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	<title>Formación archivos - Jesuitas en Centroamérica</title>
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	<description>Página oficial de la Compañía de Jesús en Centroamérica</description>
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	<title>Formación archivos - Jesuitas en Centroamérica</title>
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		<title>Fredy Díaz, S.J.: “Mi vocación nace de la pregunta: ¿Qué más puedo hacer por los demás?”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[occam]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 08 Apr 2026 15:54:19 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>En esta conversación Fredy Díaz, S.J., jesuita hondureño, habla sobre...</p>
<p>La entrada <a href="https://jesuitascam.org/freddy-diaz-vocacion/">Fredy Díaz, S.J.: “Mi vocación nace de la pregunta: ¿Qué más puedo hacer por los demás?”</a> se publicó primero en <a href="https://jesuitascam.org">Jesuitas en Centroamérica</a>.</p>
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<div class="wp-block-uagb-advanced-heading uagb-block-d34535cd"><h3 class="uagb-heading-text"><strong><em>En esta conversación Fredy Díaz, S.J., jesuita hondureño, habla sobre su historia personal, el origen de su vocación en la pastoral juvenil y la misión que siente hoy: acompañar, escuchar y trabajar por la reconciliación en contextos marcados por el sufrimiento y la falta de esperanza.</em></strong></h3></div>



<div style="height:88px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="wp-block-paragraph">Fredy Díaz es un joven sonriente, de talante sereno. Lo que más disfruta es escuchar música: le mueve la balada romántica, dice entre risas. Pero, en el fondo, a Fredy Díaz le gusta <strong>escuchar</strong>, así, en el sentido literal de la palabra. Lo reafirmará más adelante en la conversación, cuando explica que su vocación como religioso (porque este joven sonriente que disfruta de los Bee Gees tanto como los Scorpions tiene cerca de 10 años de Compañía de Jesús) surgió del deseo de llevar esperanza, de buscar <strong>qué más podía hacer por los demás</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta entrevista, Fredy, joven hondureño que pasó por las<a href="https://jesuitascam.org/efc-18-anos/"> Escuelas de Formación Política y Ciudadana </a>de el Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación (ERIC) y Radio Progreso y que fue delegado de la palabra en su parroquia, conversa sobre el origen de su vocación en la pastoral juvenil y la misión que siente hoy: acompañar, escuchar y trabajar por la reconciliación en contextos marcados por el sufrimiento y la falta de esperanza.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Quién es Fredy Díaz?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><br></strong>Fredy Díaz es una persona muy cercana con la gente y también con una personalidad con temores, con muchas dudas a veces, pero también con mucha fe, con mucha esperanza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fredy es alguien que confía en los demás y confía mucho en Dios y también en él mismo. Es como una triple relación. Eso es lo que caracteriza a Fredy: la confianza no solo en mí mismo, sino en los demás.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿De dónde nace la vocación por la vida religiosa?<br></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La vocación por la vida religiosa surge en la vida cotidiana, en la experiencia de pastoral juvenil específicamente. Cuando estaba estudiando el bachillerato también estaba implicado en los grupos juveniles de mi parroquia en Honduras. El trabajo con los jóvenes, la participación y la energía fueron atrayendo también mis capacidades para querer emplearlas con ellos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso me llevó a meterme no solo en la dinámica de los jóvenes, sino también como delegado de la palabra. Y eso me llevó a una misión específica, mi primera misión, en la parroquia Nuestra Señora del Carmen, en el municipio de El Negrito, Yoro, Honduras. En esa primera misión, al enfrentarme a una realidad donde había muchas personas enfermas y muchas personas desesperadas por el tema de los cultivos, experimenté primero una pregunta: <strong>qué más podía hacer yo</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa fue la pregunta que me asaltó: qué más puedo hacer de lo que ya hago. Eso fue lo que me impulsó a buscar a alguien que me acompañara, que me escuchara en aquella inquietud y que me ayudara a discernir estas preguntas. Y fue lo que me impulsó a pensar en la vida religiosa. Esa experiencia de misión fue inolvidable, a finales de 2015.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cuando viste ese sufrimiento, ¿por qué sentiste que la respuesta era la vida religiosa y no otra vocación?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El primer pensamiento que se me vino fue la vida religiosa por el deseo de darlo todo. Dar toda mi energía, mi vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Consciente de que la otra vocación, ser profesor, tener una familia, son proyectos plenos. Pero pensaba que quizá no me iba a dar toda la soltura que pudiera tener yo en la vida religiosa para servir de manera más completa, a tiempo más completo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Por qué la Compañía de Jesús?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><br></strong>La Compañía de Jesús fue porque ya había conocido el carisma. Mientras estudiaba también estaba implicado en las escuelas de formación política y ahí fui conociendo un poco la Compañía de Jesús. No con el interés de ser religioso, mis planes eran otros. Era lo normal: tener una familia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero cuando surge la pregunta por la vida religiosa, los primeros en quienes pensé fueron los jesuitas, porque eran los que ya previamente había conocido. Eso fue lo que me llevó a buscar a algún jesuita que me pudiera escuchar, sobre todo que me acompañara para ir desentrañando aquella pregunta sobre la vocación.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Cómo te recibió la Compañía de Jesús cuando llegaste con esa inquietud?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><br></strong>Me recibió con mucha cordialidad, con mucha escucha, que era precisamente lo que yo quería. Quería que alguien me escuchara y eso fue lo primero que encontré. Sobre todo una escucha que no se adelantaba a lo que yo quería comunicar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fue una de las primeras experiencias que me marcaron: la escucha y el sentirme con otras personas que también habían pasado por ese proceso de sentirse inquietos y motivados. Fue una experiencia de no sentirme solo. Cuando toqué las puertas de la Compañía tenía 19 años, ya iba a cumplir los 20. Acababa de salir del bachillerato. Yo quería ser profesor, para muchachos de bachillerato. Ese era mi plan. Ser delegado de la palabra también era parte de mi proyecto. Y tener una familia, ese era mi horizonte.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Y con este horizonte con el que llegaste, ¿Hubo alguna duda o miedo en el proceso vocacional?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Dentro del proceso de formación como jesuita, lo primero son las dudas. Yo soy el primero en la familia y crecí con mis papás. Aunque estudiaba y luego trabajaba, siempre permanecía con ellos. Me costó mucho la separación de mi familia. Estando en el noviciado, incluso después, eso cobraba mucha fuerza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El tema de la familia me movía mucho: querer estar cerca, estar pendiente de mis papás. Eso me ganó mucho tiempo y ha habido momentos donde me he sentido muy movido por ese tema.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Y ahora, con este camino recorrido, ¿Qué le dirías a un joven que siente dudas sobre su camino vocacional?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo diría que hay que lanzarse y caminar, aunque haya miedos. Hay que romper esa barrera. Y sobre todo hay que tener mucha confianza, independientemente de lo que eso traiga. Pero confiarse es una actitud muy importante. Confiarse y caminar. Lo demás vendrá por añadidura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese impulso de confiarse es la misma esperanza: caminando es que uno se da cuenta cómo Dios nos va acompañando. Entonces lo primero es eso:<strong> caminar, caminar confiado.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Qué puede aportar Freddy a la misión de la Compañía de Jesús?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que me marcó y que hizo que me preguntara qué más podía hacer era <strong>poder brindar esperanza a las personas que sufren o que quieren ser escuchadas.</strong> Pero sobre todo hay un tema que permanece en el tiempo: la reconciliación. Es un tema que me gana mucho tiempo y mucha energía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tengo mucha aspiración de poder colaborar en la Compañía de Jesús en ese tema específico: la reconciliación. Pensando en que es un aporte que se puede dar en todos los espacios: en parroquia, en lugares de pastoral, en colegios, en las fronteras especialmente. Las fronteras son temas que me preocupan mucho y creo que por ahí puedo aportar: en la reconciliación, la escucha y favorecer procesos que den luz y esperanza.<br></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><br></strong></p>
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		<title>Alejandro Cardoze, S.J., y la vocación que nace entre amigos</title>
		<link>https://jesuitascam.org/alejandro-cardoze-s-j-y-la-vocacion-que-nace-entre-amigos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[occam]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 04 Mar 2026 15:31:14 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>En el camino vocacional de Alejandro Cardoze, S.J., el llamado...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<div class="wp-block-uagb-advanced-heading uagb-block-455714fc"><h3 class="uagb-heading-text"><strong><em>En el camino vocacional de Alejandro Cardoze, S.J., el llamado de Dios germina y acompaña en el rostro de amigos. Hoy, tras su reciente ordenación diaconal, Alejandro vuelve la mirada al inicio para reconocer que la esperanza que lo sostiene nace de la comunidad, entre amigos. Una esperanza que le acompaña en el futuro de su caminar en misión.</em></strong></h3></div>



<div style="height:75px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="wp-block-paragraph">Alejandro Cardoze, S.J., señala dos momentos clave en su proceso vocacional. Al primero lo llama una «semilla» que plantó una tía abuela con la que creció y que, dice, influyó en la relación temprana que tenía con Dios. Un primer momento de la Buena Noticia de Jesucristo que se quedó ahí, a medida iban pasando los años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Recientemente, Alejandro recibió, en España, la <strong>ordenación diaconal</strong> junto a Mariano Sequeira, S.J., otro compañero centroamericano. Hoy, posterior a este paso tan importante en la vida jesuita, Alejandro hace memoria del inicio, de lo que lo trajo hasta este momento. Porque para hablar de la esperanza en lo que viene, es necesario también regresar al origen. Un origen que, dice, continúa acompañándole en la misión, en los miedos, en los planes a futuro: la vocación que nació <strong>entre amigos</strong>, en compañía. Un factor que, hasta hoy, continúa presente ahí donde va.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Un primer momento de tu vocación, dijiste, viene de familia. ¿Y el segundo?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En la universidad conocí a un grupo de muchachos. Muy diverso: gente de otros movimientos, de otras iglesias. Y en esta diversidad me marcó el <strong>compromiso</strong> de ellos con sus comunidades. Yo me decía «Bueno, ¿por qué razón yo sigo siendo un católico de domingo y no doy un paso en compromiso mucho más serio en mi vida de fe que sirva para los otros?». Entonces, en este sentido, yo digo que <strong>este grupo de amigos influyó para que la primera semilla que había sembrado mi tía abuela empezara a crecer</strong>, al punto de que, de aquí, surgiría el fruto de mi vocación en la Compañía de Jesús.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Terminé la universidad y, a raíz de los cuestionamientos, de ir conversando con ellos, de ir viendo sus <strong>servicios </strong>y compromisos con sus comunidades, yo me decidí a entrar a una de estas en mi parroquia. Entonces, es por por esta razón es que digo que realmente para mí estos amigos y que los sigo conservando fueron clave fundamental, digamos que de alguna forma fueron la gota que hizo que la planta al final diera el fruto necesario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para mí es también bastante significativa la <strong>diversidad</strong> de este grupo. Ahí pude ver cómo Dios se manifiesta y hace su trabajo en el mundo en distintas formas a las que, a veces, hay que prestarles oído&#8230; Una anécdota que puedo contar es que una vez conversando con este grupo yo recuerdo decirles «Bueno, pero es que yo siento que para Dios soy una X, porque es que yo no tengo ningún tipo de manifestación o ningún tipo de relación especial con Dios, así como los escucho a ustedes»&#8230; Y, bueno, al cabo de los años, ahora me dicen <strong>«Bueno, mira dónde terminó la X de Dios»</strong>. (Risas)</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Y en medio de toda esta diversidad, ¿por qué la Compañía de Jesús?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Vamos a decir que antes de conocerla, yo tenía esta imagen «cliché» de la Compañía de Jesús: que eran «la izquierda», los «intelectuales» de la Iglesia, que los «comunistas» (risas)&#8230; No conocía, ciertamente, qué era la Compañía. Y en este tiempo en mi parroquia, cuando ya empezaban mis dudas, aquello que me inquietaba, yo le dije al párroco que necesitaba un proceso de discernimiento&#8230; Y mira que, en ese entonces, no conocía del discernimiento&#8230; Yo ni me planteaba a ser religioso, ni me planteaba a ser cura, estaba bastante lejos de mi horizonte. Así entré en la pastoral vocacional que me llevó a asistir a una feria en la que conocí a la Compañía de Jesús.</p>



