuestros pueblos.</p>
<p>Uno de los rasgos esenciales del contexto continental actual es lo mediático. Usted está en Buenos Aires o en Bogotá, o en México o en Tegucigalpa y leeré o escuchará o mirará una noticia con el mismo enfoque y la misma orientación. Y aunque vea diversos medios, parece que se encuentra en un único medio porque todas las noticas, análisis e interpretaciones se encuentran situados en un férreo cerco mediático continental. Mucha de la agenda política ya no de un país, sino de todos nuestros países se definen con mucha fuerza en las grandes cadenas mediáticas del continente. Usted lee o escucha o ve una noticia sobre Venezuela y es el mismo tratamiento que hace CNN, Univisión, Televisa, Cadena caracol, O Globo, el grupo Clarín o el Grupo Cisneros. Son las cadenas que conforman el cerco mediático continental. Y esto se complejiza con las redes sociales.</p>
<p>Por ello, es tan actual la palabra de Monseñor Romero para nuestro tiempo porque el cerco mediático continental nos dice un tipo de verdad que no representa la verdad de los pobres, sino lo que las élites poderosas quieren que se divulgue. Y desde estos medios se silencia noticias, se destacan noticias con sus personajes, se elevan perfiles o se distorsionan perfiles, se estigmatizan líderes o se justifican matanzas, o se magnifican acciones violentas de manifestaciones populares.</p>
<p>La verdad nos hará libres, nos recuerda el Evangelio de San Juan. Pero esa verdad hay que saberla descubrir o construir, porque mucha gente humilde se traga como verdad lo que se dice en este entramado mediático, de manera que si los medios estigmatizan a una persona luchadora defensora de ríos u opuesta a la explotación minera, presentándola como contraria al desarrollo o revoltosa, entonces mucha gente humilde se traga “esa” verdad como única, y la gente pobre ataca a la gente que los defiende. Es decir, la verdad que imponen los poderosos a través de su cerco mediático acaba aprisionando a los pobres, y en lugar de contribuir a que la gente adquiera su opinión, los medios contribuyen a arrebatar la dignidad a las personas y a las comunidades.</p>
<p>En una sociedad como la hondureña, o guatemalteca, o salvadoreña, el cerco mediático se hace mucho más fuerte por los bajos niveles de escolaridad y de cultura que persiste en la población. De acuerdo a nuestros sondeos de opinión pública, la población que consume noticias es mayoritariamente aquella que ha alcanzado el sexto o el noveno grado. Y consume noticias a través de medios televisivos que destacan el morbo de las noticias sangrientas y viven del negocio de vender publicidad oficial.</p>
<p>Estos medios están atados a la voluntad del gobierno, de la alta empresa privada y distorsionan la realidad para ver como verdad los logros del gobierno y ver a los delincuentes comunes como los principales responsables de la violencia en la sociedad.  En este contexto mediático, es claro que las cadenas mediáticas son las responsables de hacer realidad la política oficial frente a los defensores de derechos humanos: primero, se les ignora, segundo, se busca sobornarlos; tercero, se les estigmatiza hasta desacreditarlos; cuarto, se les criminaliza por terroristas o atentar contra el Estado; y quinto, se les elimina. De manera que los defensores de derechos humanos están expuestos a la voluntad política de quienes gobiernan y los medios de comunicación cumplen esa voluntad política.</p>
<p>¿Cuál ha de ser nuestro papel en una sociedad con fuerte cerco mediático? Sin duda que romper silencios y salir a la escucha de la palabra de la gente. Los medios de la Compañía de Jesús tienen la responsabilidad de hacer realidad lo que nos dice el evangelio sobre la verdad que nos hace libres. Es la verdad que brota de Jesucristo que nos recuerda que hemos de ir más allá de las apariencias. Toca a los medios de la Iglesia y de la Compañía de Jesús construir su propia política mediática, según los criterios del Evangelio, el magisterio eclesial y las preferencias apostólicas universales de nuestra misión. Si los medios están vendidos o sobornados por el gobierno o la alta empresa privada, los medios eclesiales y jesuíticos debían recoger la voz de la gente humilde y de las comunidades. Si el cerco mediático acusa a los defensores de derechos humanos de revoltosos y atentar contra el desarrollo, los medios de la Iglesia ha de saber recoger el testimonio de estos hombres y mujeres que no buscan que los maten, sino que dan cotidianamente su vida por el bien común y porque la justicia brille para toda la sociedad. Los medios de la Iglesia han de ser defensores de los defensores de derechos humanos, y proteger a las comunidades amenazadas.</p>
<p>Algunos dirán que defender a unos sectores es perder la imparcialidad que han de tener los medios. Esto hemos de situarlo en nuestro contexto. Los medios han de buscar la imparcialidad al difundir una noticia sobre la base de una sociedad en donde la gente pobre se encuentra en total desventaja. Los medios de la Iglesia han de seguir el criterio que ha sostenido el magisterio a través de los siglos y que se remonta al Evangelio: Dios ofrece salvación a toda la humanidad, sin distingos, pero situado desde los pobres. La salvación se ofrece a todo mundo, pero desde la defensa de los pobres. No porque los pobres sean mejores o peores, sino porque ellos cargan el peso mayor de la injusticia que existe en la sociedad. No es por asuntos morales, sino de justicia. Así han de ser los medios de la Iglesia, abiertos a toda la sociedad, pero desde la defensa de quienes son víctimas de un modelo organizado en la distribución desigual de las riquezas que en principio deberían ser de toda la sociedad, y no concentrarse aparatosamente en unas pocas familias.</p>
<p>Una última palabra a los medios de la Iglesia. En sociedades deterioradas como las nuestras, los medios de la Iglesia han de tener una programación que alimente la esperanza para toda la sociedad a partir de la realidad clamorosa de quienes más sufren. Es bueno que se busque dar doctrina católica, pero más importante es buscar justicia en toda la sociedad. Es bueno que se transmitan programas religiosos y que se escuchen cánticos o prédicas piadosas o moralistas católicas, pero más importante es que nuestra fe nos impulse a analizar la realidad y transmitirla a toda la sociedad a través de nuestros medios. Nuestro servicio católico habría que ponerlo en la universalidad del servicio mediático. Si dirigimos una programación solo para católicos, seguramente seremos muy piadosos, pero nada garantiza que como católicos estemos comunicando realidades históricas a toda la sociedad. Los medios de comunicación de la Iglesia, y particularmente los de la Compañía de Jesús, están llamados a llevar la señal y comunicar el Evangelio a toda la sociedad a partir de la defensa y protección de los pobres, los preferidos del reino.</p>
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		<title>Actitudes para tiempos de miedos</title>
		<link>https://jesuitascam.org/actitudes-para-tiempos-de-miedos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[occam]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 Jun 2025 15:56:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Centroamérica]]></category>
		<category><![CDATA[Honduras]]></category>
		<category><![CDATA[Ismael Moreno S.J.]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[honduras]]></category>
		<category><![CDATA[Jesuitas Centroamérica]]></category>
		<category><![CDATA[P. Ismael Moreno]]></category>
		<category><![CDATA[P. Melo]]></category>
		<category><![CDATA[RADIO PROGRESO]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>P. Ismael Moreno, S.J., nos ofrece en este texto un...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h3 style="text-align: center;"><em><strong>P. Ismael Moreno, S.J., nos ofrece en este texto un listado de claves para alimentar nuestras esperanzas como cristianas y cristianos en tiempos de miedos, encierros y silencios para seguir trabajando por ser una «Iglesia en salida», como invitó Francisco.</strong></em></h3>
<p>&nbsp;</p>
<p>1.- Actitud esencial de nuestro tiempo: estar pegados a la gente; no sólo en declaraciones, análisis o en proyectos que tienen como destinatario o argumento a los pobres. Es necesario el signo, el sacramento, el testimonio de vida. Disminuir medios que nos separan y establecer puentes que nos vinculen real y físicamente a la gente. Es necesario recuperar la confianza en la gente más pobre. Vivimos defendiéndonos de los pobres. La pauta que define nuestras relaciones y nuestra actividad en la vida pública es la sospecha hacia los pobres. Estas actitudes, que se argumentan en datos objetivos del aumento de la delincuencia callejera, no son sino expresiones profundas de procesos deshumanizadores cuyo detonante no está en la gente pobre, sino en quienes sostienen el modelo de desigualdades y que concentra riquezas en menos personas. Este tipo de desigualdades y exclusiones constituyen el acto estructural de violencia, y muchas veces nosotros acusamos a las víctimas como si fuesen nuestros enemigos, y respetamos hasta el servilismo a quienes tienen el poder de destruir nuestra dignidad humana. Si nos vamos a equivocar que sea entre la gente.</p>
<p>2.- Actitud de apertura a la gracia de la enseñanza cotidiana de los pobres, que tienen una capacidad impresionante para hacer el bien en medio de múltiples adversidades. Aunque muchos sucumben ante la desesperación, la mayoría de la gente resiste haciendo el bien. Es la población común y corriente la que nos enseña el trabajo humilde y austero, la que guarda enormes reservas de bondad, honradez, trabajo y saben transmitirlo a quienes van detrás de ellos. Son ellos, los pobres, los que mantienen la esperanza en este mundo, en medio de sus sudores y dificultades. Desde condiciones a veces infrahumanas, son los pobres los que hacen avanzar los sueños y las esperanzas de toda la sociedad. Mientras la mayoría de los pobres tienden al bien, los líderes y políticos acaban siempre arrodillados ante la riqueza o el poder. Volver los ojos y el corazón a la gente y establecer una relación de confianza es una actitud sin la cual es imposible que nos abramos hacia la construcción de sociedades compartidas y solidarias y a vivir en plenitud nuestra fe en Jesucristo.</p>
<p>3.- A nosotros los cristianos nos toca reafirmar el sentido de la vida sin evadirla, aun en medio de tantas frustraciones acumuladas. En el recuento de su vida, el escritor latinoamericano Ernesto Sabato, confiesa que <em>«es natural que en un mundo  que anuncia catástrofes y que pone las triunfos en vanalidades, la juventud intente evadirse entregándose  al consumo de drogas. Un problema que los imbéciles pretenden que sea cuestión policial, cuando es el resultado de la profunda crisis espiritual de nuestro tiempo»</em>. Mostrar en estos tiempos de triunfalismos falsos que la verdadera resistencia es la que combate por valores que se consideran perdidos, es una tarea que nos atañe directamente. Compartir esta hambre por la dignidad y la justicia es la mayor expresión de dignidad y resistencia ante un mundo que se rinde ante el individualismo y ante las salidas rápidas y fáciles a los problemas.</p>
