Proyecto Apostólico Común

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CPAL Proyecto Apostólico Común 2011-2020

 

“Desde aquí no vemos ninguna frontera, pero los pueblos combaten entre sí” le dijo uno de los astronautas del  ́Endeavour` al Papa Benedicto XVI en una conversación inédita que éste sostuvo el 21 de mayo pasado con los miembros de la misión internacional de la estación espacial. Algo parecido había expresado el P. Arrupe en una conocida anécdota: “En mi habitación – decía – tengo una fotografía de la tierra tomada durante un vuelo espacial. Me la ha regalado el astronauta Lowell. Tiene una increíble nitidez de contornos y me recuerda a menudo que necesitamos ambas cosas. Necesitamos una visión clara de los problemas locales y necesitamos asimismo encuadrar estos problemas en una visión universal. Estoy convencido de que sólo esta visión tiene realmente futuro” (El futuro de la Iglesia, 1970).

En esta visión de futuro se encuadra también el texto que ahora presentamos: “Corresponsables en la misión”, fruto del trabajo de muchas personas a la largo de los dos últimos años. Por ello, el texto comienza con una palabra de gratitud. La Conferencia de Provinciales, al presentar el texto, aprobado por el P. General, devuelve y re-envía lo que recibió de muchos interlocutores: las comunidades y obras de las Provincias y Regiones, que respondieron a la consulta solicitada el 2009; las redes y sectores interprovinciales que dieron su parecer en diferentes momentos; el Seminario de Corrêas que reunió por primera vez, en enero del 2010, a los responsables de las instancias interprovinciales de la CPAL; el equipo ejecutivo que organizó el material y elaboró los documentos de trabajo necesarios para la redacción final.

Como dice el texto, lo que más nos ha animado en este diálogo son “las grandes convergencias que hemos constatado en el cuerpo apostólico de la región”. El Proyecto Apostólico Común (PAC) es la expresión de esas convergencias. En diversas Asambleas (Quito y San Miguel 2009, Guatemala y Limpio 2010 y San Juan 2011) la Conferencia ha ido recogiendo estos consensos y elaborando el texto que ahora se presenta para su estudio, asimilación y generación de nuevos procesos en todo el continente. Está dirigido a todos nuestros compañeros jesuitas y a nuestros colaboradores laicos y religiosos, en la convicción de que estamos conjuntamente llamados, desde la espiritualidad ignaciana, a manifestar la vida de Dios en medio de nuestra historia, en comunión con toda la Iglesia, discípula y misionera, en América Latina y el Caribe.

El PAC ha aprendido, en su proceso y en la redacción del texto, de otras experiencias de planificación ya realizadas anteriormente, tanto a nivel de las Provincias y Regiones (cuyos planes fueron consultados), como a nivel interprovincial.

El precedente más importante fue el “Principio y Horizonte de nuestra misión en América Latina” (Lima, 2002), que nos animó a “asumir la universalidad de nuestra misión” (nº 9) multiplicando así “la fuerza de nuestro impacto a través de una unión más profunda que ya se va gestando entre nosotros” (nº 11). El texto actual continúa la senda abierta por este documento fundacional, abonada por la experiencia demás de una década de caminata conjunta como Conferencia y de dos eventos claves: la V Conferencia del CELAM en Aparecida (2007) y la Congregación General 35 (2008).

Precisamente, el PAC responde a un mandato de la CG 35 que solicita a las Conferencias “continuar haciendo la planificación apostólica a nivel interprovincial” (d. 5, nº 18). Este mandato supone que la planificación es un elemento constitutivo de la gestión responsable de la acción apostólica.

La tarea de evaluar lo realizado, ubicar los retos principales, proponerse objetivos, priorizarlos, perfilar una identidad corporativa, delinear metas a conseguir, indicadores y plazos para conferir resultados forma parte de una sana vida institucional. En términos ignacianos, el PAC nos sitúa como cuerpo apostólico ante la consideración de “adónde voy y a qué” [EE 239], asumiendo la complejidad de la situación actual y la necesidad, por ello mismo, de no “distraerse” por la seducción de lo que ya se hace y se hace bien. La planificación implica priorización, teniendo muchas veces que optar entre dos bienes. A ello apunta el PAC.