<div style="height:57px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


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<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Cómo fue ese encuentro?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Un 21 de abril: siempre lo recuerdo porque es el día del Buen Pastor. Recuerdo que en la feria vocacional estaba un grupo de jesuitas. Lo primero que saltó a mi vista fue que se veían muy normales (risas)&#8230; «¿Por qué no andan de hábito?», pensé&#8230; Y es que uno de ellos me contó que llegaba de acompañar unos retiros. Y ahí conocí de los Ejercicios Espirituales: una experiencia que me pareció <strong>increíble</strong>, porque entre más conocía a Dios, <strong>me parecía que más me iba conociendo a mí mismo y encontrándome más con los demás.</strong> Ahí, junto a la visión de una fe comprometida para ir haciendo a la gente más partícipe del Reino, fui haciendo el clic.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Creo que lo que más rescato es esa dimensión que no se quedaba solo en lo ritual, sino que me abría a salir al encuentro de las personas. Esto, para mí, <strong>fue un regalazo que me hizo la Compañía</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Entraste, ibas en camino. ¿Hubo alguna vez duda, miedo?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Visto hoy, pareciera que nunca lo hay&#8230; Pero sí, desde el principio. Cuando entré, <strong>yo estaba en un momento de estabilidad: trabajaba en lo que me gustaba, estaba muy bien. </strong>Cuando empieza aquel gusanito de «hay algo más en todo esto», empieza un proceso de estira y encoge, empiezo a preguntarme a razón de qué yo debería de cambiar lo que estoy viviendo ahora cuando, en teoría, era también parte de la voluntad de Dios&#8230; <strong>Por qué cambiar planes</strong>&#8230; </p>


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<p class="wp-block-paragraph">Es como lanzarte al vacío&#8230; Y digamos que es una de las cosas que sigue latente, porque en el camino del seguimiento <strong>las riendas de la vida no las lleva uno&#8230; </strong>Pero afrontar esto ha sido, para mí, desde <strong>la oración, desde creerle a Dios</strong>. Y otro elemento importante es <strong>quiénes nos acompañan en el camino</strong>, porque cuando expresás este miedo a algún acompañante, realmente aparecen desde otra perspectiva y a uno como que le quita toda esa perspectiva de grandes monstruos que aparecen.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Y hoy, después de la ordenación, ¿Qué esperás del camino que viene?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En el Noviciado, un jesuita me marcó cuando me dijo que <strong>el sacerdocio debíamos vivirlo desde el momento cero</strong>, que no debíamos esperar a que nos impusieran las manos para vivir la dimensión sacerdotal del camino jesuita. Y creo que he vivido esto desde <strong>la cercanía con la gente</strong>, esto ha significado, para mí, <strong>vivir la dimensión diaconal siempre</strong>. Yo creo que ahora, vamos a decirlo, <strong>se ha ratificado esto</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora toca, además de acoger el don, <strong>seguir comprometiéndose más</strong>. Implica <strong>fidelidad</strong>, <strong>doblar rodilla no solo para pedir la gracia, sino para siempre permanecer a los pies de la gente.</strong> Es buscar <strong>cómo seguirle diciendo «sí» al Señor</strong>, <strong>cómo vivir con la toalla ceñida, así como Él en la Última Cena, para seguir lavando los pies a la gente</strong>. Creo que es un momento de poner a prueba la disponibilidad de servicio a la gente y no de servirme a mí mismo, no de servir a mis ideas, no de servir a mis gustos, no de servir a mi tiempo, sino estar realmente disponible para los demás, guardando un sano equilibrio siempre también.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Creo que tener claridad. Que nunca se me olvide que, al final, ser diácono no es algo para mí, sino para la gente.</p>
<p>La entrada <a href="https://jesuitascam.org/alejandro-cardoze-s-j-y-la-vocacion-que-nace-entre-amigos/">Alejandro Cardoze, S.J., y la vocación que nace entre amigos</a> se publicó primero en <a href="https://jesuitascam.org">Jesuitas en Centroamérica</a>.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Alejandro Cardoze, S.J., y Mariano Sequeira, S.J., nuevos diáconos de la Compañía de Jesús</title>
		<link>https://jesuitascam.org/alejandro-cardoze-s-j-y-mariano-sequeira-s-j-nuevos-diaconos-de-la-compania-de-jesus/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[occam]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 Feb 2026 14:47:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El 7 de febrero de 2026, nuestros compañeros Alejandro Cardoze,...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h3 class="wp-block-heading has-text-align-center"><strong><em>El 7 de febrero de 2026, nuestros compañeros Alejandro Cardoze, S.J., y Mariano Sequeira, S.J., fueron ordenados diáconos junto a otros cuatro jesuitas de distintas provincias en Madrid, España, en una ceremonia que les recordó que el diaconado significa «ceñirse la toalla para el servicio del Señor».</em></strong></h3>



<div style="height:90px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="wp-block-paragraph">Por Oficina Provincial de Comunicación con información de Jesuitas España</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Alejandro Alfonso Cardoze</strong>&nbsp;Boza, S.J.,(de la Provincia de Centroamérica),&nbsp;<strong>Alessandro Cocozza</strong>,&nbsp;S.J., (de la Prov. Euro-Mediterránea),&nbsp;<strong>David Kamau Mathenge</strong>, S.J., (de la Prov. África Oriental),&nbsp;<strong>Jean de Dieu Ndayishimiye</strong>,&nbsp;S.J., y&nbsp;<strong>Pierre Nyandwi</strong>,&nbsp;S.J., (de la Prov. Rwanda Burundi) y&nbsp;<strong>Mariano René Sequeira</strong>&nbsp;Escobar, S.J., (de la Prov. de Centroamérica) fueron <strong>ordenados diáconos </strong>con la imposición de manos y oración consacratoria de D. Vicente Martín Muñoz, obispo auxiliar de Madrid en la parroquia de San Francisco de Borja de Madrid, España.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="577" src="https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/02/55083033883_dc263ce46f_h-1024x577.jpg" alt="" class="wp-image-21999" srcset="https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/02/55083033883_dc263ce46f_h-1024x577.jpg 1024w, https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/02/55083033883_dc263ce46f_h-300x169.jpg 300w, https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/02/55083033883_dc263ce46f_h-768x432.jpg 768w, https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/02/55083033883_dc263ce46f_h-1536x865.jpg 1536w, https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/02/55083033883_dc263ce46f_h.jpg 1600w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<div style="height:80px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="wp-block-paragraph">Durante la ceremonia, el obispo auxiliar del Madrid subrayó la importancia de este paso porque «<strong>el diaconado significa ceñirse la toalla para el servicio del Señor</strong>&nbsp;y de los hombres».&nbsp;Señaló, además, que para este servicio hacen falta tres cosas: «capacidad de escucha, dejarse acompañar y disponibilidad para servir».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Jesuitas de la Provincia de España participaron en la concelebración, entre ellos el provincial P. Enric Puiggrós, S.J., que respondió al obispo que los jesuitas eran dignos de recibir el sacramento, como marca la ordenación. </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="577" src="https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/02/55083197110_ccace48a8c_h-1024x577.jpg" alt="" class="wp-image-21997" srcset="https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/02/55083197110_ccace48a8c_h-1024x577.jpg 1024w, https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/02/55083197110_ccace48a8c_h-300x169.jpg 300w, https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/02/55083197110_ccace48a8c_h-768x432.jpg 768w, https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/02/55083197110_ccace48a8c_h-1536x865.jpg 1536w, https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/02/55083197110_ccace48a8c_h.jpg 1600w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<div style="height:68px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="wp-block-paragraph">El núcleo del rito es la <strong>la imposición de manos del obispo sobre la cabeza del ordenando, </strong>un gesto que simboliza&nbsp;la transmisión del ministerio, así como la concesión de la fortaleza y los dones del Espíritu Santo para su adecuado ejercicio. Otros de los momentos más solemnes de la ceremonia son la <strong>oración de las letanías</strong>, durante la que los ordenandos permanecen <strong>postrados</strong>, y la <strong>entrega de la estola</strong>, colocada de forma cruzada según la tradición diaconal, junto con la dalmática, una vestidura litúrgica que se lleva sobre el alba.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="577" src="https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/02/55083092479_f36ac235bf_h-1024x577.jpg" alt="" class="wp-image-21998" srcset="https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/02/55083092479_f36ac235bf_h-1024x577.jpg 1024w, https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/02/55083092479_f36ac235bf_h-300x169.jpg 300w, https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/02/55083092479_f36ac235bf_h-768x432.jpg 768w, https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/02/55083092479_f36ac235bf_h-1536x865.jpg 1536w, https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/02/55083092479_f36ac235bf_h.jpg 1600w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<div style="height:77px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="wp-block-paragraph">Desde la Provincia Centroamericana de la Compañía de Jesús, saludamos a los seis nuevos diáconos de la Compañía Universal. Abrazamos desde este territorio a <strong>Mariano y Alejandro, </strong>compañeros nicaragüenses que dieron este «sí discernido», como recordó el obispo auxiliar de Madrid durante la ordenación. Encomendamos al Dios de Jesús su diaconado, para que recuerden siempre que han sido enviados a amar y servir en la Compañía. ¡Muchas felicidades, compañeros!</p>



<p class="wp-block-paragraph">*Fotografías: Cortesía Jesuitas España</p>



<p class="wp-block-paragraph">*Esta nota se realizó a partir de los aportes de Jesuitas España. Se puede leer la información original <a href="https://infosj.es/noticias/22051-seis-nuevos-diaconos-en-la-compania-universal">aquí</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>Mes Arrupe visto desde Centroamérica</title>
		<link>https://jesuitascam.org/mes-arrupe-visto-desde-centroamerica/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[occam]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 21 Jan 2026 15:47:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Formación]]></category>
		<category><![CDATA[Centroamérica]]></category>
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		<category><![CDATA[Jesuitas en Formación]]></category>
		<category><![CDATA[Mes Arrupe]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Tres jesuitas en formación de Centroamérica concluyeron el Mes Arrupe...</p>
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<div class="wp-block-uagb-advanced-heading uagb-block-dc24a280"><h3 class="uagb-heading-text"><em>Tres jesuitas en formación de Centroamérica concluyeron el Mes Arrupe 2025 &#8211; 2026, experiencia de discernimiento sobre la ordenación sacerdotal clave en esta etapa. Hoy, a la luz de lo vivido, reflexionan sobre este período, las expectativas que llevaban, las realidades con las que se encontraron, las perspectivas del ministerio en la Iglesia y cómo queda el corazón luego de este Mes.</em></h3></div>