<p>4.- Rescatar la vida y la memoria de los mártires. Son tantas personas que en el todavía reciente y fresco pasado, dieron su vida por su sueño de hacer brotar una sociedad en la que toda su gente comparte las mismas oportunidades y corre por igual los mismos riesgos. Necesitamos rescatar de los escombros de la historia a quienes nos precedieron en la entrega.</p>
<p>5- Salir del encierro de nuestros templos y seguridades eclesiásticas es una actitud muy propia para la iglesia en estos tiempos. “Ser Iglesia en salida”, nos dejó como invitación el papa Francisco. Encerremos cada vez con más seguridades en nuestras estructuras eclesiásticas, nos empobrece, nos enfría. Nos re humanizamos cuando nos abrirnos generosamente a la realidad cotidiana de la gente sencilla. Situar nuestras propias depresiones y crisis particulares en la angustia y sufrimiento de quienes tienen que luchar todos los días para sobrevivir, y alimentarnos de sus pequeñas esperanzas y de sus amistades a prueba de apariencias y compensaciones, es al final de cuentas, una actitud creyente para seguir apostando por la siempre identidad profética de la Iglesia que nació del Espíritu, la vida y la palabra de nuestro Señor Jesucristo.</p>
<ul>
<li>El desafío de ser Iglesia sencilla. Necesitamos formular, entender y construir hoy, en el siglo veintiuno, la manera más sencilla de ser Iglesia, sin quedarnos viendo hacia arriba, y sabiendo ser conciencia crítica y propositiva en una sociedad pluralista, violentada y compleja. ¿Qué rasgos ha de tener esta Iglesia para saber situarse con sencillez, pero con firmeza, en el centro de las tormentas sociales, políticas y culturales de nuestro tiempo?</li>
<li>Dónde alimentar nuestra esperanza en tiempos de miedos, encierros y silencios: 1) en poner nuestra fe en Dios que escucha clamores, en el Señor de los Amaneceres, que regala claridad a los pueblos que han sufrido largas noches de angustias, derrotas y frustraciones; 2) en la Memoria de mártires, como un aguijón ante nuestras perezas, tibiezas y mediocridades; 3) en la Generosidad de la gente, siempre nos muestra sus puertas abiertas y que cuestiona la cerrazón de nuestras vidas eclesiásticas; 5) en el Trabajo en equipo y la celebración en comunidad; 6) en la Solidaridad y enlaces internacionales de los pueblos; 7) en la Alegría y fiesta, talante de quienes viven sus luchas y entregas, sin dejarse atrapar por desánimos, depresiones y el mal humor.</li>
</ul>
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		<title>En fidelidad evangélica y a tono con las “cosas nuevas” de la historia</title>
		<link>https://jesuitascam.org/fidelidad-evangelica-a-tono-con-las-cosas-nuevas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[occam]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 27 May 2025 15:58:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Ismael Moreno S.J.]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Papa León XIV]]></category>
		<category><![CDATA[Centroamérica]]></category>
		<category><![CDATA[honduras]]></category>
		<category><![CDATA[P. Ismael Moreno]]></category>
		<category><![CDATA[P. Melo]]></category>
		<category><![CDATA[Papa]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>P. Ismael Moreno, S.J., nos invita a reflexionar como fieles...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h3 style="text-align: center;"><em><strong>P. Ismael Moreno, S.J., nos invita a reflexionar como fieles para ser «manos y pies» del Papa León XIV en el seguimiento a las tareas que nos irá regalando en su Pontificado en sintonía con la tradición eclesial, la vocación evangélica y el legado de Francisco.</strong></em></h3>
<p>&nbsp;</p>
<p>El presente siglo está siendo testigo de profundas y constantes transformaciones. Es el siglo de las “cosas nuevas”. Así como lo fue en siglos pasados el invento de la imprenta y los agitados cambios que impactaron a la humanidad con las llamada revolución industrial en la segunda mitad del siglo diecinueve.  Así y todavía con mayor velocidad asistimos a las transformaciones que representan esta era digital, la avalancha de la inteligencia artificial con sus procesos de exclusión de millones de ser humanos condenados a vivir arañando desde las periferias.</p>
<p>El Papa Francisco situó a la Iglesia en estas velocidades tecnológicas y nos colocó con una evangelización que asume las grandes temáticas desde la porción de la humanidad perdedora. Así lo dejó en su magisterio con sus encíclicas y exhortaciones apostólicas. Con ellas y con sus diversas intervenciones, animaciones y sus gestos testimoniales, el Papa Francisco abrió la vida de la Iglesia a las tareas por la paz, el cuidado y defensa de la Casa Común, a una lectura del Buen Samaritano como modelo del compromiso desde la periferia, la denuncia y lucha contra todo tipo de abuso de autoridad, sexual y de poder dentro de la Iglesia y la apertura a la participación de las mujeres en la vida y decisiones en las estructuras eclesiales. Nos convocó a vivir y asumir estas tareas desde la sinodalidad, desde hacerlo y caminar juntos y la horizontalidad.</p>
<p>Al Papa León XIV toca recoger el legado de Papa Francisco y darle su impronta. No esperemos que será igual que su predecesor. Ni lo buscamos ni él lo quiere. Ha de ser él mismo si en efecto busca ser fiel a la tradición y magisterio apostólico dejado por su amigo Francisco. No esperemos el mismo ritmo, sin duda tendremos la serena continuidad de una Iglesia a la que Francisco supo colocar en diálogo con los grandes problemas y temáticas del siglo veintiuno desde el respeto y fidelidad al magisterio eclesial y en última instancia al Evangelio de nuestro Señor Jesucristo.</p>
<p>El Papa León XIV ya tiene su sitio, y confiamos que sabrá estar a la altura del magisterio eclesial y a tono con los signos de los tiempos. Nos toca a nosotros, los fieles, tanto el clero como el laicado, saber encontrar nuestro sitio para estar a tono con el fecundo legado de Francisco y con las invitaciones que nos haga el Papa León XIV. Nos toca ser sus manos y sus pies en el seguimiento de las tareas que nos irá regalando en sintonía con la fidelidad a la tradición eclesial y nuestra vocación evangélica.</p>
<p>Lo cierto es que el Papa León XIV decidió llamarse así inspirado por el magisterio eclesial de su antecesor León XII quien abrió las puertas de la Iglesia a dialogar con las “cosas nuevas” de un mundo industrial en auge y con una clase trabajadora amenazada por las presiones de los altos empresarios industriales, las bajas condiciones salariales y de vida, y por el abandono e indiferencia de la Iglesia. El Papa León XIV tendrá su serenidad en recoger el legado de Francisco. Pero ya nos ha convocado a que estemos “prestos y diligentes” a responder con audacia, creatividad y compromiso apostólico a las “cosas nuevas” del presente siglo.</p>
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		<item>
		<title>Sobre León XIV</title>
		<link>https://jesuitascam.org/sobre-leon-xiv/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[occam]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 20 May 2025 15:58:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[José María Tojeira S.J.]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[José María Tojeira]]></category>
		<category><![CDATA[Papa León XIV]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En este texto, P. José María Tojeira, S.J., nos invita...</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><em><strong>En este texto, P. José María Tojeira, S.J., nos invita a profundizar en la figura del Papa León XIV, religioso agustino de hondo sentido pastoral. Reflexiona, también, sobre los desafíos que encuentra al asumir su Pontificado y la importancia de la confianza en Dios y el diálogo con el mundo en su misión.</strong></em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cada día salen nuevas noticias y nuevos datos sobre el Papa León. Las fuentes son muy diversas. Algunos cardenales amigos del Papa Francisco se expresan sobre él con confianza y alegría. Los peruanos que lo conocieron como sacerdote y obispo en Chiclayo están felices. Los frailes agustinos se alegran recordando sus visitas tanto de Provincial como en calidad de General de la Orden. Uno de sus hermanos biológicos ha hablado con sencillez y simpatía sobre él. Es moderado, dijo, pero libre, valiente y no se calla ante las injusticias. En sus primeros discursos se echa de ver claramente que tiene un hondo sentido pastoral, una preocupación clara por impulsar relaciones de paz y solidaridad en el mundo y una gran claridad sobre la situación de cómo la política de los países poderosos y las guerras crean graves problemas a la fraternidad y la convivencia humana.</p>
<p>Su experiencia como obispo y su paso como cardenal prefecto de la Congregación de Obispos le ayudará sin duda en el trabajo de reforma eclesial. Nombrado a los 69 años, dispone de la energía y los años para emprender trabajos y reflexiones que sigan marcando la vida de la Iglesia a largo plazo. Es hombre del Concilio Vaticano II y sabe que el Concilio encierra dinamismos y posibilidades todavía no adecuadamente aprovechadas. La sinodalidad de Francisco no es sino una manera de impulsar el dinamismo del Concilio que nos recuerda a todos que somos Pueblo de Dios y que como miembros de un mismo pueblo, debemos caminar juntos dialogando con el mundo y trabajando en la construcción del Reino de Dios hasta que el Señor, al fin de los tiempos, lo lleve su plenitud. Un camino conjunto, “con un solo corazón y una sola alma puestos en Dios”, como dice la regla de San Agustín, en el que todos avanzamos superando las diferencias marcadas por la cultura, por el género o por las estructuras sociales, como ya sugería San Pablo en Gal 3, 28.</p>
<p>Otro dato interesante pero poco hablado es que el Papa León es religioso agustino. En otras palabras, seguidor de Jesús desde la profundidad del pensamiento de un santo, San Agustín, que vivió a caballo del siglo cuarto y quinto, e iluminó y continúa iluminando a la Iglesia en la búsqueda insaciable del encuentro con Dios. Un hombre siempre en búsqueda que hablando de Dios decía “busquemos como buscan los que aún no han encontrado y encontremos como encuentran los que aún han de buscar”. Si Agustín tuvo que luchar con la prepotencia elitista de quienes se sentían por encima de la gracia de Dios y de las personas sencillas (la herejía pelagiana), al nuevo Papa le tocará enfrentar también a quienes dividen al mundo en superiores e inferiores y piensan que las armas, la riqueza o la fama puede sustituir en la historia al amor de Dios manifestado en Jesucristo. La confianza en Dios y la capacidad de dialogar con el mundo y con la historia que brotan del pensamiento de San Agustín darán sin duda un plus de enriquecimiento a la la Iglesia a través de León XIV.</p>
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		<title>P. Rodolfo Cardenal SJ: “En la iglesia que imaginó el Papa Francisco todos tienen cabida”</title>