¿Es posible una planificación a nivel inter y supra provincial? Y si fuera el caso, ¿cómo se relaciona con los planes apostólicos de Provincias y Regiones y con los planes estratégicos de las redes y obras apostólicas interprovinciales? El proceso nos ha mostrado que la tarea no sólo era posible sino, además, necesaria. Sólo desde una visión global pueden detectarse los lugares más débiles y vulnerables que requieren, por ello, mayor atención. Únicamente desde una perspectiva mayor puede percibirse la necesidad de crecer en conciencia y solidaridad latinoamericanas o de realizar conjuntamente tareas que, de otro modo, serían inviables. Una planificación, pues, a nivel interprovincial no ignora ni prescinde de los planes que se realizan en otras instancias; por el contrario, se enriquece con ellos y a su vez los enriquece, al mismo tiempo que hace crecer la conciencia de una misión común.

El éxito del PAC dependerá de nuestra capacidad de actuar como un único cuerpo apostólico en vistas a esa misión común. Sigue aún pendiente el desafío planteado por el P. Peter-Hans Kolvenbach: “no sacamos partido de todas las posibilidades que tenemos por el hecho de ser un cuerpo apostólico internacional” (Congregación de Provinciales, 1990). Por ello, el PAC se propone como un “proyecto común de carácter transversal”: “la fecundidad de nuestro servicio –dice- dependerá, en buena medida, de la capacidad que tengamos para articular y colaborar entre las diferentes instancias apostólicas existentes en cada una de las Provincias y Regiones como a nivel de América Latina y el Caribe”. Se trata de generar sinergias a nivel global y local, de acuerdo a dos “indicadores” clave: incrementar el impacto de nuestras acciones y crecer como un único cuerpo apostólico. Es decir, “una nueva misión, un nuevo cuerpo” como reza la oración final.

Se trata, pues, de un proyecto que vincula de modo particular a los sectores, redes y obras inter y supra provinciales, que inspira los planes apostólicos de las Provincias y Regiones y que motiva a todos nuestros colaboradores, religiosos y laicos, a participar en él desde la misión específica de cada institución. El proyecto es común porque está orientado a movilizar los corazones y las mentes de todos los que compartimos el espíritu ignaciano en América Latina: jesuitas, colaboradores y asociaciones laicales. Por eso el PAC se denomina “Corresponsables en la Misión”.

¿Es conveniente plantearse un horizonte de diez años para el PAC, dado el ritmo acelerado de los cambios en América Latina? Esa misma dinámica y la imprevisión de los acontecimientos, ¿no pueden volverlo obsoleto en poco tiempo? Sí, ciertamente, si el resultado de la planificación se asume como algo inflexible y acabado. Por el contrario, nuestro proyecto se propone como una hoja de ruta sujeta a permanente evaluación y eventuales actualizaciones, según el espíritu ignaciano de estar atentos a las circunstancias de personas, tiempos y lugares (cfr. Constituciones 211, 629, 746…). Para ello, el PAC prevé la creación de una unidad de coordinación y seguimiento, en interlocución con los diversos actores que llevan a cabo la misión en el continente, a partir de su publicación, difusión y asimilación.

Invito a todos a una lectura atenta del documento que se presenta. Una lectura que debe ser integral (de todo el texto, siguiendo su secuencia), crítica (capaz de detectar lagunas, establecer comparaciones, imaginar añadidos y complementos), orante (para conectar con la experiencia de Dios y de unión de ánimos presente en el texto), práctica (inspiradora de iniciativas y proyectos que concreten las líneas de acción en todos los niveles de nuestra vida apostólica) y colectiva (movilizadora y generadora de cuerpo apostólico).

De ser así, puede provocar la conversión que nos haga salir del “propio, amor, querer e interés” [EE 189] y nos lleve, como se dice en el documento, a “despojarnos de las ataduras que impiden nuestra libertad”, dedicándonos “exclusivamente a lo que Dios ama y a aquéllos que son objeto del especial cuidado de Dios” (CG 35, d.4, n.12).

He ahí el reto.

Ernesto Cavassa, SJ

 

31 de julio de 2011

 

Fiesta de San Ignacio de Loyola

 

Descargar el Proyecto Apostólico Común: CPAL PAC 2011-2020

 

 

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