San José Pignatelli

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San José Pignatelli

(Fiesta:14/11)

José Pignatelli (José Pignatelli, 1737-1811) había nacido en un palacio, pero lo veneramos por haber dado orientación y apoyo a los jesuitas durante los durísimos años en que la Compañía de Jesús estuvo suprimida. Tanto su padre italiano como su madre española descendían de familias nobles y Pignatelli nació en el palacio familiar de Zaragoza, España. Cuando falleció su madre en 1743, su padre trasladó la familia a Nápoles. Cuatro años después moría también el padre.

Pignatelli volvió a Zaragoza en 1749 para estudiar en el colegio de los jesuitas de su ciudad natal, y vivió con la comunidad. El 8 de mayo de 1753 entró en el noviciado de Tarragona, siguiendo después el itinerario normal de formación, estudiando filosofía y teología. Fue ordenado sacerdote la semana anterior a Navidad de 1762 y pasó los cuatro años y medio siguientes en Zaragoza haciendo apostolados humildes: enseñando gramática a los niños, visitando la cárcel de la ciudad, y atendiendo a los prisioneros y condenados a muerte.

Pignatelli había abandonado la vida privilegiada de Grande de España por la sencilla rutina de un profesor jesuita, pero todo cambió súbitamente el 3 de abril de 1767, cuando el rey Carlos III expulsó a los jesuitas de sus reinos y confiscó sus propiedades. Cinco mil jesuitas lo perdieron todo y de un día para otro quedaron en la calle. Pignatelli podría haber hecho valer los privilegios de clase para quedarse en España, pero prefirió acompañar al exilio a sus hermanos jesuitas. El anciano rector de Zaragoza, delegó sabiamente su autoridad en aquel joven sacerdote. Cuando los jesuitas de Zaragoza llegaron a Tarragona, encontraron otros jesuitas a la espera de ser deportados, entre ellos al provincial, que delegó también su autoridad en Pignatelli, convirtiéndole en superior religioso de unos 600 jesuitas.

Un convoy de 13 naves dejó España llevando al exilio italiano a los jesuitas, pero no se les permitió desembarcar en Civitavecchia, en la costa occidental de Italia, ni en el puerto de Bastia de la isla de Córcega. Arribaron por fin a Bonifacio, en el extremo sur de Córcega, lugar que tuvieron que abandonar un año después cuando Francia compró la isla a Génova en septiembre de 1768. Amontonaron a los jesuitas en barcos y les llevaron a Génova, iniciando así una marcha de 300 millas hasta Ferrara en los Estados Pontificios. Para los jesuitas ancianos o de mala salud el camino fue muy duro; todos acabaron exhaustos.

Los exiliados encontraron acogida en Ferrara gracias a la amabilidad de un primo de Pignatelli y futuro cardenal, Monseñor Francisco Pignatelli. Pero la situación era muy inestable, ya que las monarquías europeas seguían presionando al papa Clemente XIII para que suprimiese la Compañía de Jesús. Éste se resistía, pero su sucesor, Clemente XIV acabó por ceder, y el 21 de julio de 1773 decretó la disolución de la Compañía de Jesús con su breve Dominus ac Redemptor noster. Pignatelli y otros 23.000 jesuitas pasaron sin más a ser ex-jesuitas, libres de sus votos. Los sacerdotes seguían siendo sacerdotes, pero los hermanos y los escolares quedaban como laicos.

Pignatelli se trasladó a Bolonia, y durante los próximos 24 años se mantendría en contacto con sus hermanos dispersos. Adoptó una actitud activa escribiendo al provincial de la Compañía en la Rusia Blanca (hoy Bielorrusia) y pidiéndole la readmisión. Catalina la Grande de Rusia había prohibido que se promulgase el breve papal de supresión en sus territorios, de modo que los jesuitas de Rusia Blanca siguieron existiendo sin interrupción. Fernando, duque de Parma, deseaba también tener a los jesuitas en sus estados e inició negociaciones con los jesuitas de la Rusia Blanca. En 1793 llegaban tres jesuitas a su ducado para abrir una comunidad. Pignatelli se asoció con el grupo. Por fin, el 6 de julio de 1797 hacía los votos religiosos. Dos años más tarde era maestro de novicios en Colorno, único noviciado de la Compañía en ese momento en toda Europa occidental. El 7 de mayo de 1803 el superior de Rusia le nombra provincial de Italia.

Pero a este prometedor comienzo siguieron años agitados. Cuando las tropas francesas ocuparon Parma en 1804, los jesuitas marcharon al exilio a Nápoles, pues Pío VII había restaurado al Compañía, con un breve especial de 30 de julio de 1804, en el Reino de las Dos Sicilias. Muchos antiguos jesuitas acudieron allí para volver a la Compañía. Pignatelli disfrutó de la hospitalidad napolitana sólo durante dos años, hasta que José Bonaparte invadió el país y obligó a los jesuitas no nativos a abandonarlo. Emigraron hasta Roma, donde Pío VII les recibió con los brazos abiertos; abrieron una comunidad en S. Pantaleón, cerca del Coliseo, y pronto un noviciado en Orvieto.

Pignatelli llevaba 40 años en el exilio cuando llegó a Roma, siempre acariciando la esperanza de que llegara la total restauración de la Compañía, pero resignado al hecho de no verla en vida. Sus últimos dos años fueron de un continuo debilitarse, siempre con hemorragias, probablemente provocadas por úlceras de estómago. El mes de octubre de 1881 lo pasó ya en cama. Falleció en paz el 15 de noviembre, tres años antes de que Pío VII restaurase la Compañía.

Originalmente compilado y editado por: Tom Rochford, SJ
Traducción: Luis López-Yarto, SJ

Fuente: Curia SJ Roma

http://www.sjweb.info/saintsBio.cfm?SaintID=319

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