		<link>https://jesuitascam.org/p-rodolfo-cardenal-sj-papa-francisco/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[occam]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 30 Apr 2025 21:15:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Papa Francisco]]></category>
		<category><![CDATA[Centroamérica]]></category>
		<category><![CDATA[El Salvador]]></category>
		<category><![CDATA[Jesuitas Centroamérica]]></category>
		<category><![CDATA[Rodolfo Cardenal]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En esta entrevista para El Diario de Hoy, en El...</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3 style="text-align: center;"><em><strong>En esta entrevista para El Diario de Hoy, en El Salvador, P. Rodolfo Cardenal, S.J., reflexiona sobre los aportes concretos y el legado de Francisco, la incidencia del ser jesuita y de la tradición latinoamericana en su Pontificado y el futuro de la Iglesia en el marco de la elección de su sucesor.</strong></em></h3>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Por Oscar Picardo Joao, Director editorial El Diario de Hoy (EDH)</em></p>
<p><em>Se cierra una importante etapa en la iglesia católica con Francisco ; un Papa sencillo, humanamente reformador, espiritualmente conectado con la gente; más allá de los innumerables videos, fotos, textos, audios que han circulado en las redes sociales, con muestras de nostalgia y afecto, El Diario de Hoy buscó una interpretación más profunda de lo que significó su paso por la iglesia, y entrevistamos al Padre Rodolfo Cardenal SJ, Director del Centro de Monseñor Romero, de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA), con quien abordamos, también, otros temas de coyuntura eclesial.</em></p>
<p><strong>EDH ¿Cómo definiría el legado del Papa Francisco en pocas palabras?</strong></p>
<p>RC: El legado de Francisco supuso recuperar lo que se abandonó del Concilio Vaticano II. No se trataba para él repetir lo que había dicho el Vaticano II, sino de retomarlo de modo actualizado con la situación actual. Por eso en sus intervenciones escritas y habladas aparece de muchas maneras la realidad del mundo en este momento. A eso le agregó un toque latinoamericano. La “la teología del pueblo” lo que se ve reflejado en el tema de la sinodalidad, a nivel teológico pastoral, y también en su cercanía con el pueblo. Hasta el último momento se vincula con la gente, el último paseo por la plaza de San Pedro y después muere. Esto está recogido en la Conferencia Episcopal de Aparecida, donde él fue el responsable de ese documento; pero tiene una larga tradición en América Latina desde las Conferencias Episcopales de Medellín, Puebla y Aparecida. Entonces, le da ese toque latinoamericano al pontificado.</p>
<p>El legado de Francisco también implica encarnar el Evangelio en los problemas del mundo, las guerras, la creación, los pobres, el capitalismo un neoliberal salvaje; y hacia dentro de la iglesia, ya que heredó graves problemas que le dejó el Papa Benedicto, los temas de pederastia o corrupción económica dentro del Vaticano, y bastante hizo para poner orden en las finanzas del Vaticano y una lucha que solo comenzó contra el fenómeno de la clericalización. Dicho brevemente, el P. Rutilio Grande decía a los seminaristas que no iban a ser caciques, que eran pastores. Bien, esto es fácil decirlo, pero con una estructura tan compleja de tanta historia, la de luchar contra la clericalización es una tarea pendiente.</p>
<p><strong>EDH: A su juicio ¿cuál es el principal aporte del Papa Francisco en el contexto de su papado?</strong></p>
<p>RC: El tema de la pobreza en un escenario de un capitalismo neoliberal salvaje es muy relevante. Esto lo dice el Papa en muchas intervenciones, ya que la pobreza genera migración, un tema muy actual. Francisco, el primer viaje que hace como Papa es a Lampedusa, en el Mediterráneo, donde llegan los emigrantes del África. Y los emigrantes los tuvo presentes todo el tiempo y abogó por ellos. Y junto con eso la paz en el mundo.</p>
<p>Siempre tuvo presente los conflictos; habló contra la industria de armamento, que es la que hace negocio con las guerras; abogó por la paz hasta el último día, y precisamente la guerra es lo que crea pobreza y es lo que genera migración.</p>
<p><strong>EDH: ¿Cómo incidió su ser jesuítico en el estilo de papado?  </strong></p>
<p>RC: Yo diría que en su formación; una formación sólida, no es una formación, como dice un teólogo que analiza, no es una teología revolucionaria extremista, pero es una teología muy evangélica, muy pastoral en la que el perdón de Dios es para todos y que todos, absolutamente todos, dentro de la iglesia que imaginó el Papa Francisco, todos tienen cabida; y que los clérigos, los jerarcas no somos nadie. Por lo tanto, esa formación sólida tiene, además una gran cultura literaria y cinematográfica. Lo anterior se ve en sus memorias y en sus escritos; esa formación jesuítica disciplinada, es notoria en cómo estructura sus homilías. Siempre habla de tres puntos y suele escoger tres verbos. Y a partir de eso esos tres verbos elabora la homilía, el Ángelus o el discurso.</p>
<p>También me parece que, algo menos conocido como jesuita, sobre todo como Maestro de Novicios o Provincial de los jesuitas, fue un tanto autoritario o muy duro; y por esa experiencia la pasó muy mal; después de ser Provincial, lo pasaron a Córdoba, estuvo en una especie de exilio. También estuvo en Alemania, luego regresó y eso le dejó huella. Él pidió perdón muchas veces siendo Papa, y antes también. Esa experiencia está reflejada en su interés en la sinodalidad, el diálogo, el consenso y la paciencia, aspectos muy marcados en su personalidad. Los puso a prueba al enfrentarse con los sectores de la Iglesia que se oponen a su manera de entender la iglesia y la forma de vivir el Evangelio.</p>
<p><strong>EDH: Habiendo sido muy relevantes sus aportes en materia de reforma eclesial, medioambiente e inclusión ¿qué desafíos deja para el futuro de la iglesia, para el Cónclave y para el próximo Papa?</strong></p>
<p>RC: A mi juicio el mayor desafío es mantener su línea. Porque Francisco comenzó a volver a las raíces del Vaticano II, pasando por Pablo VI y Juan Pablo II, volvió a la tradición conciliar. Pero Francisco apenas comenzó, a pesar de haber estado más de 10 años, no le dio tiempo de terminar lo que inició precisamente por ese método suyo de consensuar y por la resistencia. Hay mucha resistencia en el episcopado, incluso en un tema tan inmoral como el de la pederastia; también en el tema de la guerra, encontró mucha resistencia. Recordemos que hay jerarcas que bendicen armamento. Ya se observan en las tres corrientes que se perfilan en el cónclave: Una, que quiere continuar con Francisco; aunque pensar que el que viene tiene que ser igual a Francisco es un error, eso no va a ser así.</p>
<p>El impacto que ha tenido el fallecimiento de Francisco es impresionante, las masas que se han volcado, tanto en el funeral como en el velatorio, es un “signo de los tiempos” que los Cardenales deben ver. Incluso, hay mucha gente que dice yo soy ateo, pero a mí la figura y lo que enseñó Francisco a mí me ha llegado. Entonces conseguir eso cuando hay un sector de la jerarquía que se queja de la secularización, de la poca fe, de la poca concurrencia a los sacramentos, es de reconocer que Francisco marcó una línea.</p>
<p>Pero por otro lado hay otro sector poderosísimo que quiere volver a un tipo de pontificado como el de Juan Pablo II o incluso como el de Pío XII, porque les parece que están en posesión de la verdad, que la verdad la tienen ellos y que la verdad es hacer como ellos dicen. Por lo tanto, quisieran revertir lo de Francisco; y finalmente, hay un sector intermedio, probablemente a mí no me extrañaría que escogieran a un Papa de este sector. Podría pasar que en el Cónclave escogieran un papa que no se opusiera a la línea de Francisco, pero que se distanciara un poco, y al mismo tiempo que tranquilizara a esas mentes, corazones endurecidos, clericales, que tienen nostalgia del pasado. Para algunos de ellos, la tradición comienza en el concilio Vaticano II de finales del siglo XIX, es decir, anulan diecinueve siglos de historia. Otros colocan la tradición en el concilio de Trento del siglo XVI, con lo cual suprimen dieciséis siglos.</p>
<p><strong>EDH: Desde la iglesia y la teología en Centroamérica ¿Francisco fue un Papa liberador?</strong></p>
<p>La palabra liberador se puede entender mal, porque se suele confundir con la política izquierdista o revolucionaria. Yo pienso que Francisco fue un papa muy latinoamericano, en la mejor tradición latinoamericana, es decir, Medellín, Puebla y Aparecida, que lleva su huella. El impulsa la “teología del pueblo”, que es muy argentina, y se nota en Aparecida. Francisco legitima y reformula la teología de la liberación, y le propone al episcopado, no solo al centroamericano, sino latinoamericano, por dónde tiene que ir. A mí me parece que un ejemplo de esa nueva vida eclesial es el la Amazonía.</p>
<p>De la Amazonía se habla poco, pero está avanzando sobre las líneas de Francisco de una manera sorprendente. También algunos algunos sectores en la iglesia argentina y brasileña por lo que entiendo; pero supone un cambio de mentalidad muy grande; y sobre todo cambiar la formación de los seminarios. Porque si no cambiamos la formación de los seminarios, la clericalización va a seguir. Uno de los grandes problemas que tuvo el P. Rutilio Grande con el episcopado de su época, cuando lo propusieron como rector del seminario y los obispos lo rechazaron, fue su lucha contra la clericalización de los futuros sacerdotes. Rutilio quería una formación abierta. Quería que las puertas del seminario se abrieran y que el pueblo entrara en el seminario. Bien, no lo dejaron.</p>
<p>Entonces, aquí hay un punto clave y de gran oposición y resistencia de los episcopados a abrir la formación. Es lo que Francisco pidió, y al final hay una instrucción sobre la formación de seminarios. Todo se juega en la formación de los futuros sacerdotes.</p>
<p><strong>EDH: Vivimos un contexto complejo de incertidumbre política y económica, una vuelta al conservadurismo y a los autoritarismos ¿qué debe o puede hacer la iglesia en este escenario?</strong></p>
<p>RC: La iglesia, según las pistas de Francisco, debe ser profeta. Es paradójico, y la prensa católica lo ha destacado, que los epulones de este mundo hayan estado en primera fila en el funeral. Pero también estuvieron los pobres, al final, los preferidos de Francisco. Ahí estaban todos los poderes de este mundo, incluso los que están en guerra entre ellos. Se vieron obligados a ir y a estar en primera fila.</p>
<p>El desafío que les deja a Francisco es terminar con la guerra; hay que terminar con la pobreza; hay que terminar con el hambre; la migración tiene que ser manejadas de manera humana. Por otro lado, la proliferación de los neofascismos o de los populismos neofascistas la encontramos en todos lados. Esta tendencia promueve el miedo, la gente tiene miedo. Ya pasó con el nazismo y pasó también con Mussolini. Pensaron que vivirían mejor. No resolvieron nada, hubo guerra. Por tanto, si queremos terminar con esto hay que hacer reformas de carácter socioeconómico, hay que redistribuir el ingreso, revisar la fiscalidad, evitar el gasto superfluo y aumentar el gasto social, evitar el despilfarro, etcétera.</p>