<div style="height:87px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="wp-block-paragraph">Joel Hernández, S.J., Benjamín Sánchez, S.J., y Rosa Ademir Arévalo, S.J., tres jesuitas en formación centroamericanos, concluyeron la experiencia de discernimiento vocacional que la Compañía de Jesús propone a escolares próximos a la ordenación: el <a href="https://jesuitascam.org/mes-arrupe-vida-conviccion-y-vocacion/">Mes Arrupe</a> en su edición 2025 &#8211; 2026. </p>



<p class="wp-block-paragraph">A la luz de este mes de talleres, Ejercicios Espirituales, diálogo y caminar compartido con las comunidades y con compañeros de ¿Latinoamérica y otras regiones del mundo, Joel, Benjamín y Ademir recogen hoy sus reflexiones más sinceras sobre qué significa el Mes Arrupe en la vida de un jesuita a la luz del ministerio en la Iglesia, el servicio a los demás, la vida en comunidad y la vocación misma.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Sabemos ya qué es el Mes Arrupe, pero, ¿Qué significa en particular para vos?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Joel: Considero que es un tiempo de gracia, en el que la gratitud brota al reconocer la huella de Dios y el paso de tantas personas que han configurado nuestro camino de formación. También creo que es una experiencia que nos permite poner nuestra vida y nuestra historia delante de Él como ofrenda para el ministerio, abrazando con humildad nuestra fragilidad y reconociendo la bondad y la belleza que Dios nos confía para ser compartidas con su pueblo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Benjamín: Un tiempo privilegiado para hacer una síntesis de este recorrido en la Compañía. Es ponerle rostro concreto a esta vocación que ha ido tratando de dar respuesta a esta vivencia sacerdotal a la que he sido invitado por Dios mismo. Es ver dónde he puesto mi corazón y mis deseos en este proyecto de vida, de la construcción del Reino al que Dios me ha invitado a lo largo de este tiempo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ademir: Para mí, este mes Arrupe ha sido un momento para reflexionar sobre el sentido del sacerdocio y profundizar en nuestro modo proceder como jesuita. Ha sido una experiencia para dejarme afectar por las distintas realidades en la que me ha colocaba cada taller, la misión y los Ejercicios Espirituales. Ha sido una escuela afectiva/espiritual.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cuando escuchaste por primera vez “Mes Arrupe”, ¿qué pensaste que iba a ser… y qué terminó siendo en realidad?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Joel: En un primer momento, la experiencia del Mes Arrupe la percibía como una vivencia más dentro del itinerario de la etapa de Teología. Hoy, en cambio, puedo reconocerla como un tiempo oportuno y necesario para detener el paso: un espacio para orar, agradecer y discernir con mayor hondura lo que significa el sacerdocio en la Compañía de Jesús y en la Iglesia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Benjamín: Tenía en mente que en algún momento iba a vivirlo. En ese sentido, desde la experiencia de otros compañeros jesuitas, fue quedando una idea o elementos concretos. Ya estando acá,  eso se vuelve más concreto: ya no eran ideas, ahora experimenté. ¿Qué? Antes tenía la referencia de que era un tiempo para reflexionar e interiorizar sobre el sacerdocio en la Compañía de Jesús. Estando acá, a eso se le pone carne: qué significa el sacerdocio, la posibilidad de dejarse acompañar por Dios y, desde mi humanidad, revisar cómo están mis deseos para ver si están puestos realmente ante la invitación de Dios a esta vivencia del sacerdocio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ademir: Pensé que era un tiempo para profundizar sobre la vida de P. Arrupe y el impacto de su liderazgo en la Compañía&#8230; Supe después que se trataba de un momento para hacer una pausa en la formación, para considerar la vocación al sacerdocio para ser consciente de que el ministerio es para siempre. Por eso me parece importante trabajar en todas las dimensiones antes de esto.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Si tuvieras que describir este mes con una sola palabra o imagen, ¿cuál sería y por qué?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Joel: <strong>Gratitud</strong>, entendida como un tiempo de gracia que nos permite reconocer, desde la memoria, el entendimiento y la voluntad, los dones y las bellezas que Dios ha sembrado y manifestado en nosotros en el camino de nuestra formación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Benjamín: <strong>Camino</strong>. Contemplar el pasaje de Lucas de los caminantes de Emaús me trae muy buenos recuerdos. Me quedaría con esto de que el resucitado hace arder su corazón al escucharlo y al compartir con ellos el pan. El Mes Arrupe me ha permitido interiorizar al recordar este camino en la Compañía, y que puedo decir que he visto a este resucitado presente en tantos hombres y mujeres que me recuerdan lo central de mi vocación que es el servicio a los demás, esta entrega total de mi vida a este proyecto de construcción del Reino.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ademir: <strong>«Vayan a Galilea y ahí lo verán». </strong>Con esta invitación del Jesús resucitado en Mt 28, 7,10, me siento movido a realizar el recorrido con Jesús que nos invita a realizar la caminata del discipulado para llevar a cabo la misión al modo de Jesús, reconciliando y sanando como él lo hace.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Antes de vivir el Mes Arrupe, ¿Qué perspectiva tenías de la ordenación sacerdotal? ¿Cambió algo después de esta experiencia?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Joel: Siempre he visto la ordenación sacerdotal como una gracia de Dios para la Iglesia y para el mundo. Sin embargo, hoy siento con mayor claridad que esta gracia implica también una profunda responsabilidad eclesial y social, una llamada a vivir el ministerio sacerdotal con la seriedad y la entrega que la Iglesia pide, ofreciendo una palabra de amor y esperanza ante las experiencias de dolor del ser humano de hoy.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Benjamín: Iba siendo consciente de que esta vocación al sacerdocio en la Compañía tenía un énfasis en el modo propio de vivir el carisma: implica integrar la vocación en la vivencia de ser jesuita, de la misión concreta de nuestra espiritualidad. El Mes Arrupe concretizó esta visión de una vocación que viene desde mi experiencia de sentirme llamado y todas las vivencias dentro de la Compañía. Reconocí que este llamado al sacerdocio es, también, un llamado a un estilo de vida al modo propio del único sacerdote que es Jesús.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ademir: Antes del mes Arrupe no tenía una perspectiva muy clara sobre la ordenación como tal, ni tenía conciencia de lo que cambia la vida después de ser ordenado sacerdote. Despues de  haber tenido el taller de sacerdocio y reflexionado sobre este paso importante en nuestra formación, puedo entender que mi ordenación es significa asumir un compromiso de acompañar al pueblo de Dios en sus desafíos espirituales y de cualquier otra naturaleza, por tanto, mi vida tiene que ordenarse en función de eso que represento para la comunidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Al terminar el Mes Arrupe, ¿con qué te vas en el corazón?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Joel: Siento que me voy con un corazón agradecido, confortado y lleno de alegría; un corazón que, a la vez, se sabe invitado a dar a conocer al Dios de los nuevos amaneceres en quien cree.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Benjamín: Me llevo en el corazón una frase que me impactó, dicha por otro compañero jesuita que vino a compartir su experiencia en el momento de los Ejercicios: «Hablar con Jesús de corazón a corazón». Creo que no fue solo una vivencia en esta semana de Ejercicios, sino de toda la experiencia del mes. Cada rostro, cada mirada alrededor del contexto, fue una oportunidad para poner el corazón en el de Jesús para conocerlo más y, desde ahí, mejor seguirle y mejor amarle.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ademir: Ahora que terminamos esta experiencia me voy con un gran deseo en el corazón que es caminar con las comunidades para dar mis energías en el trabajo de la reconciliación y reivindicación de histórica de cada una de ellas. No importa en el lugar que vaya, hoy vivimos un mundo convulsionado que necesita mucho de nuestro aporte como compañía.</p>
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		<title>Evaluar el terreno para construir el Evangelio: Mes Arrupe 2025</title>
		<link>https://jesuitascam.org/evaluar-el-terreno-para-construir-el-evangelio-mes-arrupe-2025/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[occam]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 07 Jan 2026 15:55:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><strong><em>El Salvador, en Centroamérica, acoge nuevamente el Mes Arrupe, la experiencia de discernimiento que, en esta ocasión, reúne a 16 jesuitas de distintas Provincias próximos a la ordenación sacerdotal para reflexionar sobre la vida, la vocación jesuita y el ministerio: una invitación del Pueblo de Dios a servirle.</em></strong></p>



<div style="height:86px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="wp-block-paragraph">El Salvador, en Centroamérica, acoge nuevamente el <strong>Mes Arrupe</strong>, que en su edición de <strong>2025 </strong>reúne a 16 jesuitas de distintas Provincias y regiones del mundo para promover el diálogo interior, el encuentro con otros compañeros y la profundización en la convicción de la vida sacerdotal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde finales de diciembre de 2025, estos compañeros participan en una jornada que la Compañía de Jesús propone a los estudiantes próximos a la ordenación sacerdotal para reflexionar sobre la vida y la vocación jesuita. A través de talleres de afectividad y sexualidad, Ejercicios Espirituales, talleres de sacerdocio y el caminar y compartir con las comunidades salvadoreñas, estos 16 jesuitas realizan un ejercicio profundo de <strong>discernimiento vocacional a la luz del ministerio de la Iglesia.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La ordenación sacerdotal es algo</strong> <strong>que se recibe: la Iglesia, el Pueblo de Dios invita a estos hombres a servirle como sus ministros</strong>, dice P. Hernán Quezada, S.J., delegado de formación, juventudes y vocaciones de la Conferencia de Provinciales jesuitas de América Latina y el Caribe (CPAL) que acompaña la jornada. Este mes, entonces, funciona con la idea de que los jesuitas próximos a ordenarse se «contemplen frente al recibimiento de este encargo del Pueblo de Dios»: «Hay que ver cómo está la experiencia de vida, cómo están la madurez afectivo-sexual,  la cercanía con el Señor, la vida de oración, <strong>cómo estamos listos para recibir este este ministerio que es una nueva etapa en la formación de un jesuita</strong>«, explica P. Hernán.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sobre acompañar el Mes Arrupe, P. Hernán señala la <strong>riqueza </strong>de caminar junto a estos compañeros para apreciar y entender cómo suscita el Espíritu Santo en distintos corazones: contemplar «esa universalidad del Espíritu» a la luz de otras experiencias apostólicas enmarcadas en el paso por la Iglesia Centroamericana, específicamente la salvadoreña.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Es valioso sentirnos recibidos y acompañados por este pueblo que, además de la riqueza martirial que ha marcado la historia de la Compañía, es una Iglesia <strong>bastante original</strong>«, agrega. La aproximación a la historia centroamericana es, en palabras de P. Hernán, acercarse a una Iglesia que supo encarnarse, vivir la cruz de Cristo y también <strong>vivir y ser resurrección</strong>.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="768" src="https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/01/602368817_1171712538503068_4059662480193140584_n-1024x768.jpg" alt="" class="wp-image-21751" srcset="https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/01/602368817_1171712538503068_4059662480193140584_n-1024x768.jpg 1024w, https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/01/602368817_1171712538503068_4059662480193140584_n-300x225.jpg 300w, https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/01/602368817_1171712538503068_4059662480193140584_n-768x576.jpg 768w, https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/01/602368817_1171712538503068_4059662480193140584_n-1536x1152.jpg 1536w, https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/01/602368817_1171712538503068_4059662480193140584_n.jpg 1600w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Los jesuitas del Mes Arrupe 2025 en convivencia con la comunidad de la Parroquia San Juan Evangelista, en San Juan Opico, El Salvador. <em>Imagen: Cortesía.</em></figcaption></figure>
</div>


