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CANADÁ ACOGE AL EXTRANJERO

TESTIMONIO DE HOSPITALIDAD EN TIEMPOS HOSTILES

Reflexión de Norbert Piché, actual director del Servicio Jesuita para Refugiados Canadá

 

En Canadá somos afortunados. Vivimos en un país estable. La última guerra en suelo canadiense fue en el siglo XIX. En términos económicos, somos un país rico, con muchos recursos. Aunque hay pobreza, especialmente en los pueblos originarios, no está tan extendida como en otros países.

 

Pero sobre todo, somos un país de inmigrantes que reciben a otros inmigrantes. Desde los pueblos originarios que acogieron a los europeos hasta hoy, hemos demostrado que es posible acoger al extranjero. Hemos tenido nuestros periodos oscuros, pero en general, Canadá y su gente han hecho bastante buen trabajo en la acogida a los recién llegados.

 

Con el cambio de gobierno en Octubre de 2015, de nuevo fuimos capaces de demostrar que sí es posible dar la bienvenida a muchas personas que buscan refugio. El Partido Liberal de Canadá había prometido acoger 25 mil refugiados sirios. Cuando ganaron las elecciones, rapidamente se movieron para cumplir la ambiciosa promesa. Pero esto no fue solamente un esfuerzo del gobierno. En Canadá también tenemos programas de acogida o apadrinamientos privados. Grupos de personas, iglesias, organizaciones comunitarias, también pueden acoger refugiados. La población se puso manos a la obra y se organizó para recibir a mujeres y hombres sirios que estaban en Líbano, Jordania y Turquía.

 

Las personas más críticas dijeron que no era posible hacerlo. Trabajar con ACNUR (Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados) para identificar a las personas refugiadas más vulnerables, llevar a cabo los exámenes médicos, controles de seguridad… y todo esto en unos pocos meses. Pero es posible. Es una cuestión de establecer prioridades y de destinar los recursos necesarios para lograrlo.

 

Las 25 mil personas sirias llegaron al final de Febrero a Canadá, y siguen llegando. El gobierno canadiense mantiene su promesa. ¡Bravo! Bravo a toda esa gente que contribuyó a este esfuerzo colectivo. Aunque puede parecer algo pequeño al compararlo con los 4.5 millones de personas sirias que se han refugiado en Turquía, Líbano y Jordania, son 25 mil personas menos viviendo una situación de miedo y calamidad. Imaginémonos si cada país « rico » en el mundo asumiera su parte.

 

Yo tengo relación con personas que atienden refugiados en los países vecinos a Siria. Una de estas personas, Hady, me contó que cuando informó a una familia que había un grupo en Canadá listo para acogerlos, una amplia sonrisa iluminó la cara de los hijos. Al ver a estos niños sonreir, Hady rompió a llorar. Me puedo imaginar sus caras radiantes, llenos de esperanza y llenos de tanta vida.

 

¿No es a través de las caras de esperanza de estos niños que la oración de San Francisco de Asís toma vida: « donde haya desesperación, ponga yo esperanza » ? Y esto se ha vivido 25.000 veces. No es poca cosa.

 

Sin embargo, la oración de San Francisco va más allá. Para ser un instrumento de paz, hay que sembrar amor; donde hay odio, perdón; donde haya ofensa, la unidad; donde hay discordia, la verdad; donde hay error, etc. Tenemos mucho trabajo por hacer ¡Hay tantos conflictos en el mundo!

 

 

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