<p>Pero los poderosos de este mundo, los que aspiran a tener poder, cultivan el miedo, el odio; basta ver las redes sociales. Y la gente cree que con eso resuelven sus problemas. El odio, el deseo de venganza y el insulto no resuelven nada, porque no hay discusión de nada y piensan que ellos tienen la razón. Francisco sostiene: «Miren, por ahí no vamos a ninguna parte.» Hay que saber dialogar, hay que saber encontrarse, hay que saber encontrar coincidencias. Francisco ha dado el ejemplo en diferentes contextos.</p>
<p><strong>EDH: Finalmente, ¿cómo evalúa el rol de la iglesia salvadoreña en el complejo contexto actual –frente a la minería, el autoritarismo y la situación económica-?</strong></p>
<p>RC: La iglesia salvadoreña desde la década de 2010 se ha opuesto a la minería metálica con mucha fuerza. Eso está en las enseñanzas de Francisco, que llamó a cuidar  la casa común. La encíclica más importante sobre ecología es “<em>Laudato si</em>’”. El pueblo ha tomado como bandera la defensa del medioambiente, no solo los jerarcas y sacerdotes, el pueblo mismo han decidido defender el medioambiente salvadoreño tan deteriorado y tan maltratado, frente al afán de dinero, a la avaricia y la ambición.</p>
<p>También ese pueblo de Dios, me parece a mí, ha recobrado su voz para protestar por la injusticia del sistema carcelario de Bukele; por la injusticia de los feminicidios, por la injusticia de los desaparecidos, por la injusticia que hay del desempleo, por la injusticia contra el comercio informal. Han creado dos sociedades: La del centro histórico y la de la costa, que es una vitrina, y después el resto del país. Este resto, que es la mayor parte, es chocante y por eso, claro, no se lo enseñan a los turistas. Ahí se encuentra verdadero país, unas cuadras más allá del centro o la zona rural, ahí encontramos desempleo, un sistema de salud colapsado, un sistema educativo paralizado. Y si queremos un signo o una señal ahí está la obra de Los Chorros, es emblemático. Los derrumbes son falta de previsión, falta de tecnología y falta de buen gobierno. Es comprensible que guarden silencio y disimulen.</p>
<p>A veces se oye mucho que la comunidad internacional debiera hacer algo para solucionar la crisis nacional. Un algo que no puede ni va a hacer. El cambio está dentro. El cambio tiene que venir de dentro. Si la sociedad o el pueblo de Dios, hablando en términos teológicos, no se posesiona de su papel y no habla, esto no tiene salida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>*Foto de cabecera: cortesía EDH</em></p>
<p>La entrada <a href="https://jesuitascam.org/p-rodolfo-cardenal-sj-papa-francisco/">P. Rodolfo Cardenal SJ: “En la iglesia que imaginó el Papa Francisco todos tienen cabida”</a> se publicó primero en <a href="https://jesuitascam.org">Jesuitas en Centroamérica</a>.</p>
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		<title>“Con el Papa Francisco se ha mostrado el rostro humilde de la Iglesia”</title>
		<link>https://jesuitascam.org/con-el-papa-francisco-se-ha-mostrado-el-rostro-humilde-de-la-iglesia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[occam]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 25 Apr 2025 20:59:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Ismael Moreno S.J.]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Centroamérica]]></category>
		<category><![CDATA[P. Ismael Moreno]]></category>
		<category><![CDATA[Papa Francisco]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>P. Ismael Moreno, S.J., reflexiona en este escrito sobre el...</p>
<p>La entrada <a href="https://jesuitascam.org/con-el-papa-francisco-se-ha-mostrado-el-rostro-humilde-de-la-iglesia/">“Con el Papa Francisco se ha mostrado el rostro humilde de la Iglesia”</a> se publicó primero en <a href="https://jesuitascam.org">Jesuitas en Centroamérica</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><em><strong>P. Ismael Moreno, S.J., reflexiona en este escrito sobre el pontificado de Francisco en un contexto de ebullición social a escala global. Recuerda, también, su espiritu de reforma, de escucha, de apertura con las periferias y el legado que dejó a América Latina y a Centroamérica.</strong></em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>El Papa Francisco murió la mañana del 21 de abril de 2025 a sus 88 años, después de 12 años de pontificado y un legado espiritual, político, social y humano que ha marcado la vida de la iglesia y de toda la humanidad que creyó en un proyecto apostólico al servicio de los «descartados», de las víctimas de las guerras, de los migrantes, de los oprimidos. Un Papa que se acercó a la juventud y les pidió «hacer lío» e ir contracorriente en un mundo cada vez más indiviualista. Compartimos esta reflexión escrita previo a su muerte, destacando el caminar de Francisco y las tareas que deja su trabajo apostólico en 12 años de muchas crisis mundiales.</em></p>
<p>Cuando el Papa Francisco cumple 88 años de edad y 12 años de pontificado, millones de personas han experimentado la dimensión de misericordia esencial en la misión evangelizadora de la Iglesia, porque es la dimensión del Evangelio. Muchísima gente regresó, volvió a mirar y a acercarse a la Iglesia y ha vuelto a creer en ella a la que experimentaron no solo distante, sino fría, calculadora e implacable y hasta cruel con quienes se salen de la ortodoxia.</p>
<p>Francisco también es el papa de la reforma, es quien más ha actualizado en la Iglesia los documentos y el espíritu del Vaticano Segundo. Del papa San Juan XXIII –el papa bueno– se dice que abrió las ventanas de la Iglesia para que entrasen los aires de la sociedad, y así la Iglesia pudiera dialogar con la humanidad. De Francisco se puede decir que ha abierto las ventanas y todas las puertas de la Iglesia no solo para que entren los aires de la sociedad, sino para que la Iglesia salga a las calles, al encuentro con una sociedad cada vez más escéptica, más compleja, más pluralista. Y metida a fondo en la sociedad, la Iglesia adquiera capacidad y testimonio para comunicar la Buena Noticia desde las periferias, desde la gente que se ha quedado en los márgenes de la sociedad, desde la gente que ha sido desechada, “descartada” por una sociedad atrapada en una economía productora de injusticias y desigualdades.</p>
<p>Francisco es un auténtico reformador de las estructuras de la iglesia, y en doce años se ha dedicado a recuperar la verdadera dimensión comunitaria de la Iglesia, no sin notables y férreas resistencias de parte de altas jerarquías que adversan y han llegado a convertirse en enemigas del mensaje y propuestas del papa. Francisco está animando a toda la iglesia a recuperar su poder originario que reside en la comunidad de fieles, porque a lo largo de muchísimos años, esa realidad originaria ha sido sustituida por la institución en tanto dimensión visible. Las reformas al interior de la Iglesia buscan no solo hacer cambios en la institución, sino retornar a esa comunidad de fieles como realidad originaria y esencial de la Iglesia.</p>
<p>La institución eclesiástica ha centrado en sí misma el poder y ha relegado a la comunidad de fieles. Con Francisco lo que se ha iniciado es un proceso de reformas al interior de la Iglesia que busca no solo hacer cambios en la institución, sino retornar a la comunidad de fieles como poder originario, como realidad originaria y esencial de la Iglesia. Sin este retorno a esa realidad originaria, todas las reformas institucionales serán pasajeras y al final volverán a reforzar un poder que sustituye a la comunidad.</p>
<p>Hemos de aceptar que Francisco llegó al papado en el momento seguramente de mayor crisis de la Iglesia, al menos del último siglo. Nunca como en este tiempo había caído tanto el catolicismo en el mundo así como la credibilidad en sus más bajos niveles de la imagen de la Iglesia, especialmente por los escándalos de la pedofilia. De igual manera, Francisco es elegido en un momento en que la corrupción, la desviación y lavado de dinero, finanzas oscuras y en general una tendencia de luchas miserables por el poder y dineros había invadido a importantes esferas dentro de la curia vaticana.</p>
<p>¿Qué ha hecho Francisco? Se ha acercado a la vida, necesidades, alegrías, sueños y angustias de los pueblos. Ha destacado la dimensión pastoral de la Iglesia. Está dando respuestas pastorales de misericordia y no tanto doctrinales ante lo que aqueja a tanta gente. Ha reintroducido en la agenda eclesial temas que estaban desaparecidos, como el tema de la justicia social, opción por los pobres, las temáticas sexuales. Recupera la actitud y el espíritu del Vaticano Segundo han sido divisas de la misión apostólica de Francisco.</p>
<p>Francisco ha unido la palabra con los hechos. Está haciendo grandes cambios, y ha logrado recuperar la credibilidad de la Iglesia ante amplios sectores de la sociedad que habían dejado de creer en ella. Francisco ha despertado las esperanzas perdidas de muchísimas personas, y se ha constituido en la persona con más simpatía y exigencia que existe en el planeta y con una palabra que está en plena sintonía con la tradición y la dimensión profética de la iglesia. Francisco es el gran profeta de nuestros tiempos. Basta leer su Encíclica “laudato si” para saber que en él no hay realidades distintas, que lo humano, lo ambiental y lo divino son una misma realidad. La defensa de los oprimidos, la defensa de la madre tierra y la búsqueda de la gloria de Dios es un único compromiso cristiano.</p>
<p>Francisco está impulsando reformas, transformaciones proféticas y muchas de sus reformas todavía no han llegado hasta abajo. Siguen muchas diócesis y parroquias como si el papa no hubiese dicho nada, como si no existiera. El papa Francisco ha dicho que las diócesis, que las parroquias no deben ser aduanas, que ponen tantas trabas, requisitos a la gente que hace muy complicado la administración de los sacramentos. La Iglesia debe facilitar el acceso de los sacramentos a toda la gente. Sin embargo, muchas diócesis y parroquias siguen ancladas en sus requisitos burocráticos como si nunca hubiesen oído las palabras del papa Francisco.</p>
<p>Algunos piensan que Francisco está muy solo, y que eso podría estar en la base para que se tarde la implementación de sus reformas. Y no pocos con poder en el Vaticano están empujando para paralizar y echar marcha atrás a dichas reformas, porque así como Francisco tiene enormes simpatías, así tiene detractores activos y militantes. Una señal de su identidad profética. Él necesita construir una estructura que lo fortalezca. Recordemos que Jesús dijo que nadie es profeta en su tierra.</p>
<p>Desde las comunidades, desde la base nos toca ser los pies y los brazos de Francisco, y hemos de apoyarlo para que no solo no se sienta solo, sino que se sienta fortalecido por nosotros, por las diócesis, las parroquias y la feligresía. El papa Francisco necesita de nosotros, él está siendo atacado por sectores muy poderosos conservadores, y hasta se dice que podrían existir planes para asesinarlo, como ha ocurrido con los grandes profetas, como Monseñor Romero. No en vano Francisco ha encontrado una gran inspiración en la vida y palabra de San Óscar Romero, mártir y santo de los pobres.</p>