<div style="height:85px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="wp-block-paragraph">En esta edición del Mes Arrupe participan tres compañeros centroamericanos: Benjamín Sánchez Selva (NIC), Rosa Ademir Arévalo (SLV) y Joel Hernández Díaz (HON).</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Mes Arrupe mantiene viva la invitación que P. Pedro Arrupe hiciera en 1979 a los candidatos a la ordenación sacerdotal para participar en un ejercicio profundo de reflexión previa. Porque el sacerdocio jesuita es hoy <strong>participar con el deseo de Dios de responder al clamor de su pueblo</strong>, señala P. Hernán Quezada, S.J. Ante esto, el discernimiento del Mes Arrupe es clave: «porque si se trata de construir el Evangelio, hay que ver cómo están los terrenos».</p>
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			</item>
		<item>
		<title>La experiencia del Noviciado Jesuita desde la mirada de Augusto Jarquín</title>
		<link>https://jesuitascam.org/augusto-jarquin-experiencia-noviciado/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[occam]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 19 Dec 2025 21:15:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Formación]]></category>
		<category><![CDATA[Jesuitas]]></category>
		<category><![CDATA[jesuitas]]></category>
		<category><![CDATA[Jesuitas Centroamérica]]></category>
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		<category><![CDATA[Noviciado jesuita]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En este texto, Augusto Jarquín, novicio jesuita, nos ofrece una...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<div class="wp-block-uagb-advanced-heading uagb-block-9d083118"><h3 class="uagb-heading-text"><strong><em>En este texto, Augusto Jarquín, novicio jesuita, nos ofrece una mirada sincera de su historia vocacional, que define como una nueva oportunidad para volver a empezar. Augusto aborda las preguntas, la búsqueda de plenitud, las dificultades y el desánimo, los rostros que acompañan y, sobre todo, la presencia del Dios de Jesús que sigue llamándole por su nombre.</em></strong></h3></div>



<div style="height:77px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Yo te esperaba</em>. Tres palabras que marcaron mi vida y se convirtieron en consigna y en un ofrecimiento de amor. Con ellas el Señor confirmó mi vocación a la vida religiosa en la Compañía de Jesús durante el mes de Ejercicios Espirituales en mi primer año de noviciado en Panamá.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquel encuentro profundo, íntimo y consciente con el Creador respondió una pregunta que me venía acompañando desde hacía tiempo: <em>¿por qué no me siento pleno?, ¿qué falta en mi vida?</em> La respuesta fue clara: me faltaba corresponder al propósito de vida que Él tenía pensado para mí, atreverme a dar el paso y dejar que su voluntad entrara en mi historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde entonces todo ha sido una nueva oportunidad. Un comenzar de nuevo. He aprendido a agradecer cada paso que me ha traído hoy hasta aquí y a disponer mi mente, mi cuerpo y mi corazón para lo que Él quiera mostrarme. Ha sido también una oportunidad para dejarme sorprender por el Dios de Jesús que, a pesar de mi fragilidad, me llama por mi nombre.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="473" src="https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2025/12/a996664d-af0e-4ab8-8bf7-d90728868b20-1024x473.jpg" alt="" class="wp-image-21718" srcset="https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2025/12/a996664d-af0e-4ab8-8bf7-d90728868b20-1024x473.jpg 1024w, https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2025/12/a996664d-af0e-4ab8-8bf7-d90728868b20-300x138.jpg 300w, https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2025/12/a996664d-af0e-4ab8-8bf7-d90728868b20-768x354.jpg 768w, https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2025/12/a996664d-af0e-4ab8-8bf7-d90728868b20-1536x709.jpg 1536w, https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2025/12/a996664d-af0e-4ab8-8bf7-d90728868b20.jpg 2048w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<div style="height:80px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="wp-block-paragraph">Algo que me ha sostenido en este tiempo es dejar de buscar más signos y, en cambio, profundizar, gustar, integrar y vivir lo que Jesús ya me reveló. Él ha querido entrar en mi historia y sanarla desde dentro. Y así, poco a poco, voy aprendiendo a situarme en la identidad del religioso y a vivir desde ahora como tal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por supuesto, esta gracia no me ha librado de los momentos de dificultad, frustración, desánimo o desolación que son parte de esta vocación contracultural. Pero he ido entendiendo que no es imposible; se trata de asumir un estilo de vida auténtico, dejar mi agenda y permitir la de Dios. Darle a Él el timón y el acelerador. Dejarme acompañar por mis superiores, reconocer mi pequeñez y ofrecerme tal como soy, confiando en que Él hará algo grande desde ahí.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Antes de continuar, quiero decirles algo a los jóvenes, y también a los adultos: permitan a Dios ser Dios. Ábranle el corazón a su propuesta para ustedes y vivan desde el reconocimiento de ese amor en exceso que recibimos a diario. El verdadero amor solo se experimenta amándolo a Él. Si tienes dudas, inquietudes o preguntas, no las escondas: exprésalas. Pídele al Señor que te muestre el camino. Yo sigo caminándolo y puedo decirte que sí, es posible, basta poner de tu parte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi historia vocacional también está llena de rostros, nombres e historias que me sostienen y me recuerdan la cercanía de Dios. Personas que me inspiran a seguir dando pasos, pequeños pero firmes, hacia un sí más definitivo. Sería interminable mencionarlos, pero sé que cada uno forma parte del mosaico humano que Dios ha ido tejiendo conmigo. Porque, aunque la vocación es gracia, también se alimenta en la gente: en la espiritualidad encarnada, en amistades sinceras que te confían sus dolores y esperanzas y te devuelven todo en amor, aunque no tengan más que eso para ofrecer. Solo amor.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="683" src="https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2025/12/d2024f93-90ea-436e-b640-c112fc1fa883-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-21716" srcset="https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2025/12/d2024f93-90ea-436e-b640-c112fc1fa883-1024x683.jpg 1024w, https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2025/12/d2024f93-90ea-436e-b640-c112fc1fa883-300x200.jpg 300w, https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2025/12/d2024f93-90ea-436e-b640-c112fc1fa883-768x512.jpg 768w, https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2025/12/d2024f93-90ea-436e-b640-c112fc1fa883-1536x1024.jpg 1536w, https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2025/12/d2024f93-90ea-436e-b640-c112fc1fa883.jpg 2048w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<div style="height:76px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="wp-block-paragraph">He descubierto que la familiaridad con Dios; tan esencial en el noviciado, se cultiva en la oración personal, en la vida comunitaria con mis compañeros y con las personas humildes que anuncian, sin saberlo, la presencia del Rey Eterno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy continúo esta etapa en la República Dominicana, junto a seis compañeros de seis países distintos. Nos animamos como amigos en el Señor en un camino que mezcla renuncias y brotes de amor. Agradezco poder vivir desde ahora la universalidad del Cuerpo Apostólico de la Compañía, aprendiendo el modo de hacer Reino en el Caribe, una región marcada por pobreza, violencia y desigualdad, pero también por una esperanza que florece cada vez más.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el día a día del noviciado profundizo en la teología de los Ejercicios, trato de llevar a la vida sus frutos, me familiarizo con los documentos del Instituto, reflexiono sobre los votos y reconozco la presencia de Dios en todo lo que hago, incluso en las tareas más sencillas y humildes.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="768" src="https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2025/12/20250912_131638-1024x768.jpg" alt="" class="wp-image-21717" srcset="https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2025/12/20250912_131638-1024x768.jpg 1024w, https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2025/12/20250912_131638-300x225.jpg 300w, https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2025/12/20250912_131638-768x576.jpg 768w, https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2025/12/20250912_131638-1536x1152.jpg 1536w, https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2025/12/20250912_131638-2048x1536.jpg 2048w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Junto a otro novicio acompañamos a grupos de adolescentes y jóvenes; visitamos a enfermos en situación de abandono y pobreza. Este encuentro con el Cristo sufriente de hoy humaniza mi vocación y me impulsa a soñar con ellos en un futuro distinto. Otro mundo es posible si todos ponemos algo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo esto podría resumirlo en un puñado de líneas que, quizá para ustedes, suenen a poema; pero para mí, son una oración que recoge las gracias recibidas en este tiempo. Con ellas sigo diciendo sí al Señor, con ilusión y con la alegría evangélica que solo brota cuando uno se sabe profundamente amado y quiere darse por amor.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Noviciado</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Lugar del profundo encuentro</p>



<p class="wp-block-paragraph">entre el Amado y su amante;</p>



<p class="wp-block-paragraph">lugar propicio para la acogida</p>



<p class="wp-block-paragraph">del hijo que se había perdido</p>



<p class="wp-block-paragraph">y ha retornado: ha vuelto a la vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lugar de la misericordia,</p>



<p class="wp-block-paragraph">donde el pecador se siente</p>



<p class="wp-block-paragraph">abrazado y perdonado</p>



<p class="wp-block-paragraph">por un exceso de amor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lugar de lo humano y lo divino,</p>



<p class="wp-block-paragraph">donde se entreteje</p>



<p class="wp-block-paragraph">la fragilidad y la santidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lugar del silencio,</p>



<p class="wp-block-paragraph">para dar paso a la comunicación</p>



<p class="wp-block-paragraph">de corazón a corazón,</p>



<p class="wp-block-paragraph">al lenguaje del amor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lugar de las respuestas</p>



<p class="wp-block-paragraph">a tantas preguntas y dudas</p>



<p class="wp-block-paragraph">que brotan del sano temor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lugar de la confirmación,</p>



<p class="wp-block-paragraph">donde me esperaba Aquel</p>



<p class="wp-block-paragraph">que ya me había llamado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lugar de la alegría pascual,</p>



<p class="wp-block-paragraph">porque todo huele a nuevo,</p>



<p class="wp-block-paragraph">a un renacer en la verdad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hogar compartido con otros,</p>



<p class="wp-block-paragraph">apostando por ser amigos</p>



<p class="wp-block-paragraph">en el Señor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Casa mía y de Él,</p>



<p class="wp-block-paragraph">porque el Absoluto</p>



<p class="wp-block-paragraph">se hace entrañable amigo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lugar sagrado,</p>



<p class="wp-block-paragraph">donde me descalzo</p>



<p class="wp-block-paragraph">y siempre encuentro algo más.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lugar donde se vive el amor</p>



<p class="wp-block-paragraph">and se aprende a darlo</p>



<p class="wp-block-paragraph">a los demás.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>AMDG</strong></p>
<p>La entrada <a href="https://jesuitascam.org/augusto-jarquin-experiencia-noviciado/">La experiencia del Noviciado Jesuita desde la mirada de Augusto Jarquín</a> se publicó primero en <a href="https://jesuitascam.org">Jesuitas en Centroamérica</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Provincial visita jesuitas de Centroamérica en España: “Un encuentro para dialogar, animar y confirmar en la misión”</title>
		<link>https://jesuitascam.org/provincial-visita-jesuitas-en-espana/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[occam]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 24 Oct 2025 15:36:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Formación]]></category>
		<category><![CDATA[Jesuitas]]></category>
		<category><![CDATA[España]]></category>
		<category><![CDATA[Jesuitas en Formación]]></category>
		<category><![CDATA[provincial]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El Provincial de Centroamérica se encontró con jesuitas en formación...</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<div class="wp-block-uagb-advanced-heading uagb-block-755fb7cd"><h3 class="uagb-heading-text"><strong><em>El Provincial de Centroamérica se encontró con jesuitas en formación centroamericanos que actualmente residen en España en una visita canónica que, en palabras Mariano Sequeira, S.J., sirvió para sentirse más cercanos con su territorio y para recordar la importancia de la formación y el estudio para la misión.</em></strong></h3></div>



