P. Miguel Goenaga, SJ

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El Padre Miguel Ángel Goenaga, S.J. nació en San Sebastián, España, el 10 de diciembre de 1909.  Los nacidos en San Sebastián, ciudad llamada también Donosti y la Bella Easo, se glorían de haber heredado la elegancia, suavidad,  pulcritud y alcurnia de esa veraniega y musical ciudad, bordeada por su maravillosa playa de La Concha.  El P. Miguel, desde niño desarrollo, en esa ciudad, su típico carácter suave, elegante, culto, delicado y transparente.

Después de graduarse de Bachiller, hizo dos años de Ingeniería Industrial y logró ser admitido en la muy exigente y selectiva Escuela de Ingenieros de Bilbao.

Ingresó al noviciado de Loyola el 30 de octubre de 1928, con 19 años, siendo su Ángel, el P. Pedro Arrupe.  Hhizo también en Loyola, sus primeros votos el 1 de noviembre de 1930.  Ese mismo año, al ser expulsada de España, la Compañía de Jesús, Miguel fue destinado a Bélgica donde hizo su juniorado de 3 años en la Ciudad de Tournai (1930-1933) y estudió Filosofía en Marneffe (1933-1935)

Volvió a España en 1936, el año en que comenzó la Guerra Civil, para hacer su Magisterio, primero en el Seminario Menor de  Durango, y a continuación, en el Colegio de San Sebastián.  (1936-1939)

Sus cuatro años de estudios teológicos los hizo en Oña, Burgos.  Con la idea de que fuera destinado al  Seminario Mayor de San José de la Montaña de El Salvador, el P. Miguel, junto con el P. Platero y otros, se doctoró en Teología en 2 años más de estudio en Oña.

Después de ordenarse Sacerdote, hizo su Tercera Probación en Gandía, y sus últimos votos de Profeso (1945-1946).

Su primer destino apostólico, después de su larga formación, fue la Apostólica de Javier, como Sub-prefecto de Disciplina y Profesor de Matemática y Química (1944-1946).

Ya formado, Miguel vino a Centroamérica en el año 1946, destinado al Colegio Centroamérica de Granada, Nicaragua, como Profesor de Matemática.

Al  año siguiente, fue enviado al Seminario de San José de la Montaña de San Salvador, donde pasó 22 años (1947-1962), allí realizó con gran responsabilidad diversas actividades académicas y administrativas: fue profesor de Cuestiones Científicas relacionadas con la Filosofía, enseñó Matemáticas generales, y además Historia de la Filosofía.  Siguiendo  la tradición de los grandes teólogos Jesuitas, dio Catecismo en la barriada de Antiguo Cuscatlán, cercana al seminario.  El rector le encomendó también el cargo de ecónomo.

En 1972, lo vemos en la Merced de Guatemala, donde ha continuado hasta 2008, año en que fue trasladado a la Enfermería de la Comunidad del Liceo Javier.  Los cuatro primeros años en Guatemala enseñó Ciencias y Matemáticas en el Colegio Loyola.

Miguel, ejemplo admirable de donostiarra y de jesuita auténtico; se distingue por su continua paz, su conformidad y paciencia en sobrellevar los achaques de la edad, su espiritualidad profunda y amabilidad.  Es el enfermo ideal para sus cuidadores y enfermeros.  Miguel sentía  una gran ilusión en llegar, desde su silla de ruedas, a la meta ya cumplida de sus 100 años de vida generosa, fecunda.  Todavía conserva milagrosamente una gran lucidez mental, lo que permite relacionarse con todos, fácil y gozosamente.

Murio el domingo 8 de diciembre de 2012 a la edad de 102 en la Enfermería del Liceo Javier tras unos días con problemas respiratorios. 

Texto elaborado por el P. Luis Achaerandio SJ

* Más información sobre su fallecimiento:  http://jesuitascam.org/sensible-fallecimiento-p-miguel-goenaga-s-j/

es.pdf24.org    Enviar artículo en formato PDF   

One Response to P. Miguel Goenaga, SJ

  1. Daniel Rivas Alvarado dice:

    Esta mañana,  me puse a curiosear en la web y por primera vez entré a la página de los jesuitas en centroamerica. Me encontré con la noticia de que el padre Goenaga había muerto. El fue mi profesor en el seminario menor y lo recuerdo con mucho aprecio y cariño. He leído los comentarios que han escrito sobre él y es exactamente lo que yo recordaba del padre Guoenaga. Más de alguna vez pregunté por el padre a otros jesuitas y me contaban que estaba vivo todavía. Yo tuve la suerte de conocerle y no se me olvida lo dulce y educado de aquel hombre santo. Que viva feliz en eternidad.

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