<p><strong>Tres tareas, entre muchas</strong></p>
<p>El papa Francisco, a lo largo de su pontificado, ha acentuado preocupaciones universales, de las cuales acentuamos en esta ocasión tres grandes temas que para nosotros son tres grandes tareas para el año 2025.</p>
<p>Primera tarea: que la Iglesia sea Iglesia de los pobres y para los pobres, es decir que su misión se identifique con quienes son “descartados” por el sistema. Una Iglesia identificada con las víctimas de este mundo; que predique con el ejemplo desde la austeridad, la solidaridad y el desprendimiento; que denuncie un mundo basado en la codicia y el afán de poseer por encima de la dignidad humana, y que ilumine hacia caminos que tengan a la persona como el fin supremo y en plena armonía con la naturaleza. Esto supone, de acuerdo con el Papa salir al encuentro de las víctimas y caminar junto a ellas para que dejen de serlo.</p>
<p>Caminar con los migrantes en los diversos corredores establecidos por ellos como el paso tantas veces mortal de África a Europa, o el recorrido de la llamada frontera vertical de Centroamérica y el largo y difícil trayecto del territorio mexicano, o el recorrido de poblaciones que cruzan el océano viniendo de África y se juntan con los suramericanos y les toca cruzar el amenazante tapón del Darién, y que tras cruzarlo se encuentran con las extorsiones delincuenciales y de agentes del Estado, especialmente cuando cruzan territorio hondureño. Caminar junto a las poblaciones migrantes y los que son víctimas de los desplazamientos forzados por el control de territorios para negocios por parte de empresas extractivas, o por la violencia y amenazas del narcotráfico, es el modo eclesial de encarnar la opción preferencial por los pobres en este segmento del siglo veintiuno.</p>
<p>Segunda tarea: la defensa, cuidado y protección de la naturaleza y de todos sus bienes. El Papa llama a nuestro planeta, “nuestra casa común”. Para la humanidad esta temática dicha por el máximo responsable de la Iglesia es una auténtica buena noticia, porque ofrece la oportunidad real de denunciar a países ricos y a multinacionales que, con sus aliados internos en cada uno de los países empobrecidos, se afanan en convertir todo lo que es riqueza natural en negocios y en dinero, y junto con la industria extractiva se convierten en tareas eclesiales, y no solo luchas marginales de unas cuantas personas. Defender el agua y a quienes defienden los ríos así como proteger los bosques y luchar en contra de las legislaciones que buscan legalizar la depredación y explotación indiscriminada de los bienes naturales por parte de las multinacionales. No queda ninguna duda: Francisco emergió y se sitúa en la dimensión social de la misión evangelizadora de la Iglesia.</p>
<p>Tercera tarea: lucha por la paz en un mundo atrapado en ambientes de violencia, tarea que se acentúa con la guerra en Ucrania. Francisco es el heraldo de la lucha por la paz, es la voz persistente en una guerra como la de Ucrania en donde los corazones de los grandes líderes de los países ricos están endurecidos. Luchar por la paz se ha de expresar en la lucha por contrarrestar los factores dinamizadores de la violencia y la inseguridad, como el modelo económico y la conformación de estructuras de poder que han usado el Estado y sus bienes para sus intereses particulares, como ocurre en Honduras, Centroamérica y México. Luchar por la paz es luchar por una legislación agraria que transforme la actual tenencia de la tierra; es definir nuevas coordenadas fiscales que aseguren que la gente tribute al Estado conforme a sus ingresos, ganancias y propiedades; luchar por la paz significa desactivar todos los factores que dinamizan la brecha entre ricos y pobres, la corrupción e impunidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>“Recen por mí”</strong></p>
<p>Con el Papa Francisco se ha mostrado el rostro humilde de la Iglesia. “Recen por mi”, insiste Francisco, y la gente siente que lo dice desde la hondura de su corazón. No son palabras, son necesidades profundas de un Papa que se ha llamado a sí mismo pecador. Cuando hizo la visita al Congreso de los Estados Unidos se llamó a sí mismo un inmigrante y por eso hacía suyos los sentimientos y angustias de la población que llegó a tierra estadunidense para mejorar su situación, y hoy es tratada con discriminación. «Les hablo como hijo de inmigrantes, como muchos de ustedes que son descendientes de inmigrantes», les dijo a los congresistas, muchos de los cuales se han opuesto férreamente a una legislación de respeto y dignidad para la población inmigrante.</p>
<p>“Tratemos a los demás con la misma pasión y compasión con la que queremos ser tratados», les recordó el Papa a los políticos de Estados Unidos, mientras también les decía que la economía no podía ponerse por encima de la dignidad humana, ni mucho menos poner el poder y la fuerza al servicio de la dominación de los pueblos. “No al tráfico de armas”, dijo con fuerza a los máximos dirigentes políticos de los Estados Unidos, mucho antes de que se desatara la guerra en Ucrania en donde el gobierno de los Estados Unidos ha comprometido enormes recursos en armas para apoyar una guerra que, como lo dice Francisco, es la tercera guerra en pedacitos.</p>
<p>La palabra de Francisco adquiere mayor peso porque está acreditada con el ejemplo, porque se sostiene en su reconocimiento de que en la Iglesia hay pecado, y hay necesidad de conversión y de cambios profundos. El Papa Francisco se ha acercado a la vida, necesidades, alegrías, sueños y angustias de los pueblos. Esto lo dejó patente en sus viajes, como los realizados a Cuba y a Estados Unidos. Ha destacado la dimensión pastoral de la Iglesia. Está dando respuestas pastorales de misericordia y no tanto doctrinales ante lo que aqueja a tanta gente.</p>
<p>Desde las comunidades, desde la base nos toca ser los pies y los brazos de Francisco, y hemos de apoyarlo para que no solo no se sienta solo, sino que se sienta fortalecido por nosotros, las parroquias y la feligresía. El papa Francisco necesita de nosotros, él está siendo atacado por sectores conservadores muy poderosos, como ha ocurrido con los grandes profetas, como San Óscar Romero. Nosotros tenemos que impulsar en nuestras parroquias la dimensión profética de Francisco. Leer y estudiar sus escritos, saber divulgar sus palabras. Ser su garganta, sus micrófonos. Y no dejarnos atrapar por los falsos aduladores que existen a muchos niveles, que dicen ser seguidores de sus palabras, pero con sus gestos, prácticas y compromisos, lo niegan.</p>
<p><strong>Francisco y la ternura de su misión</strong></p>
<p>Es cierto que Francisco es un aire muy fresco en una Iglesia que mantuvo mucho tiempo sus puertas cerradas, viéndose a sí misma, contemplándose, viendo pasar lo que estaba ocurriendo en el mundo sin implicarse más que para aliarse con los poderes. Es cierto que Francisco ha hecho historia en doce años de pontificado, y ha despertado simpatías en toda la sociedad, incluso entre sectores que no solo se alejaron de la Iglesia, sino que han renegado de ella y han vivido confrontados. Es cierto, todo eso, sin embargo, nada de todo eso es todavía una realidad segura mientras los que tienen responsabilidades dentro de la estructura de la Iglesia no sigan el ejemplo de Francisco y realicen transformaciones directas en sus diócesis, mientras no haya cambios reales en la práctica pastoral de diócesis y mientras sus más cercanos colaboradores pasen del aplauso a los cambios personales.</p>
<p>Los signos evidentes de que las palabras, los gestos y decisiones de Francisco comienzan a ser realidad, se verán en el comportamiento y relación que los grupos de poder tengan con las jerarquías nacionales. Hay jerarcas católicos que mantienen una crítica muy general a los problemas de la sociedad, cuestionan y rechazan la corrupción y la injusticia. Sin embargo, su relación con los que sostienen los poderes injustos y corruptos es de mucha cercanía, y de constantes alabanzas y elogios mutuos. Hay jerarcas de nuestra Iglesia muy finos para rechazar el mal del mundo, pero igualmente finos en el trato cercano con los altos responsables de la política y la economía. Las críticas a los Estados que hacen daño a los pobres son muy notables, pero igualmente notable es la cercanía con altos militares, y en no pocas ocasiones aparecen en liturgias públicas profundamente unidos y en estrecho abrazo de compadrazgo con quienes tienen notables historias de dudosos compromisos con hechos delictivos, criminales y corruptos.</p>
<p>Cuando esta relación entre los pastores nacionales o locales de la Iglesia con quienes tienen poder en el país comience a ser incómoda, entonces podemos comenzar a pensar que los sueños de Francisco van haciéndose realidad.  Cuando los grandes políticos y altísimos empresarios comiencen a ver con malos ojos a un obispo o cardenal por lo que dice y hace, cuando comiencen a decir que están equivocados y que están confundiendo a la gente por lo que hacen y dicen, entonces, podemos experimentar que las transformaciones que promueve Francisco comienzan a pasar del aplauso a los compromisos concretos. Cuando los pastores de la Iglesia comiencen a ser vistos con desconfianza por parte de quienes detentan el poder, y cuando comiencen a recibir menos invitaciones a bendiciones públicas por temor a que los pastores les digan las verdades en público y de manera directa, entonces, el proyecto eclesial de Francisco ya está poniéndose en marcha.</p>
<p>Cuando los pastores de la Iglesia sean sentidos como cercanos y amables por la gente sencilla, cuando su presencia sea experimentada como buena noticia por los pobres, tanto de la Iglesia como de toda la sociedad, entonces aquello de que los “pastores huelan a oveja”, que pide Francisco, comenzará a hacerse vida y realidad. Cuando la Iglesia en todas partes sea signo de diálogo desde su opción preferencial por los pobres, y desde ellos defienda la vida amenazada por la explotación de los bienes de la naturaleza, y cuando defienda a las mujeres y a los niños y niñas amenazados, cuando los pastores hablan en nombre de las víctimas y las defiendan ante las autoridades, corriendo el riesgo de sufrir persecución, entonces el llamado de Francisco a que la Iglesia se sitúe desde las periferias, comenzará a encarnarse en nuestra historia.  Para que esto sea una realidad, falta mucho camino por andar, mucha oración para que los corazones de nuestros pastores se abran al Espíritu y mucha exigencia por parte del mismo papa Francisco.</p>
<p>El Papa Francisco realizó el rito del lavatorio de pies en la cárcel de Civitavecchia, en Roma, en 2022. Foto: Vatican Media.</p>