<div style="height:70px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="wp-block-paragraph">P. José Domingo Cuesta, S.J., Provincial de Centroamérica, realizó en octubre su <strong>visita canónica </strong>a los jesuitas de la Provincia que actualmente residen en España. Con el objetivo de <strong>dialogar, animar y confirmar la misión </strong>de los compañeros </p>



<p class="wp-block-paragraph">«Su presencia fue propicia para sentirnos más cercanos -aún con la distancia geográfica que impone estar en España- a la Provincia», señaló Mariano Sequeira, S.J., quien, en compañía de Alejandro Cardoze, S.J., se encuentra en etapa de formación cursando sus estudios de teología. De acuerdo con Mariano, tuvieron la oportunidad de conocer también <strong>procesos y dinámicas </strong>que vive la Provincia y ponerse al día, también, con amigos y compañeros en este territorio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">P. Mingo, como cariñosamente se conoce al Provincial, se encontró también con P. Andreu Oliva, S.J., jesuita de la Provincia que se encuentra en la actualidad realizando estudios en el país europeo. Así, a través del diálogo y el encuentro, los compañeros en España pudieron «crecer en ánimos» y «sentirse parte del cuerpo apostólico de Centroamérica» a pesar de la distancia, dice Mariano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La visita de P. Mingo, aunque corta, resultó sustanciosa. De acuerdo con Mariano, les sirvió, además de la cercanía con el territorio, para recordar «cómo la formación y el estudio es el fundamento en la Compañía», especialmente en la misión de servir a los demás: «ha animado a los jesuitas a profundizar en los estudios y ver, desde la biblioteca y el salón de clases, un momento que prepara para luego ser enviados», concluye.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Dos centroamericanos en el corazón de Guyana</title>
		<link>https://jesuitascam.org/dos-centroamericanos-guyana/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[occam]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 14 Aug 2025 14:56:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Centroamérica]]></category>
		<category><![CDATA[Formación]]></category>
		<category><![CDATA[Guyana]]></category>
		<category><![CDATA[Jesuitas Centroamérica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Manuel González Asturias y Cristopher Callejas, dos jesuitas en formación...</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3 style="text-align: center;" data-start="236" data-end="599"><em><strong>Manuel González Asturias y Cristopher Callejas, dos jesuitas en formación centroamericanos, acompañaron a comunidades indígenas en su misión por el corazón de Guyana. En este texto, Manuel nos comparte el testimonio de su encuentro con una Compañía de Jesús viva, diversa y universal.</strong></em></h3>
<p data-start="1558" data-end="1960"></p>
<p class="wp-block-paragraph">La vocación a la Compañía de Jesús, en su esencia, implica una invitación constante a la misión, la universalidad y a la diversidad. Fue bajo esta premisa que se nos confió, a mi compañero Cristopher (Chicho) Callejas SJ, de El Salvador, y a mí, Manuel González Asturias SJ, de Guatemala, la oportunidad de embarcarnos en una misión singular en Guyana, al norte suramericano, del 01 al 20 de julio. Nuestro propósito como escolares jesuitas trascendía, por supuesto, el mero conocimiento geográfico; buscábamos conocer nuestras obras y misiones dentro de la Compañía de Jesús, y acompañar de cerca a la comunidad indígena de St. Ignatius Village, en Lethem: los Patamona, Makushi y Wapishana. Partimos, pues, no solo vagamente equipados con lo “necesario para el viaje”, sino con una profunda apertura al misterio y a la transformación personal que, intuíamos, nos aguardaba el Señor.</p>
<p data-start="1558" data-end="1960">

</p>
<p class="wp-block-paragraph">Nuestra introducción a Guyana comenzó con una visita rápida a Georgetown, capital de este país, una metrópolis que, con su vibrante pulso más caribeño que suramericano, se presenta como la promesa de un país en desarrollo. La brisa salina del Atlántico y el mosaico de edificaciones coloniales inglesas como la popular Catedral anglicana de St. George, parecían ofrecer una impresionante acogida antes de la misión. Fue así, pues, como nos adentramos en el vasto interior del país. Un intenso viaje de veintiocho horas por tierra en una guagua hacia Lethem y St. Ignatius Village no fue un simple desplazamiento, sino toda una odisea, una lenta y profunda introducción en el corazón de la tierra guyanesa al ritmo del reggae y calipso. El camino se desdibujaba entre la tonalidad rojiza del suelo y la inmensidad de un espeso verde, mientras el sol se disolvía en atardeceres de un asombro insuperable y las sombras de la selva nos envolvían en una sinfonía de cantos nocturnos y enigmas milenarios, aguardándonos una bella y cotidiana sorpresa: ¡por primera vez se posaba la ancestral Vía Láctea sobre mis pupilas! Cada kilómetro nos distanciaba del mundo conocido, pero nos acercaba con ilusión a St. Ignatius Village, una región fronteriza con Brasil, donde los ríos como el Esequivo, en la reserva Iwokrama, fluyen como arterias ancestrales de la tierra, y la selva respira historias inmemoriales. Una realidad nueva y más profunda, comenzaba a revelarse tras el amanecer y algunos atropellos en semejante ruta, que solamente nos ayudaron a entablar grandes conversaciones con los otros pasajeros, masticando un poco el inglés.</p>
<p data-start="1558" data-end="1960">

</p>
<p class="wp-block-paragraph">Ya por fin en St. Ignatius Village, la comunidad jesuita fue un crisol de culturas y experiencias. Allí nos aguardaban el P. Edwin Anthony SJ, oriundo de Karnataka, India, cuya juventud no reducía para nada una sabiduría serena, y el P. Cristóvão Primo SJ, con el acento y personalidad rítmica de Brasil. Poco después, se sumó a la comunidad nuestro compañero maestrillo Miguel Ángel Francisco SJ, dominicano, que venía desde Jamaica a realizar algunos proyectos audiovisuales. Cuanta riqueza cultural, convergiendo bajo un mismo techo, manifestando palpable la diversidad que habíamos venido también a explorar.</p>
<p data-start="1558" data-end="1960">

</p>
<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" class="wp-image-7736" src="https://espiritualidadsj.org/wp-content/uploads/2025/08/0ae3adcf-23f5-4e14-9bc3-d4ee6c3d9eb0-1024x771.jpg" alt="" /></figure>
<p data-start="1558" data-end="1960">

</p>
<p class="wp-block-paragraph">Fue precisamente en esta región fronteriza donde la universalidad jesuita fue notoria. Tuvimos la oportunidad de cruzar la frontera hacia Brasil, adentrándonos en la capital del estado de Roraima, Boa Vista. Allí, la comunidad jesuita “P. Christophe Six” nos recibió, mostrándonos un tapiz aún más complejo y rico de la Compañía: además de los miembros de la comunidad residente, nos encontramos con un crisol de hermanos jesuitas de visita: el provincial de centro sur de Estados Unidos, que se reunía con otro compañero estadounidense; algunos escolares brasileños, y dos jesuitas de España, dedicados a la labor con el sector indígena. Este encuentro multisectorial fue una prueba palpable de cómo la fe y la misión nos trasciende, uniendo voluntades bajo un mismo espíritu en la Compañía. En Boa Vista, además, tuvimos la oportunidad de recorrer sus rítmicas y coloridas calles, y de visitar el majestuoso río amazónico Branco, cuyas aguas caudalosas nos impresionaron.</p>
<p data-start="1558" data-end="1960">

</p>
<p class="wp-block-paragraph">La comunidad jesuita fue un elemento crucial dentro de esta misión. Fue interesante ver a los compañeros en sus labores; Edwin, quien, a pesar de su lejano origen, poseía una habilidad singular para establecer conexiones con la población local. En su presencia había una diáfana cualidad, una facilidad para el diálogo y una sonrisa que acompaña a todas las personas, sumada a una particular afición por la magia para entretener a los niños. Con algunos trucos y un par de dulces, los entretuvo durante nuestra excursión a las Kumu Falls. Sus actos no eran mera astucia, más bien era como si Edwin se diera a la tarea de unir el juego con la fe, aprovechando a hablar de Dios mientras jugaba con los niños. Todo este paisaje de fraternidad, junto al sabroso sazón del almuerzo que tanta gente, padres, madres, abuelos y abuelas, se sumó a preparar para todos, hicieron de este momento una auténtica celebración fraterna en torno a la naturaleza. Solo ver al P. Cristóvão bailar al ritmo de la música junto a los niños, niñas y jóvenes contagiaba a los demás para disfrutar luego de uno de los momentos más bellos: la Eucaristía celebrada a la orilla del río Kumu con los toda la comunidad, especialmente los niños. Sin duda esta fue una experiencia de Dios, especialmente con la noticia de la novedad de la «Misa para el Cuidado de la Creación» presentado el pasado jueves 3 de julio por la Santa Sede. ¡Cuan llamados estamos a preservar esta naturaleza que nos acoge con tanta vida!</p>
<p data-start="1558" data-end="1960">

</p>
<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" class="wp-image-7730" src="https://espiritualidadsj.org/wp-content/uploads/2025/08/DSC_1556-1024x683.jpg" alt="" /></figure>
<p data-start="1558" data-end="1960">

</p>
<p class="wp-block-paragraph">En ese sentido, ella (la naturaleza) se asomaba como un personaje protagónico en toda esta narrativa. Cada tarde, el horizonte de Guyana se transformaba en un lienzo de color y movimiento. Tucanes, guacamayas, caracaras, gavilanes de ala rojiza, pericos y loros pintaban el aire con sus plumajes vibrantes, mientras sus graznidos orquestaban una sinfonía silvestre. Y al ir cayendo el atardecer, el magnífico ocaso no era una simple puesta de sol, éste se volvía un rito suave y paciente, donde agradecer tanto bien recibido era solo consecuencia de la majestuosidad. Los ríos, esas arterias de la tierra, parecían albergar una sabiduría que superaba cualquier conocimiento escrito por el pueblo de la villa. Eran el sustento vital, proveyendo peces durante esta temporada de lluvias, pero también hogar de criaturas legendarias. Los habitantes narraban historias de peces grandes, de pirañas, serpientes misteriosas y escorpiones. Tan así que a la entrada del rancho principal de la comunidad, el tórax de un caimán colgado se erigía como un talismán: una victoria ancestral sobre las fuerzas del río; un recordatorio de que la vida en la selva se ganaba con respeto y audacia. Pero, entre los susurros de la brisa y el murmullo constante del agua, también se escuchaba entre la gente la leyenda del “Yakumama”, una serpiente fantasmagórica que, según los relatos, raptaba a los niños, por lo que estos no podían salir de noche, y menos cuando se escuchaba aquel aterrador sonido zumbante entre la selva. Este mito local, sutilmente presente, era un eco de temores ancestrales, una advertencia de que, en la selva, lo inexplicable siempre acecha y hay que tenerle respeto; un temor que convivía con la risa de los niños (que con la tecnología ya poco creen en estas cosas) y nuestro interés notoriamente asombrado en nuestras caras.</p>
<p data-start="1558" data-end="1960">

