Ser Jesuita es…

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Perfil de un joven que quiera ser jesuita 

Correo electrónico:  vocaciones@jesuitascam.org / Descarga: Ficha para interesados a la SJ F1

1. Pasión por Dios y por su Imagen:Jesús es la imagen en el corazón mismo de cada jesuita, la única que deseamos comunicar. En un mundo que nos abruma por la multiplicidad de sensaciones, ideas e imágenes, la Compañía busca mantener viva su inspiración original. 

En ella, el candidato va descubriendo que Cristo es la única imagen de Dios y de la Humanidad y, por tanto, puede conocerse mejor a sí mismo conociendo a Cristo. “Los jesuitas saben quiénes son mirándole a Él”. Por eso, Jesús se convierte, cada vez más, en su única pasión.

2. Modo de proceder de Jesús al modo de Ignacio: el candidato se siente llamado a vivir según el modo de proceder de Ignacio, aprendiendo como él a contemplar la realidad de modo tal que, como en Manresa, “le parecían nuevas todas las cosas”, y también a recibir la gracia de seguirlo, como en La Storta, siendo “puestos con el Hijo”. 

En ese lento aprendizaje, fruto de una larga peregrinación interior, el candidato se va mostrando apto para la Compañía al descubrir y seguir las huellas de Dios en las “polaridades ignacianas”: ser-hacer, contemplación-acción, estar en el corazón de la Iglesia y en las fronteras de la realidad.

3. Vida religiosa apostólica: desea ser pobre, casto, obediente porque nuestros votos hacen posible nuestra con-formación con Jesús a la vez que hacen clara y visible nuestra disponibilidad a la llamada del Señor. 

Esta disponibilidad se expresa en formas muy variadas y por ello, como “compañeros en una misma familia”, compartimos la vocación hermanos, coadjutores espirituales, padres profesos y escolares en formación. Son gracias diferentes en el seno de un mismo cuerpo apostólico en el que los jesuitas encontramos nuestra identidad no solos sino en compañía. 

La aptitud para vivir en comunidad es clave en nuestra vocación puesto que identidad, comunidad y misión son una suerte de tríptico que arroja luz verde para entender mejor nuestro compañerismo.

4. Amor a la Iglesia: el candidato debe saber que los jesuitas estamos vinculados de un modo particular con el Papa, el Vicario de Cristo, y desea tener con él una particular relación “afectiva y efectiva” al optar por la Compañía. El cuarto voto, “nuestro principio y principal fundamento”, expresa un aspecto clave de nuestro carisma y define nuestro lugar en la Iglesia. Al mismo tiempo, es garantía de la universalidad de nuestra misión y nos dispone a servir a la Iglesia donde el Papa nos requiera.

5. Cuerpo apostólico universal: el candidato quiere formar parte de un cuerpo apostólico que es internacional e intercultural, que procede de contextos y culturas diferentes, como nunca en la historia de la Compañía. Como decía el P. Nadal, “el mundo es nuestra casa”. Aunque entra en una provincia concreta y en un país determinado, se encuentra dispuesto a ser enviado a cualquier parte del mundo, incluso desde el noviciado o en cualquier otra etapa de la formación. No se asusta con esta diversidad sino que la considera una potencial riqueza para responder mejor a un mundo globalizado.

6. Llamamiento hoy: asume también que recibe el don del llamamiento en un momento histórico particularmente difícil para el mundo y para la Iglesia, marcado por profundos cambios sociales, económicos y políticos; de acuciantes problemas éticos, culturales y medioambientales y con conflictos de todo tipo, pero también de comunicaciones más intensas entre los pueblos, de nuevas posibilidades de conocimiento y diálogo, de hondas aspiraciones a la paz. 

Se trata de situaciones que constituyen un reto importante para la Iglesia y para su capacidad de anunciar a nuestros contemporáneos la palabra de esperanza y salvación. El candidato desea asumir ese reto haciéndose testigo vivo de la buena noticia del Evangelio en ellas.

7. Misión hoy:el candidato sabe que la misión define a la Compañía y que entrarán a ella sólo aquellos jóvenes aptos para esa “misión de esperanza”, de “reconciliación”, para tender puentes e ir “hacia nuevas fronteras”. La misión no se define tanto por el lugar al que podamos ser enviados sino por el deseo de ser “transparencia de Dios” allí donde estemos. 

Debe asumir que el servicio de la fe y la promoción de la justicia, indisolublemente unidas, son el núcleo de nuestra misión y que esta opción ha cambiado la faz de la Compañía. Ella nos colocó al lado de los pobres y nos regaló recientemente la gracia del martirio. “Pecadores y, sin embargo, llamados” queremos ser en todo “servidores de la misión de Cristo”.

8. Servir en las fronteras: el candidato debe saber que va a asumir la misión de la Iglesia en las fronteras a través del diálogo y del anuncio de su fe, buscando descubrir a Jesucristo en ellas. Esas fronteras son múltiples: territoriales y, para ello, la Compañía desea priorizar China y África; apostólicas y, por ello, la CG y el Papa desean que nos destacemos en el apostolado intelectual y en el servicio a las instituciones romanas; y la frontera de la evangelización en las zonas de mayor injusticia como puede ser la que se ejerce contra refugiados, desplazados, migrantes y las víctimas del tráfico de personas en muchas partes del mundo. 

El candidato debe ser informado de esas prioridades u otras similares que la Compañía considere necesario plantear en el futuro, las acepta, asume sus dificultades y exigencias, se examina en función de ellas y desea formarse para poder aportar en su servicio.

9. Colaboración al centro de la misión: El llamado a la Compañía se orienta a la colaboración con otras y otros, en la Iglesia y fuera de ella, con todos aquellos hombres y mujeres de buena voluntad. Está dispuesto a cooperar y no a mandar, a animar e inspirar y no a administrar, a imaginar redes y formas de colaboración que dejen de lado protagonismos o voluntarismos inútiles. La colaboración en la misión es la respuesta a la situación actual.

10. Formación para la misión: finalmente, desea prepararse para una misión exigente, durante largo tiempo y con diversas probaciones, en vistas al “magis”, es decir, al servicio tal como la Compañía lo plantea hoy. Vale para el candidato lo que la CG 35 pide a los jóvenes en formación: vivir con gozo su incorporación progresiva a la Compañía reproduciendo la experiencia fecunda de los primeros compañeros de formar un grupo de amigos en el Señor y entregando sus vidas con generosidad en servicio de hombres y mujeres, especialmente de los más desfavorecidos. Esta incorporación, gozosa y fecunda, es el mejor indicador de haber encontrado su lugar en este cuerpo apostólico.

Y si algunas de las partes arriba faltasen, al menos no falte pasión por Dios y por la humanidad o deseos de ella, gusto de estar “con Cristo en el corazón del mundo” y amor a la Compañía, compuesta por hombres “débiles y frágiles” miembros todos de esta “historia colectiva” que en su centro lleva el nombre de Jesús.

Ernesto Cavassa, S.J.

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