<p>Doce años de pontificado de Francisco ha significado una presencia de aires nuevos en la Iglesia, signos de cercanía y de solidaridad con las víctimas de la destrucción ecológica, con el sistema productor de desigualdades, el patriarcado, los abusos sexuales y las guerras, particularmente en la agresión a Ucrania. Son signos que van a ser vida y alcanzarán expresiones institucionales cuando ya no los realice solo Francisco y sus colaboradores cercanos, sino cuando todos los cardenales, todos los obispos, todos los párrocos y sacerdotes, y esa vida lo hagan vida y los transmitan a todas las estructuras eclesiales y laicales de nuestra Iglesia. Es muy bonito que Francisco ha unido la crítica y la exigencia de cambios a la sociedad con los cambios al interior de la Iglesia.</p>
<p>Francisco ha dicho que la figura y el papel del papa deben estar menos centralizados. Si demanda que la Iglesia entera deba descentralizarse, Francisco comienza por su propio papel. Cuando habla de que los gobiernos y políticos estén atentos al bien común, también pide que la Iglesia se descentralice, que salga de sí misma, de sus encierros y que sea una Iglesia de puertas abiertas. Cuando Francisco habla de una economía que debe romper con la inequidad y abrirse a la solidaridad y al bien común, igualmente pide que la Iglesia sea Iglesia de los pobres y para los pobres, y que siendo seguidora de Jesucristo, los pobres sean el centro de su misión.</p>
<p>La presencia de Francisco en la vida de la Iglesia y de la sociedad está íntimamente asociada a pobreza y austeridad, a la solidaridad y al cuidado de la naturaleza, y su modo de vivir y de hablar son un claro cuestionamiento a los báculos y mitras distantes de la humildad y la sencillez. Francisco ha hablado con el ejemplo. Abordó el complejo tema del delito de pedofilia por el que se ha acusado fuertemente a pastores y ministros de la Iglesia. Y Francisco ha abierto las puertas para que quede claro que se puede ser benévolo con el pecador, pero no se puede tapar a quien delinque, sin ser cómplice del mismo delito. Habló de que la Iglesia debe ser de los pobres, para los pobres y debe ser austera, y suspendió a un obispo que dio señales escandalosas de despilfarro y lujo en la construcción de una catedral en Alemania. Cuestionó el maltrato a los migrantes, y ha estado especialmente cerca con su presencia y su palabra a los migrantes, desplazados y refugiados, como ha ocurrido con los africanos más discriminados.</p>
<p>Francisco ha expresado que la solidaridad ha de ser una de las divisas de la Iglesia y de todos aquellos que tienen responsabilidades en el ámbito de lo público. Pero la solidaridad no puede confundirse con puros actos caritativos. Por ello, Francisco deja muy en claro que hay que cambiar el sistema que excluye y genera injustica y violencia. Así lo dice en su Exhortación: “La necesidad de resolver las causas estructurales de la pobreza no puede esperar… Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema. <u>La inequidad es raíz de males sociales”</u>(Exhortación Alegría del Evangelio, 202).</p>
<p>Por eso mismo, Francisco nos da la clave para saber vivir la solidaridad cristiana, esa misma que brota del misterio de la encarnación. Dios no salva desde arriba; Dios encarna su vida en la humanidad; se hace humanidad en Jesucristo. Por eso la solidaridad no es algo separado de aquello que se busca liberar; es esencialmente una presencia entre quienes se salva. Así lo dice Francisco: “La solidaridad es una reacción espontánea de quien reconoce la función social de la propiedad y el destino universal de los bienes como realidades anteriores a la propiedad privada. La posesión privada de los bienes se justifica para cuidarlos y acrecentarlos de manera que sirvan mejor al bien común, por lo cual la solidaridad debe vivirse como la decisión de devolverle al pobre lo que le corresponde.” (O.C. 189)</p>
<p>Celebramos doce años de pontificado de Francisco como un regalo que resultó inesperado. Desde las frías salas de la curia vaticana, nació Francisco como regalo del Espíritu, como una brisa para una Iglesia que hace recordar el ambiente de Nazaret. Francisco no solo huele a oveja. Huele a Evangelio. Y así lo respiramos y sentimos, aunque físicamente lo tengamos lejos. Su cercanía es de otro tipo, es de humanidad y solidaridad, de sencillez y humildad. Es la cercanía que rompe todas las distancias de poder, títulos, cargos, dignidades humanas. Es la cercanía del Evangelio.</p>
<p>Ahora queda la pregunta: cómo sostener la vitalidad de Francisco y su espíritu de fidelidad evangélica mientras avanza su deterioro físico y que advierte un pronto final de su vida terrenal. Francisco ha cumplido su tarea. Toca a los diversos sectores de la Iglesia emprender la tarea de hacer realidad los gestos, las palabras y decisiones de Francisco en cada una de las diócesis, parroquias, instituciones de investigación, de derechos humanos y de comunicación. Y sobre todo emprender las tareas desde las comunidades.</p>
<p>Las tres T de Francisco, vigencias crecientes y exigentes</p>
<p>En el inédito encuentro con representantes de los movimientos populares del mundo, el Papa Francisco dejó en claro las tres T por las cuales articular las luchas sociales en todos los continentes. Hoy nos dedicaremos a citar al Papa.</p>
<p>La primera T es Tierra. Francisco dice con claridad, y citamos textualmente sus palabras: “Me preocupa la erradicación de tantos hermanos campesinos que sufren el desarraigo, y no por guerras o desastres naturales. El acaparamiento de tierras, la desforestación, la apropiación del agua, los agrotóxicos inadecuados, son algunos de los males que arrancan al ser humano de su tierra natal…”</p>
<p>De igual manera, Francisco exhorta a los movimientos populares de todo el mundo a poner el acento de la lucha donde corresponde, y citamos sus palabras: “Sé que algunos de ustedes reclaman una reforma agraria para solucionar alguno de estos problemas, y déjenme decirles que en ciertos países “la reforma agraria es además de una necesidad política, una obligación moral”. No lo digo solo yo, está en el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Por favor, sigan con la lucha por la dignidad de la familia rural, por el agua, por la vida y para que todos puedan beneficiarse de los frutos de la tierra”.</p>
<p>La segunda T es Techo. Así lo dice textualmente Francisco: “Una casa para cada familia. Hoy hay tantas familias sin vivienda, o bien porque nunca la han tenido o bien porque la han perdido por diferentes motivos. Familia y vivienda van de la mano. Pero, además, un techo, para que sea hogar, tiene una dimensión comunitaria…Hoy vivimos en inmensas ciudades que se muestran modernas, orgullosas y hasta vanidosas. Ciudades que ofrecen innumerables placeres y bienestar para una minoría feliz… pero se le niega el techo a miles de vecinos y hermanos nuestros, incluso niños…”.</p>
<p>El Papa Francisco deja una tarea a todos los movimientos populares, y aquí va la cita textual: “Sigamos trabajando para que todas las familias tengan una vivienda y para que todos los barrios tengan una infraestructura adecuada, acceso a la educación y a la seguridad en la tenencia”.</p>
<p>La tercera T es Trabajo. Dice literalmente Francisco: “El desempleo juvenil, la informalidad y la falta de derechos laborales no son inevitables, son resultado de una previa opción social, de un sistema económico que pone los beneficios por encima del ser humano…”</p>
<p>La voz del papa Francisco resuena en solidaridad con la clase trabajadora, especialmente esa inmensa mayoría a la que no se le respetan sus derechos laborales: “Todo trabajador, esté o no esté en el sistema formal del trabajo asalariado, tiene derecho a una remuneración digna, a la seguridad social y a una cobertura jubilatoria. Aquí hay cartoneros, recicladores, vendedores ambulantes, costureros, artesanos, pescadores, campesinos, constructores, mineros, obreros de empresas recuperadas, todo tipo de cooperativistas y trabajadores de oficios populares que están excluidos de los derechos laborales, que se les niega la posibilidad de sindicalizarse, que no tienen un ingreso adecuado y estable. Hoy quiero unir mi voz a la suya y acompañarlos en su lucha”.</p>
<p>Tierra, Techo y Trabajo en armonía con la lucha por la paz y el cuidado de la naturaleza, una agenda común básica, ¿podremos convertirla en agenda de lucha para todos los movimientos sociales y populares en Honduras y Centroamérica?</p>
<p>Laudato Sí y nosotros</p>
<p>Esta Encíclica representa una osada incursión de la Iglesia en la humanidad. El asunto de la tierra, del ambiente, no es patrimonio de un grupo de la humanidad, ni se reduce a una cultura o a una religión. Es asunto de toda la humanidad.  “El medio ambiente es un bien colectivo, patrimonio de toda la humanidad y responsabilidad de todos. Quien se apropia algo es sólo para administrarlo en bien de todos. Si no lo hacemos, cargamos sobre la conciencia el peso de negar la existencia de los otros”.(Laudato Si, 95).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rompe el paradigma dominante que entiende a la religión abrazada en sus propias verdades, y en todo caso busca imponerlas a los demás. Esta encíclica asume que la verdad hemos de buscarla y construirla en pleno diálogo entre todos los seres humanos. La Encíclica advierte que como humanidad vamos hacia el despeñadero, hacia una destrucción inevitable. Es por ello un grito, un clamor de emergencia para desacelerar el ritmo de crecimiento y desarrollo para que nos redescubramos como humanidad. “tenemos que convencernos de que desacelerar un determinado ritmo de producción y de consumo puede dar lugar a otro modo de progreso y desarrollo.” (191)</p>
<p>La Encíclica sitúa en una relación íntima la destrucción de la madre tierra con el empobrecimiento de los pueblos. La opción por defender la madre tierra es también una opción por los pobres, “De hecho, el deterioro del ambiente y el de la sociedad afectan de un modo especial a los más débiles del planeta: «Tanto la experiencia común de la vida ordinaria como la investigación científica demuestran que los más graves efectos de todas las agresiones ambientales los sufre la gente más pobre»” (48)</p>
<p>La lucha ecológica es igualmente una lucha social, y esto lo logra magistralmente formular la Encíclica: “hoy no podemos dejar de reconocer que un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres”.</p>
<p>El clamor de la tierra es igualmente el clamor de los pobres, de los pueblos excluidos: “Estas situaciones provocan el gemido de la hermana tierra, que se une al gemido de los abandonados del mundo, con un clamor que nos reclama otro rumbo. Nunca hemos maltratado y lastimado nuestra casa común como en los últimos dos siglos” (53).</p>
<p>La lucha por la defensa de la tierra y la protección de la humanidad, ha de partir de la raíz y no atacar solo los síntomas. En la raíz está el paradigma dominante: “el paradigma tecnocrático se ha vuelto tan dominante que es muy difícil prescindir de sus recursos, y más difícil todavía es utilizarlos sin ser dominados por su lógica. Se volvió contracultural elegir un estilo de vida con objetivos que puedan ser al menos en parte independientes de la técnica, de sus costos y de su poder globalizador y masificador” (108).</p>