</p>
<p class="wp-block-paragraph">El corazón de nuestra misión latió con una particular intensidad en el encuentro con la inocencia. Como mencioné anteriormente, dedicamos los últimos tres días de la misión a los niños, preparando la fiesta de San Ignacio de Loyola con actividades lúdicas, artísticas, espirituales y formativas. Nuestro tiempo con ellos requirió una grande creatividad, llevándonos a adaptar la autobiografía de Ignacio en dramas de teatro y canciones. Nada como ver la alegría infantil que se transformaba en fe; esas sonrisas, colores, plastilina y dinámicas fueron una recompensa profunda, un momento puro de gracia.</p>
<p data-start="1558" data-end="1960">

</p>
<p class="wp-block-paragraph">No obstante, no todo sucedió sin desafíos. El primero: el idioma, al ser Guyana un país angloparlante, esto nos llevó con cierto temor. Pero nada que los centroamericanos no le pongamos ganas. Esta confianza en doble vía entre las gentes y nosotros nos permitió una inmersión más gustosa. Por otro lado, el clima fue inclemente. Las lluvias torrenciales impidieron nuestras visitas programadas a Potarinau y Karasabai, dos de las comunidades que atienen nuestros compañeros jesuitas y algunas religiosas ursulinas. Sin embargo, el espíritu jesuita, siempre proclive a la adaptación, transformó esta frustración en una oportunidad para la convivencia profunda con la gente de la villa. Incluso, nos dimos a la tarea de traducir cantos y compartir el “Himno a San Ignacio” de Cristóbal Fones SJ, para que los adolescentes y jóvenes la presenten en las fiestas próximas del Santo de Loyola. Bajo la protección del rancho, entablamos diálogos sinceros con algunas señoras, pero también con algunos jóvenes conscientes de las problemáticas que les afectan a ellos en la villa: enfermedades, descuido en la educación, la violencia intrafamiliar, el alcoholismo, la influencia de las redes sociales y la sombra del suicidio… en estos momentos, el realismo mágico que podía resaltarse en la misión, era aplacado por la cruda realidad, un temor más acechante que cualquier serpiente fantasmagórica. Más allá de nuestras respuestas, el trabajo como jesuitas, como Iglesia y como hermanos en la humanidad se sostuvo en la profunda compasión y el compromiso de escuchar a la gente, especialmente a los jóvenes. Ante sus problemáticas, que a menudo nos dejaban mudos, nos aferrábamos a la certeza de que la presencia de Dios nunca nos abandona, convirtiéndose en el faro de nuestra esperanza.</p>
<p data-start="1558" data-end="1960">

</p>
<figure class="wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex">


<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" data-id="7734" class="wp-image-7734" src="https://espiritualidadsj.org/wp-content/uploads/2025/08/DSC_1153-1-1024x683.jpg" alt="" /></figure>
</figure>
<p data-start="1558" data-end="1960">

</p>
<p class="wp-block-paragraph">Es así como nuestro tiempo en Guyana trascendió más que solo el conocimiento de un país y su gente; constituyó un auténtico encuentro con el Señor en la música, la fiesta y las sonrisas, pero también en los sufrimientos y los misterios que en muchas ocasiones frustraban y debilitaban el tejido humano de las personas en la villa. Fue también un encuentro con la riqueza de la Compañía de Jesús universal, una experiencia que, en esta etapa formativa, expandió nuestras fronteras culturales y nos hizo conscientes de la gran labor de nuestros hermanos jesuitas en todo el mundo. Representó un recordatorio fiel del reto inherente a ser parte de la Compañía: mostrar a Dios en el mundo, creyendo en el servicio de la fe y la promoción de la justicia.</p>
<p data-start="1558" data-end="1960">