<p>La humanidad está conducida por quienes sostienen el paradigma que todo se resuelve desde arriba, desde el poder que controla y domina, desde la producción para el consumismo y no para responder a las necesidades humanas. Es el paradigma que se basa en el crecimiento y la explotación de los bienes de la naturaleza por encima de la capacidad de regeneración de los mismos. Es el paradigma productor de desigualdades, concentración de riquezas en poquísimas manos y en la miseria de millones de seres humanos: “Mientras tanto, tenemos un «superdesarrollo derrochador y consumista, que contrasta de modo inaceptable con situaciones persistentes de miseria deshumanizadora» (109)</p>
<p>Estamos convocados a recuperar la humanidad como lugar de encuentro, de dignidad, de buen vivir.  “El mundo es algo más que un problema a resolver, es un misterio gozoso que contemplamos con jubilosa alabanza. (12)” “La humanidad aún posee la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común” (13).</p>
<p>¿Quiénes están llamadas a liderar estas transformaciones? ¿Es realista esperar que quien se obsesiona por el máximo beneficio se detenga a pensar en los efectos ambientales que dejará a las próximas generaciones?” (190). Las transformaciones han de ser conducidas por quienes han sido excluidos, por la juventud y las mujeres, por los pueblos indígenas y las comunidades afectadas por el extractivismo.</p>
<p>El Papa Francisco en su Encíclica, abre puertas: “no todo está perdido, porque los seres humanos, capaces de degradarse hasta el extremo, también pueden sobreponerse, volver a optar por el bien y regenerarse, más allá de todos los condicionamientos mentales y sociales que les impongan. Son capaces de mirarse a sí mismos con honestidad, de sacar a la luz su propio hastío y de iniciar caminos nuevos hacia la verdadera libertad. No hay sistemas que anulen por completo la apertura al bien, a la verdad y a la belleza, ni la capacidad de reacción que Dios sigue alentando desde lo profundo de los corazones humanos. A cada persona de este mundo le pido que no olvide esa dignidad suya que nadie tiene derecho a quitarle. (205).</p>
<p>Merecen una gratitud especial quienes luchan con vigor para resolver las consecuencias dramáticas de la degradación ambiental en las vidas de los más pobres del mundo. Los jóvenes nos reclaman un cambio. Ellos se preguntan cómo es posible que se pretenda construir un futuro mejor sin pensar en la crisis del ambiente y en los sufrimientos de los excluidos. (13). El llamamiento de Francisco es preciso: “Hago una invitación urgente a un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro del planeta” (14). “La tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería (21). La humanidad está llamada a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y de consumo, para combatir este calentamiento o, al menos, las causas humanas que lo producen o acentúan” (23)</p>
<p>“Si la actual tendencia continúa –nos recuerda el papa– este siglo podría ser testigo de cambios climáticos inauditos y de una destrucción sin precedentes de los ecosistemas, con graves consecuencias para todos nosotros (24). Muchos de aquellos que tienen más recursos y poder económico o político parecen concentrarse sobre todo en enmascarar los problemas o en ocultar los síntomas, tratando sólo de reducir algunos impactos negativos del cambio climático. Pero muchos síntomas indican que esos efectos podrán ser cada vez peores si continuamos con los actuales modelos de producción y de consumo” (26)</p>
<p>Sigue el Papa con su dramática advertencia: “Mientras se deteriora constantemente la calidad del agua disponible, en algunos lugares avanza la tendencia a privatizar este recurso escaso, convertido en mercancía que se regula por las leyes del mercado. En realidad, el acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas, y por lo tanto es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos. Este mundo tiene una grave deuda social con los pobres que no tienen acceso al agua potable, porque eso es negarles el derecho a la vida radicado en su dignidad inalienable (30).</p>
<p>“Podemos ser testigos mudos de gravísimas inequidades cuando se pretende obtener importantes beneficios haciendo pagar al resto de la humanidad, presente y futura, los altísimos costos de la degradación ambiental (36). Los medios actuales permiten que nos comuniquemos y que compartamos conocimientos y afectos. Sin embargo, a veces también nos impiden tomar contacto directo con la angustia, con el temblor, con la alegría del otro y con la complejidad de su experiencia personal” (47)</p>
<p>La crítica del Papa Francisco a los responsables del deterioro de la humanidad y del plantea es firme y severa, y la vincula con el Evangelio de Jesucristo: “La visión que consolida la arbitrariedad del más fuerte ha propiciado inmensas desigualdades, injusticias y violencia para la mayoría de la humanidad, porque los recursos pasan a ser del primero que llega o del que tiene más poder: el ganador se lleva todo. El ideal de armonía, de justicia, de fraternidad y de paz que propone Jesús está en las antípodas de semejante modelo, y así lo expresaba con respecto a los poderes de su época: «Los poderosos de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. Que no sea así entre vosotros, sino que el que quiera ser grande sea el servidor » (Mt 20,25-26) (82).</p>
<p>En su encíclica, Francisco clama por volver a la mirada hacia el bien común: “En las condiciones actuales de la sociedad mundial, donde hay tantas inequidades y cada vez son más las personas descartables, privadas de derechos humanos básicos, el principio del bien común se convierte inmediatamente, como lógica e ineludible consecuencia, en un llamado a la solidaridad y en una opción preferencial por los más pobres” (158).</p>
<p><strong>Recuento: doce años de frutos evangélicos</strong></p>
<p>El Papa Francisco cumplió doce años de pontificado en el marco de una ebullición mundial caracterizada por la guerra, el deterioro y destrucción ambiental, creciente desigualdad social, desplazamientos masivos y migración forzada y el deterioro de la democracia frente al control de los Estados por parte de quienes controlan la militarización, los capitales e inversiones en detrimento de los bienes de la naturaleza y en el marco de fuertes cercos mediáticos. A sus años y con dolencias encima, muy propio de su edad, Francisco llama con terquedad y ardor al diálogo por la paz ante los gobiernos, los organismos multilaterales y ante los medios de comunicación. De ahí que no es improvisado que sea llamado como el apóstol de la paz, pero una paz acompañada de justicia y dignidad.</p>
<p>Francisco asumió el pontificado en un contexto de descrédito de la Iglesia, abusos sexuales por un notable número de clérigos y por la distancia establecida ante la irrupción de diversos movimientos de género y sexualidad que demandan y exigen diálogo con una Iglesia que se había cerrado ante estos signos de los tiempos. Cuando parecía que el escepticismo de amplios sectores de la sociedad crecía, surge Francisco y llama a la Iglesia a abrir puertas y ventanas y salir a la calle en búsqueda de una sociedad con la que se ha de dialogar y debatir los grandes temas que impactan y afectan a la sociedad, especialmente a las mayorías oprimidas y “descartadas”.</p>
<p>Francisco se ha destacado por salir al encuentro con la sociedad. Y ha dicho palabras de aliento y esperanza a los sectores excluidos. Ha hablado y ha sabido escuchar a las juventudes, a los movimientos populares, a los pueblos indígenas y originarios, a las mujeres, a los defensores de derechos humanos, a los políticos y empresarios. A cada uno ha dirigido sus palabras y ha llamado al compromiso por la transformación de las estructuras sociales. En su Encíclica “Evangelii Gaudium” ha llamado a la Iglesia y a los presbíteros a un compromiso por una pastoral de puertas abiertas, a que las parroquias dejen de ser aduanas y a recuperar la alegría del Evangelio en la transmisión de la evangelización.</p>
<p>Especialmente notable ha sido Francisco en su compromiso con la ecología y el ambiente, y lo dejó palpable en su Encíclica “Laudato Si”, en donde logró armonizar el cuidado de la naturaleza con la opción por los pobres y el compromiso con la justicia. Llamar a cuidar el planeta al que proféticamente llama “nuestra casa común” se convierte en un llamamiento para un compromiso firme de toda la Iglesia, los gobiernos, los partidos políticos, los ambientalistas en general, el empresariado y los movimientos sociales y populares.</p>
<p>Para Centroamérica la presencia y ministerio de Francisco nos ha dejado en estos doce años el regalo de la santificación de Monseñor Óscar Arnulfo Romero y la beatificación del Padre Rutilio Grande, entre otros, como expresiones simbólicas de un reconocimiento oficial  a una Iglesia latinoamericana y centroamericana perseguida, mal vista incluso por jerarquías, comprometida evangelizadoramente con el caminar de su pueblo y que lo selló con la entrega martirial de muchos de sus hijos e hijas.</p>
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<p>La entrada <a href="https://jesuitascam.org/con-el-papa-francisco-se-ha-mostrado-el-rostro-humilde-de-la-iglesia/">“Con el Papa Francisco se ha mostrado el rostro humilde de la Iglesia”</a> se publicó primero en <a href="https://jesuitascam.org">Jesuitas en Centroamérica</a>.</p>
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		<title>El paso de Francisco y el futuro Papa</title>
		<link>https://jesuitascam.org/el-paso-de-francisco-y-el-futuro-papa/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[occam]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 25 Apr 2025 16:00:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[José María Tojeira S.J.]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Centroamérica]]></category>
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		<category><![CDATA[Papa]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En este texto, P. José María Tojeira, S.J., reflexiona sobre...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><em><strong>En este texto, P. José María Tojeira, S.J., reflexiona sobre el legado del Papa Francisco cercano a los pobres y en pro de la renovación eclesial y el discernimiento en torno al perfil del nuevo Papa que la Iglesia y el mundo necesitan.</strong></em></p>
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<p>La muerte del Papa Francisco ha impactado por la dimensión reformista de su papado. Su amor a Cristo y su devoción personal, su capacidad de descubrir el rostro del Señor en los rostros sufrientes de los seres humano, impactaron a un gran número de católicos y de gentes de otras confesiones o incluso increyentes. El modo cercano de tratar con la gente, su austeridad personal incluso en los signos y ornamentos externos, su radicalidad en el acercamiento a los desposeídos y migrantes, su trabajo incesante para erradicar de la Iglesia el clericalismo y el carrerismo, la búsqueda de una nueva humanidad, el diálogo y la sinodalidad, son muestras de renovación y novedad en el ejercicio del papado. Su muerte, sentida profundamente por muchos, nos deja ante la nueva elección de un nuevo Papa. Revisar el modelo del papado y tener criterios sobre el perfil del Papa que necesitamos es importante para todos los cristianos. Y en particular para los católicos es importante desarrollar los criterios desde el Concilio Vaticano II. Desde el inicio de la Constitución Dogmática sobre la Iglesia, el Concilio insiste en que el Espíritu Santo, que la guía, “con la fuerza del Evangelio rejuvenece a la Iglesia , la renueva incesantemente y la conduce a la unión consumada con su Esposo” (LG 4). La novedad, la reforma, el diálogo con el mundo y la historia profana son elementos básicos de la vida eclesial.</p>
<p>A Francisco con frecuencia se le ha considerado un papa reformista. Incluso ha sido criticado por estar abierto a los cambios dentro de la Iglesia y profundamente comprometido con los derechos de los pobres. Sus críticas a una “economía que mata”, su defensa de la dignidad de los migrantes, su insistencia en algo tan tradicional en la Iglesia como el destino universal de los bienes para conseguir fraternidad y amistad social en el mundo en que vivimos ha puesto tensos a algunos católicos comprometidos con una buena dosis de ceguera con el capitalismo existente. Sus documentos, Evangelii gaudium, Laudato Si y Fratelli Tutti marcaron líneas claras de conversión personal, reforma eclesial, preocupación social y ecológica y deseos de cambios estructurales, incluso a nivel internacional. Su muerte ha dejado a la Iglesia en un ambiente de cambio y reforma. Un ambiente que había tenido un cierto freno iniciado pocos años después de terminado el Vaticano II y que con la sencillez, apertura y capacidad de diálogo de Francisco se ha visto renovado. Pablo VI decía en su discurso final clausurando el Concilio Vaticano II que “nunca como en esta ocasión ha sentido la Iglesia la necesidad de conocer, de acercarse, de comprender, de penetrar, de servir, de evangelizar a la sociedad que la rodea y de seguirla; por decirlo así de alcanzarla casi en su rápido y continuo cambio”. Francisco ha sido fiel a ese espíritu conciliar que no debemos abandonar nunca.</p>
<p>A la Iglesia, institución con algo más de 1.400 millones de bautizados, cinco mil y pico obispos, 400.000 sacerdotes y 700.000 religiosas, en números aproximados, no es fácil moverla desde arriba. Y a los papas les corresponde moverla desde arriba hacia un espíritu evangélico creciente. No solos, por supuesto. Pero las costumbres, tradiciones, formulaciones heredadas de pasados lejanos y no traducidas al vocabulario y pensamiento actual, tienden a mantener a la Iglesia estática o al menos lenta en su evolución. Los cambios asustan con frecuencia y la misma tendencia institucional a convertir los carismas en rutina, muchas veces normativizada, pueden paralizar la novedad. El propio Francisco, ante algunas críticas, recordaba que si bien la Iglesia trajo novedad a la esclavitud, considerando desde sus orígenes al esclavo como un verdadero prójimo, se acostumbró con exceso a la esclavitud y la vio incluso como normal. Bartolomé de Las Casas, defensor de los indios y considerado hoy con razón como uno de los padres de los derechos universales desde su exigencia de contemplar a los seres humanos como parte de una única humanidad, llevaba esclavos consigo cuando llegó a Chiapas a tomas posesión de su obispado. El Concilio Vaticano II rompió la lentitud de una Iglesia que tendía a mirarse como sociedad perfecta y la relanzó como Pueblo de Dios que peregrina en diálogo e interacción con el mundo. Fiel al Concilio, Francisco trató no solo de mover a la Iglesia desde arriba, sino sobre todo, desde la cercanía personal con los de abajo y desde la solidaridad con los “descartados” de la historia, con sus sufrimientos y marginaciones. Defensor de la vida, la defiende en todas sus dimensiones, desde considerar inadmisible para los cristianos la pena de muerte hasta defender los derechos a la vida de los no nacidos todavía. Mover a la Iglesia desde la palabra y el testimonio, aportar novedad evangélica al mundo en que vivimos desde el diálogo y la promoción de la amistad social es el reto permanente de todo Papa.</p>
<p>La propia figura de Francisco nos ayuda a establecer algunos criterios ligados al Vaticano II que pueden ser útiles para pensar en la figura del Papa que podemos querer. En la Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Actual, se nos dice que “el género humano se halla hoy en un período nuevo de su historia caracterizados por cambios profundos y acelerados”. Y en este mundo de descubrimientos vertiginosos, la Iglesia debe moverse manteniendo su tradición evangélica y su fidelidad al Señor, pero dialogando con las culturas, logrando síntesis de humanidad, desprendiéndose de deseos de poder y privilegios y acercándose cada vez más al que “siendo rico se hizo pobre por salvarnos”. Hablar de sinodalidad, de caminar juntos, de diálogo social e interreligioso resulta indispensable en un mundo cuya velocidad en los cambios culturales y económicos tiende descartar a los más débiles y favorecer a “los más poderosos, lo que con frecuencia es tanto como decir los más violentos y desprovistos de conciencia” (QA 107) como decía ya Pío XI en 1931. No hay que tener miedo a defender a los pobres y a recordar a los ricos y poderosos que  servir “a los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta” no es más que una idolatría que implica sacrificios humanos. Si a causa de un falso irenismo se eligiera un Papa que no quisiera problemas con los poderosos de este mundo, no solamente se haría daño al elegido sino a toda la Iglesia. En un mundo acelerado, con todos los problemas que encierra una cultura en rápida evolución, no se puede ver la realidad como algo que nos aleja del Evangelio, sino como oportunidad y desafío para hacer creíble la Palabra hecha carne, en diálogo, crítica y discernimiento permanente.</p>
<p>El sucesor de Francisco debe continuar viajando a los lugares donde está el sufrimiento. Poner en las páginas de los periódicos a los rohinya de Birmania, a los olvidados de Mongolia, a los migrantes de Lampedusa o de la frontera de Estados Unidos, a Irak; al Papa le toca consolar y reconciliar creencias diferentes y si fuera posible ir también a Gaza y a las cárceles del tercer mundo, mostrando siempre las entrañas de misericordia del Dios que nos amó primero. Debe confiar en el Espíritu que habla en todos los cristianos y decirle a los laicos que lo bendigan, como hizo Francisco en sus primeras palabras como Papa desde las ventanas del Vaticano. Al igual que Francisco debe continuar con el espíritu de reforma que exigen los tiempos. La transparencia, el control de instituciones vinculadas a diferentes formas de corrupción dentro de la Iglesia, la oposición al clericalismo, son temas pendientes. Necesitamos un Papa con capacidad de advertir tanto a la Curia romana como a los Nuncios que aspirar a tener una carrera brillante no consiste en crecer en poder o dignidades sino en servir con humildad al pueblo de Dios. La participación de la mujer en el servicio de autoridad en la Iglesia debe continuar creciendo. Es absurdo que no haya mujeres cardenales, cuando se puede dar ese título con una simple reforma de la normativa que exige que los cardenales pertenezcan al estado clerical. Los cargos episcopales con temporalidad señalada, la consulta más amplia para el nombramiento de obispos y con mayor participación de las iglesias locales, el diaconado femenino son temas que quedan pendientes.</p>
<p>La misma forma de elegir al Papa debía repensarse. Históricamente ha habido diversas fórmulas. ¿Será para siempre la mejor una decretada el año 1059 por el Papa Nicolás II? Que ni siquiera fue seguida por el que la inspiró y uno de sus principales sucesores, Gregorio VII. Digamos que fue un buen sistema para la Europa de aquel tiempo en comparación con la intromisión sistemática de reyes y señores feudales que había dominado en los años anteriores. Es cierto que el sistema ha ido mejorando especialmente a partir del pontificado de Juan XXIII, que elevó el número de cardenales a 90 y, lo mismo que los papas que le sucedieron, se comenzó a nombrar un mayo número de cardenales no europeos. La limitación de la capacidad de los cardenales hasta los 80 años para elegir Papa también fue positiva. Pero la pregunta de por qué las mujeres no pueden participar en la elección quedan pendientes. Sin necesidad de recordar que las mujeres fueron testigos privilegiados de la resurrección del señor, bastaría con reflexionar sobre el hecho de que son mayoría en la Iglesia tanto en número como en devoción. El hecho de que fueran las Conferencias Episcopales las que eligieron delegados tanto del estado clerical como del laical para participar en la elección del Pontífice se ha mencionado en algún momento. Discutir los pros y contras de otras alternativas diferentes de la existente pudiera ofrecer caminos creativos de participación.</p>
<p>No se trata de cambiarlo todo, pero sí de dar espacio al diálogo. Francisco recomendaba siempre orar antes de proponer ideas o proyectos pastorales. Y someter a la oración de otros los propios proyectos. Pensar si aferrarse a lo que uno piensa, debatir poniéndose en la posición del otro para entenderlo mejor, dialogar y rezar juntos, da siempre como fruto creatividad y esperanza. Como jesuita, Francisco sabía que para que un proyecto apostólico salga adelante es necesario crear una especie de unión de ánimos, de esperanzas y generosidades que generen no solo impulso sino confianza en la fuerza del Espíritu. La Iglesia tiene que estar siempre en actitud de reforma porque el espíritu crea siempre novedad. Y al Papa próximo le corresponde guiar a la Iglesia hacia esa novedad del Espíritu que como dice la oración, renueva la faz de la tierra. Y que también desde la vocación profética eclesial, sepa decirle al mundo que sus sueños de un futuro perfecto, prescindiendo del don y de la gracia, conducen con frecuencia a fracasos notables. Como decía Francisco que ocurrió con“un sueño prometeico sobre el mundo que provocó la impresión de que el cuidado de la naturaleza es cosa de</p>
<p>débiles”. En el pensamiento teológico suele considerarse a la Iglesia como el sacramento primordial. Y también en teología suele decirse que un sacramento es un signo que da lo que significa. El nuevo Papa tiene que preguntarse siempre qué significa la Iglesia para el mundo y qué le da o le puede dar al mundo en su historia concreta y actual. Todos los cristianos debemos participar en ese esfuerzo de dar significación evangélica y evangelizadora a la Iglesia. Y una de las mejores maneras de hacerlo desde nuestra fe, es dando significación, esperanza y resistencia a quienes el mundo les quita el significado de su humanidad.</p>
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<p>La entrada <a href="https://jesuitascam.org/el-paso-de-francisco-y-el-futuro-papa/">El paso de Francisco y el futuro Papa</a> se publicó primero en <a href="https://jesuitascam.org">Jesuitas en Centroamérica</a>.</p>
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