</p>
<p class="wp-block-paragraph">Desde nuestra perspectiva como dos compañeros jesuitas insertos en las selvas de Suramérica, en una nación quizás poco conocida, esta vivencia ha forjado una narrativa única, cargada de humanidad y encuentro con Dios. Es en la trascendencia del servicio misionero donde la riqueza humana surge del encuentro con el otro, y la importante presencia de la Iglesia en contextos de poblaciones indígenas y del cuidado de la ecología es urgente. Pero, quizás lo más conmovedor, fue que descubrimos una gran comunidad apostólica y misionera en St. Ignatius Village. Allí, Chicho y yo no solo servimos, sino que encontramos un hogar, un auténtico espacio donde el espíritu jesuita se manifestó en su forma auténtica y universal. Y ahora, de regreso, el eco de los cantos infantiles, el aleteo silencioso de las aves, y el susurro ancestral del río Kumu, y los espectáculos nocturnos de los astros, siguen resonando y posándose en nuestra memoria, portando consigo las historias y las oraciones de aquella misión en el corazón de Guyana, una huella inmaterial grabada perpetuamente en el alma para la Mayor Gloria de Dios.</p>
<p data-start="1558" data-end="1960"></p><p>La entrada <a href="https://jesuitascam.org/dos-centroamericanos-guyana/">Dos centroamericanos en el corazón de Guyana</a> se publicó primero en <a href="https://jesuitascam.org">Jesuitas en Centroamérica</a>.</p>
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		<title>#EspírituIgnacianoHoy: Vocación</title>
		<link>https://jesuitascam.org/espirituignacianohoy-vocacion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[occam]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 31 Jul 2025 22:54:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Archivo Jesuitas CAM]]></category>
		<category><![CDATA[Centroamérica]]></category>
		<category><![CDATA[Formación]]></category>
		<category><![CDATA[Jesuitas]]></category>
		<category><![CDATA[Fomación]]></category>
		<category><![CDATA[jesuitas]]></category>
		<category><![CDATA[san ignacio de loyola]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Puede el testimonio de Ignacio enseñarnos algo sobre la búsqueda...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h3 style="text-align: center;"><em><strong>¿Puede el testimonio de Ignacio enseñarnos algo sobre la búsqueda del sentido y vocación en la juventud? Conversamos con jesuitas en formación que nos comparten sus pensares sobre el sentido de la vida y la misión en #EspírituIgnacianoHoy.</strong></em></h3>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-weight: 400;">Ignacio de Loyola vivió su juventud movida por la búsqueda de fama, honor y éxito, valores muy presentes en su época y entorno. Sin embargo, su experiencia de conversión lo llevó a replantear esas aspiraciones y a descubrir un camino distinto, más profundo y auténtico.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Su tiempo en la universidad fue decisivo, porque allí no solo estudió, sino que vivió la experiencia del acompañamiento y la amistad con otros jóvenes que, como él, buscaban un sentido verdadero para sus vidas y estaban dispuestos a entregarse a una misión mayor.</span></p>
<p><b>¿Qué nos puede enseñar Ignacio sobre la búsqueda de sentido y vocación en la juventud?</b></p>
<p><strong>-Manuel Asturias, S.J., jesuita en formación, reflexiona:</strong></p>
<p>Creo profundamente que Ignacio nos enseña que la juventud no es solo una etapa o tiempo de alboroto, es realmente un tiempo sagrado para buscar respuesta a esas preguntas profundas que nos hacemos y ensanchar el horizonte de nuestras vidas con el corazón. La juventud es el tiempo del ¿para qué? y del ¿hacia dónde?. Es una etapa de búsqueda y de apertura, donde podemos atrevernos a no pensar simplemente en lo que “se espera de nosotros” sino en explorar aquello a lo que nos sentimos llamados internamente. Ignacio no encontró respuestas inmediatas ni fáciles, pero se animó a caminar, a escuchar, y, especialmente, a discernir. Descubrió que su verdadero deseo no era la fama, sino una entrega total, un amor más grande que lo llamaba.</p>
<p>Podemos ayudar siendo presencia. Acompañar a la juventud conociéndoles sin juzgar. Porque solo desde el conocimiento real del otro podemos también nosotros discernir la voz de Dios que nos llama a acompañar de modo auténtico. Como Ignacio con sus primeros compañeros, podemos crear espacios de escucha, de comunidad, donde el joven se sienta mirado con amor, y no medido únicamente por sus logros, mostrándoles que en la propia vida hay una alegría más honda que el éxito popular: la alegría de servir, de amar sin medida, de vivir con propósito. Dar esta oferta de encuentro con Dios será como entonar una melodía alegre en medio del ruido del mundo. Será esta una melodía que les ayude a descubrir “para qué han sido creados” y a vivir apasionadamente “para la Mayor Gloria de Dios”.</p>
<p><strong>-Mariano Sequeira, S.J., jesuita en formación, por su parte, cuenta:</strong></p>
<p>La cotidianidad del joven Ignacio estaba marcada por relaciones con hombres y mujeres; profesiones y actividades cuyo fundamento era el alcanzar honra, según él mismo nos confiesa en su autobiografía. Sin embargo, a partir de aquella herida de mayo de 1521, san Ignacio emprende una ruta que le obliga ir más allá de sí mismo, curiosamente, entrando en sí mismo; es decir, emprende el camino de encuentro con sus más íntimos deseos y descubre en los deseos de plenitud, servicio y entrega a Dios mismo, operando y actuando en su propia vida. A partir de ahí, lo que viene es la historia de un peregrino; la de búsquedas, atinos y desatinos, en los que, conectado con él mismo y con Dios, buscará sólo cumplir la voluntad divina.</p>
<p>¿Qué nos dice esto para el hombre y mujer de hoy? El ser humano necesita conectar consigo mismo, discernir sus más íntimos deseos y descubrir aquello a lo que Dios le invita. El hombre y la mujer de nuestra época debe primero <em>ser </em>y luego <em>hacer</em>; por más importancia que se le conceda a lo último, lo vital es descubrir quiénes somos con la certeza que nuestra relación con Dios determina lo que somos y, en consecuencia, lo que hacemos.</p>
<p>Desde lo anterior, no es baladí la actitud vital de san Ignacio con todas las actividades que emprendió después de sus 26 años. Antes de ello, eran actividades cuyo propósito era la “vana gloria”. Después de esa edad, todo cuanto hacía era para la mayor gloria y alabanza de Dios. Por ello, para san Ignacio, los estudios no eran una mera actividad del intelecto, sino una actividad de todo su ser, de quien vive desde el Espíritu todas las cosas y lo vive orientado por la fe en Jesucristo. Los estudios fueron el medio donde realizaba su más profundo ser persona y su más íntima vocación: servir a Dios por medio del servicio a los otros.</p>
<p>Ahora bien, ¿cómo ayudar a otros para descubrir su camino auténtico más allá de un simple deseo de éxito y reconocimiento? Jerónimo Nadal escribió que Ignacio no se adelantaba al Espíritu, sino que se dejaba conducir con suavidad hacia donde no sabía: “sabiamente ignorante, puesto sencillamente su corazón en Cristo.” Sirva este testimonio de Ignacio como punto de partida para quien quiere ayudar-acompañar a otro en su camino de vida. Es decir, quien ayuda a otro en sus búsquedas debe ser sensible a las indicaciones del Espíritu en su propia vida y respetar el proceso vital en el que se encuentre la otra persona en su relación con Dios, consigo mismo y con los demás. Se trata de hacer una amistad integral, de mucha hondura y calidad, participando de los sentimientos del otro y respetando su personalidad individual. Si me atrevo a parafrasear una frase importante de los Ejercicios Espirituales sería así: no el mucho aconsejar harta y satisface el alma, sino el tener el gesto y la palabra oportuna frente al otro. En este sentido, ayudar a otro a descubrir su propio camino implica, además de lo ya dicho, transmitir la propia experiencia vital, dando la palabra y gesto en el momento oportuno para alentar, destrabar, animar el proceso de búsqueda del otro. En una frase: estar enteramente presente comunicando la propia experiencia vital.</p>
<p><strong>-Sándor Espinoza, jesuita en formación, comparte:</strong></p>
<p style="margin: 12.0pt 0cm 12.0pt 0cm;"><span style="font-family: 'Arial',sans-serif; color: black;">Ignacio fue un caminante con sed de sentido, aunque al principio solo quería ser admirado, aplaudido, recordado. Soñaba con triunfos y victorias que lo pusieran en lo alto. En su época, el éxito tenía forma de espadas, batallas y aplausos de reyes. Hoy, esa misma sed se presenta de éxito rápido: el número de seguidores que marque la diferencia, el cuerpo ideal, “ser alguien” sin importar cómo, estudiar “algo que dé plata”, likes o en no quedarse atrás. A veces es presión de familia, otras, miedo a fallar. Y así, muchos caminan sonriendo por fuera, pero cargando un silencio adentro que nadie ve. Distintos tiempos, la misma búsqueda: ser alguien, que la vida valga, que alguien mire y diga “vos sí lograste algo”. Ignacio corría hacia esa cima, con el corazón lleno de ruido, hasta que una herida lo frenó en seco. Fue dura, sí, pero también una grieta por donde entró la luz. En medio de esa pausa forzada, comenzó a mirar hacia dentro y a hacerse preguntas que antes no se animaba a nombrar. Dejó de correr solo. Se rodeó de otros jóvenes que también buscaban algo más que brillar. Se sentaron juntos a compartir silencios, dudas, oración, amistad verdadera. Y ahí, sin fórmulas ni mapas, descubrieron que los caminos que de verdad valen no siempre son los más visibles, pero sí los que encienden el corazón.</span></p>
<p style="margin: 12.0pt 0cm 12.0pt 0cm;"><span style="font-family: 'Arial',sans-serif; color: black;">Ignacio nos enseña que la vocación no es un trofeo que se gana, ni un camino preestablecido, sino un acto de libertad: una decisión profunda de vivir según lo que nos late en el corazón, más allá de lo que se espera de nosotros: es una respuesta libre a ese deseo hondo que habita el espíritu, ese fuego que no se apaga aunque lo intentemos silenciar. Nos recuerda que la verdadera libertad no se encuentra en hacer solo lo que queramos, sino en escuchar el susurro del corazón y elegir, con el espíritu despierto, aquello que da sentido, sana, transforma y nos conecta con lo más profundo del amor, haciéndonos más humanos: lo que construye, cura, fortalece nuestras relaciones y nos invita a vivir con empatía, contribuyendo al bien común; para eso, también hay que soltar todo lo que impide elegir desde lo verdadero: cosas, imágenes falsas, miedos al qué dirán, incluso a personas. Acompañar a los jóvenes hoy no significa empujarlos hacia el &#8216;éxito&#8217;, sino guiarlos a detenerse, mirar hacia adentro sin miedo y reconocer sus heridas como parte de su crecimiento. Se trata de ofrecerles espacios donde puedan ser auténticos, donde puedan compartir sus miedos, esperanzas y dudas. Espacios donde el silencio, la amistad y el encuentro con otros les ayuden a escuchar su verdadero llamado. Lo más importante es darles la libertad de elegir sin miedo, sin sentirse presionados por lo que &#8216;deberían ser&#8217;. Además, es apoyarlos en el desarrollo de su capacidad crítica, en la construcción de su resiliencia ante los desafíos y en la valoración de la empatía como base para sus relaciones. También es fundamental fomentar su curiosidad, el deseo de aprender, su creatividad y la capacidad de soñar y de transformar sus ideas en acción en cualquier modo de vida que elijan (laico, vida religiosa o sacerdotal). Es ayudarles a fortalecer su sentido de pertenencia, su responsabilidad social y su conciencia sobre el impacto de sus decisiones en el entorno. En definitiva, se trata de formar seres humanos íntegros, conscientes de su potencial y dispuestos a aportar al mundo de manera auténtica y generosa. Porque cuando un joven se atreve a vivir desde ahí, desde lo que le da sentido, ya no corre por ambición: camina con propósito. Y entonces, como Ignacio, puede descubrir que su historia, tan humana y tan única, también puede transformar el mundo, su mundo más cercano.</span></p>
<p><strong>-P. Daywing Duarte, S.J., Delegado de Formación de Centroamérica, nos dice: </strong></p>
<p>Es común que lo jóvenes que se toman la vida y sus proyectos con seriedad experimenten en su interior inquietud por encontrar un sentido más profundo. Para ellos Ignacio de Loyola puede servirles como un ejemplo válido que atraviesa siglos. Fue un joven atraído por la fama, el honor y el éxito, valores magnéticos en su época. Pero también fue un joven que a los 26 años empezó a reorientar sus sueños, deseos y aspiraciones hacia ideales más generativos y transformadores.</p>
<p>Ignacio soñaba con glorias militares y títulos nobiliarios. Se entregó con pasión a acumular méritos y a ser admirado, hasta que una herida profunda en la pierna comenzó a fracturar sus convicciones. En medio de aquel dolor físico se rasgó su mundo interior: descubrió que la fama de hoy se desvanece y que el verdadero honor late en el servicio desinteresado y la compasión hacia el otro. Poco a poco fue intuyendo el sentido y la vocación de su vida, un camino auténtico que sentía lo llevaría a la plenitud y la felicidad que tanto buscada su corazón.</p>
<p>Desde esa vivencia experimentada por Ignacia todo joven puede sacar provecho para su propia vida, para hacer camino, encontrar sentido, aclarar su vocación, ser auténticos y descubrir la mejor vía para alcanzar aquello que el corazón anhela. Algunas pautas que, de la experiencia de Ignacio, a un joven en búsqueda le pueden ser de utilidad son:</p>
<ol>
<li>Reorientar los grandes sueños: Ignacio empezó soñando con fama y honor, pero al comprender que eran tan efímeros y le seguían dejando vacío descubrió que su corazón en lo profundo anhelaba algo que perdurara en el tiempo, algo de mayor valor y empezó a transformar sus aspiraciones de éxito en proyectos que lo dejaban más satisfecho y feliz.</li>
<li>Afrontar los retos con pasión: en su vida se encontró con grandes desafíos para conseguir aquello que en lo profundo de su corazón anhelaba. Tuvo que vérselas con grandes obstáculos, pero con toda su pasión y algunos medios prácticos pudo llevar a cabo lo que creía verdaderamente importante. Trabajó en potenciar sus habilidades y buscó recursos concretos para concretar sus sueños auténticos.</li>
<li>Emprender la vida como un peregrinaje: Ignacio todo el tiempo se definía a sí mismo como el peregrino, siempre en camino y dispuesto a dejarlo todo por una misión mayor. En sus viajes, en su pobreza voluntaria y en su disponibilidad radical, supo que la vida es un camino en construcción y que cada etapa revela nuevos paisajes interiores y convoca a una misión que crece con nosotros.</li>
<li>Formar comunidad de amigos: fundó un grupo de amigos basados en la experiencia compartida del amor de Dios, promoviendo libertad, afecto y proyectos en común y experimentó la fuerza liberadora de la amistad compartida en el Señor. Con otros jóvenes discierne, ríe y llora, se apoya y acompaña. Aprendió que la búsqueda de sentido sucede en comunidad, en el diálogo franco y en el compromiso mutuo con un ideal más grande.</li>
<li>Fomentar el discernimiento y la profundidad interior: para tomar decisiones sabias, Ignacio desarrolló un arte de profunda escucha interior conocido como discernimiento de espíritus que invita a reconocer los movimientos de consolación que elevan el ánimo y los de desolación que bloquean el alma, para elegir con libertad lo que más nos conduce al bien verdadero. Hoy, siguen funcionando como un entrenamiento vital para no dejarse arrastrar por modas, expectativas ajenas o por el ruido incesante de redes y comparaciones, para mantener la mirada y el corazón enfocados en aquello que es el núcleo de lo que se quiere alcanzar.</li>
<li>Educar el deseo y la vocación como proceso: también entendió que la vocación no brota de un instante de revelación, sino de un proceso donde el joven jerarquiza sus deseos y se compromete con lo duradero y constructivo. Por eso, Ignacio enseña y evidencia la importancia y el valor que tienen para un joven identificar sus motivaciones profundas, renunciar a lo efímero y descubrir dónde vibra su auténtica pasión.</li>
<li>Vivir desde la gratuidad y la gratitud: Ignacio vivía convencido que la gratitud por lo recibido y la gratuidad en el servicio son semillas de esperanza que florecen en proyectos de amor y justicia. Entonces, frente a un mundo saturado de ofertas que prometen éxito instantáneo, los jóvenes necesitan cultivar un deseo verdaderamente libre y preguntarse con honestidad ¿Qué quiero, en el fondo de mi corazón, reconocimiento fugaz o una vida que trascienda?</li>
</ol>
<p>Finalmente, si eres un joven que se toman la vida y sus proyectos con seriedad y experimentas en tu interior inquietud por encontrar un sentido más profundo te invito a caminar con Ignacio como compañero de camino, a dejar que su experiencia de vida despierte en ti la osadía de soñar no para ser aplaudido, sino para ser útil. Que tu vocación sea un faro que alumbre más allá de ti mismo y te impulse a construir un mundo donde el sentido se traduzca en acciones cotidianas de amor y de justicia.</p>
<p><strong>-Benjamín Sánchez, jesuita en formación, finalmente, piensa:</strong></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Como teólogo jesuita, se espera que acompañe en la formación de la dimensión espiritual. Este acompañamiento lo realizo desde dos áreas: primero, imparto una clase-taller sobre oración ignaciana, que tiene como objetivo que los inquietos vocacionales puedan conocer y hacer suya la espiritualidad ignaciana desde el silencio, la escucha y con una mirada en la realidad. Asimismo, un espacio de conversaciones espirituales en las que, como comunidad, comparten los retos y las consolaciones que Dios les ha ido regalando en el discernimiento vocacional. En segundo lugar, acompaño las experiencias vocacionales, como: Encuentro Arrupe, Encuentro Claver, Mochilazos y experiencias pastorales, que implican no solo acompañamiento espiritual, sino también momentos de oración, ejercicios espirituales, triduos ignacianos y pausas ignacianas.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">San Ignacio de Loyola sigue estando muy presente en mi vida como jesuita y, específicamente, en mi pastoral. La primera vez que me encontré con un libro de san Ignacio fue a los 17 años: era su autobiografía. Leer ese libro fue un regalo de Dios. A través de la vida de san Ignacio, Dios me mostró un camino para seguir a su Hijo. Era una invitación clara a ser un peregrino, un seguidor de Cristo, a recibir su Gracia y a sentirme pecador, pero a la vez perdonado. Ignacio, desde su experiencia de conversión, nos invita a seguir al Único que hace de nuestra vida una vida plena y fecunda.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La pastoral vocacional me hace regresar a las fuentes de mi experiencia vocacional y a las del mismo Ignacio, pues solo así uno reconoce que es instrumento de Dios y puede acompañar a los jóvenes en el discernimiento vocacional. Ignacio me invita a pasar por el corazón mi propia historia vocacional, ese momento en el que Dios me hizo ver desde otra perspectiva a mí mismo y a los demás. Hacerlo es recordar la experiencia de Ignacio junto al río Cardoner: «Y estando ahí sentado, se le abrieron los ojos del entendimiento; no porque viese alguna visión, sino porque entendía y conocía muchas cosas, tanto de cosas espirituales como de cosas de la fe y de letras, con una ilustración tan grande que le parecían todas nuevas». (Autob. 14).</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Ignacio reconoce que su plenitud estaba en levantar la bandera del Rey Eterno y que, para conocerlo, tenía que seguir al único capaz de mostrarnos al Padre: Jesús. Como jesuita, aprendes a ser seguidor de Cristo, a ser un peregrino «para atender principalmente a la defensa y propagación de la fe y la salvación de las almas&#8230;», tal y como se expresa en la Fórmula de nuestro Instituto. Y es esto, lo que Ignacio pide dar a conocer a quien desea formar parte de la bandera de Cristo. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La vocación, como regalo del Dios Padre y llamado del Dios Hijo, es una invitación a dar gratuitamente lo que gratuitamente he recibido. Consiste en dejarse llevar por el Espíritu, siendo un peregrino, un obrero de la mies del Señor, capaz de invitar a otros a formar parte de ella, como hizo Ignacio, que a través de su ejemplo me enseñó a ser jesuita, compañero de Jesús.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Ignacio me recuerda que mi vocación viene y va hacia Dios. Una vocación que tiene que ser peregrina y motivar a otros a seguir a Cristo y su Reino. Y, para eso, me siento invitado, como Ignacio, a ayudar a otros a discernir su llamado. Un discernimiento que se realiza desde la experiencia de Dios a través de los Ejercicios Espirituales, la vida comunitaria y una formación que comprometa al joven a servir y amar a los demás.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Mi reto como jesuita en la pastoral vocacional es vivir lo que comparto, tener una experiencia de Dios que se haga viva y brindar herramientas espirituales para que el joven discierna en diálogo con Dios. Que un joven se sienta motivado a seguir a Cristo en esta pequeña Compañía significa que su decisión discernida ha sido confirmada por Jesús, que le ha invitado a cargar con su cruz.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Por último, Ignacio me recuerda que, como jesuita, debo ser capaz de reconocer lo bueno que Dios va haciendo en los demás. Un regalo de este apostolado es reconocer cómo Dios se hace presente en la vida de estos jóvenes, cómo les consuela y les ama, y cómo les va mostrando el camino para que puedan elegir aquello que más les lleve a servir y amar a los demás. Ignacio siempre me recuerda que hay que amar esta vida, porque solo así será fructífera. Y gracias a los frutos de la experiencia de Ignacio, hoy sigo formando parte de su llamada a seguir a Cristo, mostrando el camino del servicio a Dios a otros desde mi pastoral.</span></p>
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		<title>«La vocación estar llamado a servir en algo más grande que nosotros mismos»: Gonzalo Ortiz Hahmman, S.J.</title>
		<link>https://jesuitascam.org/entrevista-gonzalo-ortiz-hahmann-sj/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[occam]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 23 Jul 2025 17:33:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<category><![CDATA[Votos del Bienio]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Conversamos con Gonzalo Ortiz Hahmann, S.J., en ocasión de sus...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h3 style="text-align: center;"><em><strong>Conversamos con Gonzalo Ortiz Hahmann, S.J., en ocasión de sus recientes Votos del Bienio en la Compañía de Jesús, sobre la vocación, el caminar en estos dos años de Compañía, las experiencias de servicio que le han marcado, la duda, el contexto centroamericano y el llamado de Dios visto desde distintas perspectivas.</strong></em></h3>
<p>&nbsp;</p>
<p>Gonzalo Ortiz Hahmann, joven escolar jesuita guatemalteco de 31 años de edad, ingresó al noviciado de la Compañía de Jesús en Centroamérica en 2023, con 29 años. Este año, en junio, Gonzalo profesó sus <strong>Votos del Bienio</strong>, lo que le incorpora oficialmente a la Compañía. A dos años de haber iniciado su camino, Gonzalo reflexiona en el llamado de Dios que surge como una propuesta totalmente opuesta a lo que él tomaba por sentado para su vida. Un llamado que, dice, surgió luego de sentirse <strong>profundamente amado por Dios en un encuentro con el Papa Francisco en la Jornada Mundial de la Juventud en 2019.</strong> En este texto, Gonzalo reflexiona en la vocación, en la duda, en el contexto centroamericano y en los saltos de fe que mueven sus acciones caminando en Compañía de Jesús.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>¿Cómo nació tu vocación?</strong></p>
<p>Mi vocación nación en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) 2019, en Panamá. O, al menos, la conciencia del <strong>llamado que Dios me hacía</strong> a la vida religiosa en la Compañía nació ahí. Yo pensaba que estaba llamado al matrimonio&#8230; Por varios años pensé así. En el encuentro con el <strong>Papa Francisco</strong>, al sentirme muy amado por Dios, sin embargo, descubrí que había sido llamado a <strong>querer entregar mi vida a ayudar a otros a conocerlo a él como yo he podido hacer. </strong>Luego me fui dando cuenta que desde muy pequeño habían señales en mi vida que podían sugerir que mi camino iba por este lado, pero yo no había sabido interpretarlas de la manera correcta.</p>
<p>Los jesuitas siempre estuvieron presentes en mi vida, desde antes de que yo fuera bautizado. Estuvieron, también, a lo largo de mi vida sacramental: bautizo, primera comunión, confirmación&#8230; Esta última la preparé en la <strong>Capilla San Ignacio en la Zona 10 de Ciudad de Guatemala</strong>. De alguna forma, entonces, siempre han estado presentes en mi vida. Volver a encontrarme con la espiritualidad de San Ignacio fue algo que vino a reafirmarme que, desde siempre, <strong>Dios me llamaba por este camino. </strong></p>
<p><strong>¿Qué significa tener vocación hoy?</strong></p>
<p>Para mí significa estar llamado a <strong>servir en algo más grande que nosotros mismos, algo que nos supera individualmente</strong>. En Centroamérica, <strong>podemos sentir que hay muchas realidades que nos superan: </strong>la injusticia, la opresión de los más necesitados, corrupción, violencia&#8230; Para mí, la vocación es sentirme llamado a colaborar con un grano de arena desde donde estemos a que estas situaciones sean un poco más llevaderas, a que vayan cambiando poco a poco aunque <strong>no siempre veamos los resultados en nuestros tiempos. </strong></p>
<p>Tener vocación no quiere decir solamente un llamado a la vida religiosa, sino, también, un llamado al matrimonio, un llamado al compromiso como laicas y laicos trabajando desde nuestros contextos. Cada aporte que podamos hacer desde donde nos sintamos llamados es territorio de colaboración para un futuro mejor: un maestro enseñando, un médico curando, están colaborando. Lo importante es tener conciencia de que <strong>hay alguien que nos llama a servir a los demás desde nuestras posibilidades. </strong></p>
<p><strong>¿Cómo ha sido tu proceso de formación, acompañamiento y, en general, la experiencia en la Compañía de Jesús hasta ahora?</strong></p>
<p>Llevo <strong>dos años </strong>en la Compañía y la experiencia de formación ha sido sumamente <strong>enriquecedora, </strong>a través de cursos y experiencias. Lo que más ha marcado el discernimiento y la manera en la que vivo mi vocación es la experiencia, y hay dos que me han marcado especialmente: <strong>el mes de hospitales</strong>, en el que compartí un mes con personas de la tercera edad y con niñas y niños con discapacidades. Acompañar, junto a las hermanas <strong>Misioneras de la Caridad, </strong>a estas personas que, en algunos casos, han sido descartadas hasta por sus propias familias fue una experiencia fuerte que me inspiró y motivó a entregarme de una manera completa a los más necesitados.</p>
<div id="attachment_20376" style="width: 776px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-20376" class="wp-image-20376" src="https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2025/07/WhatsApp-Image-2025-07-17-at-2.39.12-PM.jpeg" alt="" width="766" height="504" /><p id="caption-attachment-20376" class="wp-caption-text">Gonzalo en la experiencia de trabajo junto con las hermanas Misioneras de la Caridad. Cortesía.</p></div>
<p>La segunda: <strong>el mes de acompañamiento a personas migrantes </strong>en conjunto con <strong>Fe y Alegría Panamá. </strong>Todos somos conscientes de la migración, pero pocas veces <strong>entramos en contacto directo con quienes viven las consecuencias de este fenómeno. </strong>Fue una experiencia enriquecedora, creo que fue la que más me marcó dentro de mi tiempo en el noviciado.</p>
<p><strong>¿Cómo dialoga tu vocación con la realidad centroamericana?</strong></p>
<p>Creo, en lo personal, que uno de los desafíos para vivir la vocación jesuita en la Centroamérica actual es que, como en el resto del mundo, las sociedades parecieran ser menos religiosas. Es como si hubiera menos gente acostumbrada a dedicar su vida de lleno a Dios y a su proyecto, entonces, toca varias veces encontrarme con <strong>quienes no estamos de acuerdo con mi decisión, quienes piensan que estoy desperdiciando mi vida. </strong>Esto supone un gran reto: ver de qué manera conversar con estas sociedades un poco más cerradas a Dios en la actualidad.</p>
<p>La riqueza de vivir en nuestra región, desde Guatemala a Panamá, es enorme. En mi experiencia, compartir con las personas más sencillas de nuestros países es algo que marca la vida, algo a lo que no había podido aproximarme antes de ingresar a la Compañía. Me di cuenta de lo generoso que es nuestro territorio. Hay que saber aprovechar la riqueza cultural de nuestros pueblos. Ojalá pudiéramos hacer el esfuerzo de <strong>entrar en sus realidades, adaptar el mensaje que queremos compartir con sus modos de vida </strong>para que sea más digerible, más apegado a lo que experimentan en sus vidas.</p>
<div id="attachment_20377" style="width: 821px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-20377" class="wp-image-20377" src="https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2025/07/f9580248-8b18-4157-b536-0212352ec021.jpeg" alt="" width="811" height="614" /><p id="caption-attachment-20377" class="wp-caption-text">Gonzalo después de la Eucaristía en la que profesó sus votos del Bienio en junio de este año. Cortesía.</p></div>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>¿Qué le dirías a un joven que hoy se siente inquieto o llamado por Dios?</strong></p>
<p>Que siempre vamos a tener duda. Yo dudaba. En un momento de mi vida, me di cuenta de que <strong>nunca vamos a tener la certeza completa de algo, siempre habrá duda y vamos a tener que dar siempre un salto de fe. </strong>Hay una frase del jesuita Jerónimo Nadal sobre San Ignacio que me gusta mucho: «Ignacio seguía el espíritu, no se adelantaba. De ese modo, era conducido con suavidad a donde no sabía. Poco a poco, abría el camino y lo iba recorriendo. Sabiamente ignorante, puesto sencillamente su corazón en Cristo».</p>
<p>Este es un buen ejemplo de cómo seguir nosotros la voluntad de Dios: no adelantarnos y pretender decir lo que Dios quiere de nosotros, sino cada quién a su tiempo, escuchando su voz, dejarnos llevar por dónde Él nos vaya llevando. Así, sin duda, llegaremos, movidos por el Espíritu de Dios. Así como San Ignacio, que, de esta forma, llegó a ser <strong>el gran santo que conocemos hoy.</strong></p>
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